Vi­vir en el es­pa­cio

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En el ci­ne has vis­to pe­lí­cu­las so­bre as­tro­nau­tas y sus aven­tu­ras en el es­pa­cio. Pe­ro po­cos co­no­cen lo que le ocu­rre en el cuer­po hu­mano al sa­lir de la Tie­rra y en­trar en con­tac­to con el es­pa­cio don­de no hay gra­ve­dad.

Pe­ro, ¿qué ha­ce en reali­dad la gra­ve­dad?

La gra­ve­dad ejer­ce so­bre nues­tro cuer­po una fuer­za que nos da pe­so, nos man­tie­ne pe­ga­dos al sue­lo y ti­ra de los flui­dos cor­po­ra­les ha­cia aba­jo. En el es­pa­cio, los as­tro­nau­tas pier­den el equi­li­brio , se ma­rean y pier­den el ape­ti­to.

Otros cam­bios del cuer­po en el es­pa­cio: 1

Columna más alar­ga Los as­tro­nau­tas son más al­tos en el es­pa­cio que en la Tie­rra. La gra­ve­dad man­tie­ne jun­tas las vér­te­bras, que son los hue­sos de la columna. Pe­ro, al lle­gar a la Tie­rra re­cu­pe­ra su es­ta­tu­ra real.

2

Hue­sos dé­bi­les Los hue­sos se de­bi­li­tan por­que ya no car­gan el pe­so del cuer­po. En el es­pa­cio el cal­cio de los hue­sos se di­suel­ve en la san­gre, ha­cién­do­los más frá­gi­les. Al re­gre­sar a la Tie­rra po­dría te­ner frac­tu­ras.

3

Múscu­los dé­bi­les Sin la fuer­za de gra­ve­dad los múscu­los se vuel­ven más pe­que­ños y dé­bi­les. Los más afec­ta­dos son los múscu­los de las pier­nas que al no car­gar el pe­so de nues­tro cuer­po se vuel­ven de me­nor ta­ma­ño.

4

El co­ra­zón se en­co­ge En la Tie­rra, el co­ra­zón bom­bea san­gre con­tra la gra­ve­dad. En el es­pa­cio tie­ne me­nos tra­ba­jo por eso se en­co­ge. Tam­bién es más len­to y bom­bea me­nos san­gre en ca­da la­ti­do.

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