RE­NE­GO­CIA­CIÓN DEL TLCAN

La fra­se esa de Ame­ri­ca first no se de­be de apli­car en un tra­ta­do tri­par­ti­ta, ade­más de que el aná­li­sis de los estadounidenses es de­ma­sia­do sim­plis­ta y muy par­cial.

Milenio - Mercados Milenio - - PULSO DE INVERSIÓN - MA­NUEL SO­MO­ZA

La pri­me­ra reunión tri­par­ti­ta pa­ra re­ne­go­ciar el Tra­ta­do de Li­bre Co­mer­cio de Amé­ri­ca del Nor­te (TLCAN) em­pe­zó el 16 de agos­to, y en ella que­dó cla­ra có­mo las pos­tu­ras de Mé­xi­co y Ca­na­dá di­fie­ren de la po­si­ción es­ta­dou­ni­den­se. Mien­tras no­so­tros y Ca­na­dá apos­ta­mos por la mo­der­ni­za­ción y en­gran­de­ci­mien­to de lo que de­be ser el nue­vo tra­ta­do, Es­ta­dos Uni­dos ( EU), en for­ma agre­si­va, de­fi­nió sus prio­ri­da­des en dos áreas; re­cu­pe­rar los 700,000 em­pleos que se per­die­ron en su país en los úl­ti­mos 23 años por es­te tra­ta­do co­mer­cial, y ha­cer los cam­bios ne­ce­sa­rios pa­ra dis­mi­nuir y eli­mi­nar el dé­fi­cit co­mer­cial que tie­nen con Mé­xi­co por cer­ca de 70,000 mi­llo­nes de dó­la­res (mdd).

El ne­go­cia­dor de EU, el se­ñor Ro­bert Light­hi­zer, omi­tió men­cio­nar que la ma­yo­ría de esos em­pleos per­di­dos son con­se­cuen­cia de los cam­bios tec­no­ló­gi­cos y la au­to­ma­ti­za­ción, cau­sas que han dis­mi­nui­do la crea­ción de em­pleos en ese país des­de los años 1950 y que ade­más su país, hoy en día, es más una eco­no­mía de ser­vi­cios que una eco­no­mía in­dus­trial. Tam­po­co re­co­no­ce que gra­cias a es­te tra­ta­do co­mer­cial se han ge­ne­ra­do en su país 3.5 mi­llo­nes de em­pleos, lo cual es cin­co ve­ces más que los em­pleos per­di­dos.

Lo que preo­cu­pa es que so­lo bus­quen esos ob­je­ti­vos en lu­gar de en­con­trar fór­mu­las que be­ne­fi­cien a los tres paí­ses.

La fra­se esa de Ame­ri­ca first no se de­be de apli­car en un tra­ta­do tri­par­ti­ta, don­de lo que se de­be de bus­car es que las tres na­cio­nes sal­gan be­ne­fi­cia­das, pe­ro en el aná­li­sis ob­je­ti­vo de to­do el es­pec­tro que im­pac­ta la ac­ti­vi­dad co­mer­cial y no so­lo en los em­pleos que se ga­nen o se pier­dan o en los su­pe­rá­vits o dé­fi­cits que ge­ne­ra. El aná­li­sis de los estadounidenses es de­ma­sia­do sim­plis­ta y muy par­cial.

La pri­me­ra ron­da de la re­ne­go­cia­ción ter­mi­nó ayer, y ya ve­re­mos qué in­for­ma­ción se fil­tra des­pués de tan des­afor­tu­na­do co­mien­zo.

Los mer­ca­dos es­ta­rán aten­tos a cual­quier no­ti­cia. Pa­re­ce ser que por ne­go­cia­ción de los tres paí­ses la in­for­ma­ción ha­cia afue­ra se­rá muy li­mi­ta­da, lo cual no me pa­re­ce bue­na idea, por­que las no­ti­cias si no son ofi­cia­les, de­jan abier­to un gran es­pa­cio pa­ra la es­pe­cu­la­ción. Siem­pre es me­jor te­ner in­for­ma­ción fi­de­dig­na de las fuen­tes ofi­cia­les y no sa­car la in­for­ma­ción de ru­mo­res bien o mal in­ten­cio­na­dos.

MA­NUEL SO­MO­ZA Pre­si­den­te Es­tra­te­gias de CI Ban­co por So­mo­za Mu­si.

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