“NUN­CA VÍ UNA TE­LE­NO­VE­LA COM­PLE­TA, PE­RO ME GUS­TA­BAN”

Gi­se­lle Gon­zá­lez, quien a par­tir de ma­ña­na pon­drá a prue­ba su melodrama Cae­ren ten­ta­ción, ha­bla de lo di­fí­cil que ha si­do abrir­se pa­so en la in­dus­tria por abor­dar te­má­ti­cas fuer­tes, de la com­pe­ten­cia y de su de­fen­sa del gé­ne­ro

Milenio Puebla - - ¡hey! -

El he­cho de que es­te lu­nes arran­que su nue­vo melodrama, Cae­ren­ten­ta­ción por ca­nal 2, tie­ne muy ocu­pa­da a Gi­se­lle Gon­zá­lez en to­dos los de­ta­lles pa­ra al­can­zar la per­fec­ción y, por en­de, en­tre­gar un “ex­ce­len­te pro­duc­to a la au­dien­cia”; ob­via­men­te los ner­vios y los sen­ti­mien­tos se con­tra­po­nen, pe­ro la ilu­sión por ha­blar de su nue­vo pro­duc­to se per­ci­ben en ca­da una de sus res­pues­tas.

Es ca­si me­dio­día cuan­do atien­de la en­tre­vis­ta en la que, po­co a po­co, el ner­vio­sis­mo que re­co­no­ce se ami­no­ra y lo mis­mo le ha­ce re­co­no­cer que no ha si­do fá­cil que acep­ten rea­li­zar his­to­rias con te­mas reales y fuer­tes en Te­le­vi­sa, así co­mo el apo­yo que le ha da­do Rosy Ocam­po pa­ra su nue­vo melodrama, e in­clu­so com­par­tir que fue su abue­la la que la in­tro­du­jo en el mun­do de las te­le­no­ve­las.

¿Có­mo te sien­tes an­te el es­treno de tu nue­va te­le­no­ve­la? Con­ten­ta, ner­vio­sa, to­do a la vez, siem­pre an­tes de un es­treno es una emo­ción por­que no sa­bes qué es lo que va a su­ce­der. Tra­tas de poner lo me­jor de tu parte, pe­ro es­ta­mos en ma­nos del pú­bli­co y es­pe­ran­do que sea­mos de su agra­do.

¿Cuá­les son los ele­men­tos que has reuni­do pa­ra lo­grar tu ob­je­ti­vo, que la gen­te vea tu his­to­ria? To­ca­mos una his­to­ria muy co­ti­dia­na, con un te­ma fuer­te y ac­tual, co­mo la in­fi­de­li­dad, pe­ro no con la pre­sen­cia de un vi­llano. La­men­ta­ble­men­te o afor­tu­na­da­men­te a ve­ces se apa­re­ce una per­so­na en tu vi­da, y es al­go que no po­de­mos con­tro­lar, y en ti es­tá si te en­tre­gas o no. Y tú de­ci­di­rás qué pier­des o qué ga­nas al en­tre­gar­te a esa per­so­na. Es­te es el ca­so de Ca­ro­li­na y Da­mián, in­ter­pre­ta­dos por Adria­na Lou­vier y Ga­briel So­to, dos per­so­nas que se co­no­cen y des­de el pri­mer mo­men­to hay una atrac­ción y una em­pa­tía muy fuer­te. Pe­ro ellos es­tán ca­sa­dos y en sus ma­tri­mo­nios apa­ren­te­men­te to­do es­tá bien.

¿Qué te hi­zo abor­dar es­ta pro­ble­má­ti­ca en tu pro­duc­ción? Siem­pre me han gus­ta­do los te­mas reales, yo res­pe­to mu­cho el melodrama tra­di­cio­nal, y res­pe­to a las per­so­nas que lo ha­cen y lo sa­ben ha­cer; pe­ro el ti­po de his­to­rias que a mí me lle­nan, que me con­ven­cen, que me gus­ta con­tar, son las his­to­rias co­ti­dia­nas, las his­to­rias que yo vi­vo, que vi­ven las per­so­nas que es­tán a mi la­do, las que yo co­noz­co por­que son hu­ma­nos, son de car­ne y hue­so y por­que pa­ra mí es más fá­cil ha­cer­las cre­cer en pan­ta­lla. Ha­cen que me emo­cio­né y que gi­re mi ima­gi­na­ción y que eche más de mi co­se­cha de lo que es­tá; en­ton­ces en es­ta his­to­ria ( Caer en

ten­ta­ción) hay una muy bue­na ba­se con el li­bre­to que te­ne­mos y con la adap­ta­ción que se es­tá ha­cien­do de Leo­nar­do Be­chi­ni y vas ya pen­san­do en los ros­tros y eso me emo­cio­na.

En las his­to­rias ( Pa­ra­vol­ver

amar,La­can­di­da­ta...) que has pro­du­ci­do he­mos vis­to gol­pes a las mu­je­res, mal­tra­to, te­má­ti­cas reales, pe­ro que era di­fí­cil ver en la te­le­vi­sión, ¿qué ha­ces pa­ra con­ven­cer a la gen­te de Te­le­vi­sa de lle­var­las a la pan­ta­lla? Yo creo que es por­que creo en los pro­yec­tos que es­toy pre­sen­tan­do, y te­nien­do un buen li­bre­to. Cuan­do pre­sen­tó el pro­yec­to con la emo­ción que lo pla­ti­co y es eso, creer en lo que uno ha­ce. Y pa­ra mí eso es lo que el pú­bli­co es­tá es­pe­ran­do.

Y sí, cuan­do tu­ve la opor­tu­ni­dad de pre­sen­tar el pro­yec­to de Pa­ra

vol­ver amar, fue un pro­yec­to di­fí­cil por­que me de­cían: ‘Pues no, no es lo que la gen­te quie­re ver’. Y yo les de­cía: ‘Den­me la opor­tu­ni­dad, por­que yo sal­go a la ca­lle y pla­ti­co de es­tos te­mas y la gen­te es­tá ávi­da de que con­te­mos es­tas his­to­rias’. In­clu­so hi­ce una in­ves­ti­ga­ción, don­de eran te­mas que la gen­te que­ría es­cu­char. Y con la ayu­da de In­mu­je­res hi­ci­mos es­te es­tu­dio y fue al­go ma­ra­vi­llo­so, por­que la his­to­ria de los per­so­na­jes que ha­cían Bár­ba­ra y su es­po­so, que in­ter­pre­ta­ban Alejandra Ba­rros y Juan Carlos Ba­rre­to, fue una de las his­to­rias que más im­pac­to. La gen­te me de­cía: ‘Eso es lo que es­toy vi­vien­do’, y la­men­ta­ble­men­te es un pro­ble­ma que mu­chas mu­je­res no van a gri­tar a los cua­tro vien­tos, por­que es al­go que te cau­sa do­lor, que te cau­sa ver­güen­za, pe­ro que tam­bién hay que ex­po­ner­lo por­que ya es mo­men­to de de­cir bas­ta, por­que si se pue­de cam­biar y to­do mun­do es­tá en su de­re­cho de cam­biar las co­sas.

Por­que to­do mun­do pue­de ha­cer una de­nun­cia y hay per­so­nas que te pue­den ayu­dar, en­ton­ces si po­ne­mos un gra­ni­to de are­na, pues nos sa­tis­fa­ce.

Pe­ro no fue fá­cil que te di­je­ran sí ¿no...? ¡Ah¡ No. Ha si­do muy, muy di­fí­cil pa­ra mí, la ver­dad to­da mi tra­yec­to­ria ha si­do muy di­fí­cil, pe­ro creo que cuan­do tan­to te cues­tan las co­sas es cuan­do más dis­fru­tas ya cuan­do es una reali­dad. Sí, sí me ha cos­ta­do mu­chí­si­mo por­que es con­ven­cer a un gru­po de eje­cu­ti­vos de que tie­nes una lí­nea, y ha fun­cio­na­do.

¿Qué te ha mo­ti­va­do a ser per­se­ve­ran­te en una em­pre­sa don­de el área de pro­duc­ción es­ta­ba con­tro­la­da por hom­bres?

El que per­se­ve­ra al­can­za, nun­ca de­je de creer en mí. Y sí, sí fue­ron tiem­pos muy di­fí­ci­les, y siem­pre ha si­do di­fí­cil, aún aho­ra aun­que ha­ya es­ta aper­tu­ra, por­que nun­ca vas a sa­ber qué es lo que fun­cio­na y qué no. Y pa­ra mí la com­pe­ten­cia siem­pre te va a ha­cer cre­cer, pe­ro in­du­da­ble­men­te al ha­ber tan­ta com­pe­ten­cia hay una in­se­gu­ri­dad por sa­ber, qué es lo que quie­re la gen­te; y mu­chas ve­ces es ir­se por lo más fá­cil, o por sa­ber qué es lo que va a fun­cio­nar y yo no entro en esos es­que­mas.

Pe­ro yo ven­go de un ma­triar­ca­do muy fuer­te, don­de des­de mi ta­ta­ta­ra­bue­la, mi bi­sa­bue­la les cos­to mu­cho sa­lir ade­lan­te y pues qui­zá eso que he te­ni­do, el ejem­plo de es­tas mu­je­res tan fuer­tes que no de­ja­ron de lu­char; y de la na­da, de que­dar­se en la ca­lle, sa­lie­ron ade­lan­te. En­ton­ces, si a mi Dios me dio la fuer­za y la ben­di­ción de te­ner to­do en la vi­da, te­ner sa­lud, una edu­ca­ción, pues có­mo no voy a lu­char por al­go que quie­ro.

¿Qué hay con la com­pe­ten­cia? A par­tir del lu­nes, en Tv Azteca, que al me­nos en la te­le­vi­sión abier­ta se con­si­de­ra tu com­pe­ten­cia di­rec­ta, tam­bién es­ta­rán es­tre­nan­do un pro­yec­to fuer­te, Las­mal­cria­das, que abor­da el te­ma de la tra­ta de per­so­nas, te ocu­pa o te preo­cu­pan tus con­trin­can­tes? Sé que van ha­cer un pro­duc­to in­tere­san­te por la te­má­ti­ca que van abor­dar, que es la tra­ta de per­so­nas, no co­noz­co a fon­do lo que es­tán ha­cien­do, por­que me ten­go que ocu­par de lo que es­toy ha­cien­do en es­te mo­men­to.

Y no es no que no me in­tere­se. Por el con­tra­rio, me in­tere­sa, y mu­cho; creo que va a ser fuer­te, no lo es­toy vi­vien­do, si lo vi­vie­ra co­mo pú­bli­co, di­ría: ‘ qué ma­ra­vi­lla, qué ma­ra­vi­lla!’ por­que te­ne­mos mu­chas op­cio­nes’. Ade­más que esas te­má­ti­cas me apa­sio­nan. Y qué pa­dre, ele­gir en­tre una u otra.

El he­cho de que Rosy Ocam­po es­té al fren­te de la pro­duc­ción en Te­le­vi­sa ¿te ha ayu­da­do? Pa­ra mí ha si­do una gra­ta sor­pre­sa, me ha acom­pa­ña­do, ha es­ta­do al pen­dien­te de es­te pro­yec­to, es una mu­jer que en­tien­de por­que ha si­do pro­duc­to­ra, es una mu­jer que le gus­ta in­no­var, ha­cer co­sas diferentes; me sien­to co­bi­ja­da por ella, y eso me gus­ta por­que me sien­to más se­gu­ra, más fir­me en mis pa­sos y en mis de­ci­sio­nes.

¿En qué mo­men­to te gus­ta­ron las no­ve­las? Des­de que era ni­ña por­que acom­pa­ña­ba a mi abue­la, ella era la que nos cui­da­ba, y siem­pre por las tar­des veía las no­ve­las. Y cuan­do ya es­ta­ba en la uni­ver­si­dad, en la UNAM, cri­ti­ca­ban mu­cho la te­le­no­ve­la y yo de­cía que era muy fá­cil cri­ti­car y juz­gar.

De­cía, por qué cri­ti­ca­mos tan­to, si a lo que a mí me ha­ce sen­tir, me gus­ta. Me acuer­do que te­nía dis­cu­sio­nes muy fuer­tes con los maes­tros, por­que yo les de­cía: ‘Eso es lo que tú pien­sas. Pe­ro va­le lo que tú di­ces, y tam­bién lo que yo di­go. Fi­nal­men­te se cae en: ¿te gus­to o no, te pro­vo­có una emo­ción o no? Y es cu­rio­so, pe­ro en esa épo­ca nun­ca fue de que me pu­sie­ra a ver una te­le­no­ve­la com­ple­ta, pe­ro si me gus­ta­ban.

TE­LE­VI­SA

La pro­duc­to­ra re­co­no­ció que no ha si­do fá­cil que acep­ten sus pro­pues­tas.

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