EM­MA­NUEL “CHO­PIS” CIS­NE­ROS

En­tre la rum­ba de las te­clas blan­cas y la sín­co­pa de las te­clas ne­gras

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Na­ció en la Ciu­dad de Mé­xi­co, pe­ro cre­ció en Aguas­ca­lien­tes, el pia­nis­ta Em­ma­nuel “Cho­pis” Cis­ne­ros es otro de los jó­ve­nes mú­si­cos que es­tán lle­nan­do los es­ce­na­rios del país con pro­pues­tas ori­gi­na­les. De for­ma­ción en la mú­si­ca clá­si­ca, las ex­pe­rien­cias y las vi­ven­cias lo fue­ron lle­van­do a la mú­si­ca po­pu­lar y al jazz. Di­ce que no tie­ne an­te­ce­den­tes mu­si­ca­les en su fa­mi­lia, pe­ro siem­pre vio a su pa­pá to­car el piano y en su ca­sa se es­cu­cha­ba to­do ti­po de mú­si­ca, des­de Rach­ma­ni­nov has­ta Vi­cen­te Fer­nán­dez y Ca­ma­rón de la Is­la. “Era un gus­to muy va­ria­do y en ese sentido le de­bo to­do a ese ba­ga­je mu­si­cal.”

¿Qué fue pri­me­ro el jazz o la sal­sa?

“El jazz. Mi pa­pá po­nía mu­cho a John Col­tra­ne. Te­nía una se­rie de dis­cos de dé­ca­das del jazz. Po­nía mu­cho a Chick Co­rea y al­go más pro­gre­si­vo, en­ton­ces pa­ra mí eso era el jazz. Pe­ro eso fue un par­tea­guas pa­ra dar­me cuen­ta de que la im­pro­vi­sa­ción es al­go que es­tá cons­tan­te, pe­ro no sa­bía có­mo to­car eso”.

¿Có­mo fuis­te en­tran­do al jazz?

“Me fui me­tien­do po­co a po­co. A los mú­si­cos me­xi­ca­nos que me re­co­men­da­ron se­guir fue a Aa­rón Cruz, a

Eu­ge­nio Tous­saint, a Ga­briel Puen­tes. Se­guía vi­vien­do en Aguas­ca­lien­tes y em­pe­za­ron a ha­cer el Fes­ti­val de Jazz que in­cluía las cla­ses que im­par­tían es­tos mú­si­cos. Se me hi­zo muy bueno que tu­vié­ra­mos la opor­tu­ni­dad de acer­car­nos más a eso. Y pre­ci­sa­men­te Eu­ge­nio Tous­saint fue mi pri­mer maes­tro. Él me di­jo cuántos com­pa­ses tie­ne un blues. Fue una cla­se for­mal, con un aná­li­sis ar­mó­ni­co muy pre­ci­so. Siem­pre le que­dé muy agra­de­ci­do por eso. Se me hi­zo muy tris­te su pér­di­da por­que fue mi pri­mer maes­tro y só­lo dos o tres me­ses des­pués de co­no­cer­lo fa­lle­ció.

Fue muy bueno em­pa­par­me de ese am­bien­te con más mú­si­cos que es­ta­ban en eso y po­co a po­co me fue in­tere­san­do más y en­ton­ces de­ci­dí ir­me de mo­chi­la­zo a Eu­ro­pa. Me fui a Ita­lia a es­tu­diar. To­mé dos cur­sos de jazz en 2011 du­ran­te dos me­ses. Los maes­tros fue­ron Ke­vin Hays, Da­vid Ki­kos­ki, Aa­ron Gold­berg. Golb­gerg fue mi me­jor maes­tro.

En­ton­ces di el pa­so al co­no­ci­mien­to de có­mo fun­cio­na­ba más la on­da en los com­bos y en los en­sam­bles. Ser más cons­cien­te del len­gua­je. Sa­ber qué es­cu­char. Me em­pa­pé tan­to que me di­je que me iba a de­di­car a es­to ple­na­men­te. Re­gre­sé a Mé­xi­co y me sa­lí de la ca­rre­ra de clá­si­co. Me que­dé a la mi­tad de la ca­rre­ra.

En 2008, en Aguas­ca­lien­tes, for­ma­mos Pie Gran­de, mi pri­mer gru­po de jazz; Piano, ba­te­ría, ba­jo, trom­pe­ta y gui­ta­rra. Cuan­do lo for­ma­mos yo no pa­sa­ba de to­car una es­ca­la pen­ta­tó­ni­ca. Nos jun­ta­mos por­que sa­bía­mos del po­ten­cial de ca­da uno. Ve­nía­mos de gé­ne­ros dis­tin­tos. Me enamo­ré del jazz. Con Pie Gran­de tu­vi­mos un pro­ce­so des­de ce­ro en el que no te­nía­mos idea de ese len­gua­je. No po­de­mos de­cir que so­mos jazz pu­ro o tra­di­cio­nal, pe­ro Pie Gran­de es el gru­po que nos ha he­cho sa­lir a fes­ti­va­les in­ter­na­cio­na­les co­mo el Ocho Ríos Jazz Fes­ti­val a Ja­mai­ca, al Jazz Pla­za a Cu­ba, al Fes­ti­val de Jazz de Puer­to Prín­ci­pe y al Ja­va Jazz en In­do­ne­sia”.

¿Có­mo fue lle­gar a la ciu­dad de Mé­xi­co?

“Fue muy di­fí­cil. Creí que te­ner al­gu­nos con­tac­tos era su­fi­cien­te y no. Es la pri­me­ra vez que vi­vo so­lo ya con mi cha­va. Nos las vi­mos di­fí­cil. Las pa­gas de las to­ca­das no

eran muy bue­nas. Sa­lían só­lo de vez en cuan­do con­cier­tos y no ren­día pa­ra na­da. Fue na­dar con­tra­co­rrien­te. Po­co a po­co me es­tu­ve yen­do a las jams a la ca­sa de Die­go Fran­co, que por cier­to se ex­tra­ñan bas­tan­te, y a otros lu­ga­res por ahí. Esa fue mi pri­me­ra in­tru­sión pa­ra ver quién es­ta­ba ha­cien­do co­sas. Ahí co­no­cí a la ma­yo­ría de la gen­te con la que aho­ra to­co. Fue muy bue­na esa par­te. Eso y ver que la ciu­dad no te de­ja caer.

Los mis­mos mú­si­cos se es­tán ro­lan­do y ubi­cas un po­qui­to el cir­cui­to de los que to­can con los mis­mos. No me gus­ta ubi­car­me en só­lo cier­tos gru­pos. Me gus­ta to­car con to­dos. Creo que en­ri­que­ce mu­cho más el len­gua­je, por ejem­plo to­car con Da­niel Ze­pe­da y con Die­go Ma­ro­to, o con Emi­li­ano Co­ro­nel y con Aa­rón Cruz. Siem­pre son pa­rá­me­tros dis­tin­tos y pa­ra mí es muy ri­co.

El he­cho de ha­ber ido al Ja­va Jazz con Pie Gran­de nos dio la idea que tal vez ya con eso iba pa­sar al­go más y que con eso íba­mos a dar el pa­so, pe­ro no, por­que vol­vi­mos a nues­tro ran­cho (Aguas­ca­lien­tes). El que se ge­ne­ren esas opor­tu­ni­da­des tie­ne que aca­rrear un be­ne­fi­cio a tu pro­yec­ción pe­ro des­afor­tu­na­da­men­te no su­ce­dió, aun­que hu­bo bue­nas crí­ti­cas.

En cues­tión mu­si­cal y eco­nó­mi­ca ne­ce­si­ta­ba es­tar en la ciu­dad. Es un be­ne­fi­cio que no pue­des ge­ne­rar en otros lados. Eso es lo que me mo­vió pa­ra ve­nir. Aun­que yo que­ría des­cen­tra­li­zar, lo me­jor siem­pre va a ser co­la­bo­rar con más gen­te y te­ner un sta­tus en el cual ten­gas cre­di­bi­li­dad con los de­más y si los in­vi­tas a to­car van acep­tar por­que te co­no­cen y te in­vi­tan a su vez”.

El Cho­pis, co­mo to­dos le di­cen, afir­ma co­mo mu­chos otros mú­si­cos en­tre­vis­ta­dos, que el mo­vi­mien­to del jazz en el país se es­tá en­ri­que­cien­do mu­cho por que hay mu­chos jó­ve­nes con un gran ni­vel. “La pri­me­ra vez que vi a Die­go Fran­co ya so­na­ba in­creí­ble y te­nía co­mo 19 años. Aho­ra que re­gre­sé a la ciu­dad me sorprendió es­cu­char a San­tia­go von Ster­nen­fels, un cha­vo que vi­vió en Ho­lan­da. Le ayu­dé con su ad­mi­sión en el Con­ser­va­to­rio, gra­ba­mos una pie­za de un ami­go su­yo. Me dio mu­cho gus­to co­la­bo­rar con él y que lo acep­ta­ran por qué el jazz me­xi­cano me­re­ce más mú­si­cos de esa ca­li­dad.

Los jó­ve­nes es­tán to­man­do muy en se­rio el asun­to, sa­can­do sus pro­yec­tos, sus pro­duc­cio­nes y ha­cien­do hin­ca­pié en sus pro­pues­tas ori­gi­na­les. Que la es­ce­na se nu­tra de tan­tas pro­pues­tas ori­gi­na­les me pa­re­ce que es­tá muy bien”.

¿Có­mo sal­tas­te a la sal­sa?

“Des­de ni­ño es­cu­cha­ba sal­sa y no le da­ba mu­cha importancia. Pe­ro co­no­cí a unos ami­gos que les gus­ta­ba mu­cho la mú­si­ca afro la­ti­na. Ya te­nía un com­bo en Aguas­ca­lien­tes que for­ma­mos con es­te gru­po de ami­gos in­tere­sa­dos en eso. Pe­ro yo no que­ría to­car sal­sa co­mer­cial. Bus­cá­ba­mos al­go que nos im­pli­ca­ra un re­to. Que tu­vie­ra más “mo­ña”, co­mo le di­cen en es­te am­bien­te. Con más armonía com­ple­ja, con más “ca­ché”. Bus­ca­mos re­per­to­rio y mu­cho de lo que nos gus­tó más es lo que se hi­zo en los se­sen­tas, se­ten­tas. Cuan­do lle­ga­mos a la ciu­dad un ami­go flau­tis­ta nos in­vi­tó a mí y a mi cha­va, Ka­ral Es­qui­vel, que tam­bién era par­te de la ban­da de sal­sa en Aguas­ca­lien­tes, a ser par­te de un com­bo que es­ta­ba for­man­do. Y se creó Go­liat. Ya lle­va ca­si tres años. Me di cuen­ta que era un es­ca­pa­ra­te en el que tam­bién ne­ce­si­ta­ba to­car. Pe­ro siem­pre me que­dó la du­da de por­que no ha­cer una ban­da de sal­sa en la Ciu­dad de Mé­xi­co si aquí gus­ta es­te gé­ne­ro. No­so­tros no te­ne­mos un di­rec­tor mu­si­cal. Es un pro­yec­to co­lec­ti­vo en el que es­ta­mos com­pro­me­ti­dos al cien. Es una ban­da”.

¿Có­mo tra­ba­ja la Or­ques­ta Go­liat el tra­ba­jo de com­po­si­ción?

“Las dos pri­me­ras pie­zas ori­gi­na­les que to­ca­mos en la or­ques­ta eran obra del tim­ba­le­ro Na­cho Gó­mez, que es com­po­si­tor. Aho­ra el per­cu­sio­nis­ta, el trom­pe­tis­ta, el cantante y yo so­mos los que nos jun­ta­mos pa­ra com­po­ner. En­tre el trom­pe­tis­ta y el cantante ha­cen las le­tras. Yo me voy al plano ar­mó­ni­co y el per­cu­sio­nis­ta re­vi­sa que no se nos cru­ce la cla­ve. En­tre no­so­tros ar­ma­mos los te­mas y los re­per­to­rios. Ya te­ne­mos dos pie­zas ori­gi­na­les en las re­des so­cia­les y en las pla­ta­for­mas di­gi­ta­les. Y es­tá sa­lien­do el pro­yec­to de ser par­te del sound­track de una pe­lí­cu­la en Cos­ta Ri­ca”.

En sus con­cier­tos ha­cen re­fe­ren­cias a que ha­cen sal­sa bra­va, ¿a que se re­fie­ren?

“La sal­sa en ge­ne­ral no es un gé­ne­ro sino un con­cep­to. Por­que la sal­sa aca­rrea mu­chos gé­ne­ros. Y es un con­cep­to de ha­cer esa mez­co­lan­za de rit­mos y gé­ne­ros. Hay una for­ma stan­dard pa­ra ubi­car ese de­no­mi­na­ti­vo de la sal­sa. Por ejem­plo, las le­tras son un fun­da­men­to. Ha­blan­do mu­si­cal­men­te, en la sal­sa bra­va hay mu­cha armonía com­ple­ja, aca­rrea mu­chas más co­sas de Puer­to Ri­co que de Cu­ba. Nos gus­ta plas­mar un con­tex­to más so­cial. Por ejem­plo el re­per­to­rio y la lí­ri­ca de Ru­bén Bla­des tie­nen esa ca­rac­te­rís­ti­ca. A no­so­tros nos im­pac­tó mu­cho eso. Eso es lo que que­re­mos adop­tar a la esen­cia de la or­ques­ta”.

¿Pla­tí­ca­nos de la ban­da en la que es­tás tra­ba­jan­do tan­to?

“Es un sex­te­to ins­tru­men­tal con com­po­si­cio­nes ori­gi­na­les. Emi­li­ano Suárez en el vi­brá­fono, Cuauh­té­moc Ri­ve­ra en las con­gas, Na­cho Gó­mez en el tim­bal, Ar­man­do Co­rrea en el con­tra­ba­jo, Uziel Is­mael en el bon­go y yo en el piano. Lo adap­té a ese for­ma­to con vi­brá­fono por­que me gus­ta mu­cho la so­no­ri­dad tím­bri­ca de ese ins­tru­men­to. Fue bue­na la apues­ta, ellos le en­tra­ron. La sec­ción per­cu­ti­va es la de Go­liat por­que ya es­tán muy ama­rra­dos. Tie­ne la esen­cia del jazz por la for­ma en có­mo es­té es­cri­to, una for­ma es­tán­dar muy pe­cu­liar, te­ma, una for­ma de so­los y te­ma. Así se ha desen­vuel­to, im­pro­vi­sa­ción y len­gua­je ar­mó­ni­co. Con­jun­té las dos co­sas que me gus­tan más: la mú­si­ca afro la­ti­na y el jazz. Quie­ro sa­car un EP en vi­nil con tres can­cio­nes de un la­do y tres del otro. Pu­ra mú­si­ca ori­gi­nal. Ya los he­mos pre­sen­ta­do en va­rios fes­ti­va­les.

Es­toy mo­vien­do mu­cho es­te pro­yec­to. Es­pe­re­mos que an­tes de que ter­mi­ne el año po­da­mos gra­bar”.

Em­ma­nuel “Cho­pis” Cis­ne­ros es un mú­si­co que lue­go de en­con­trar su lu­gar en la ciu­dad es­tá más que nun­ca en­fo­ca­do en la mú­si­ca que quie­re ha­cer y la es­tá ha­cien­do con ale­gría y ri­gor, pa­san­do de la rum­ba a la im­pro­vi­sa­ción, crean­do mú­si­ca en el mun­do de las te­clas ne­gras y las te­clas blan­cas.

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