De Ti­jua­na

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“E stoy in­fluen­cia­do por to­da la mú­si­ca que me ro­dea: las can­cio­nes de la igle­sia, la elec­tró­ni­ca, las ran­che­ras, el pop y, cla­ro, el rock. En mis com­po­si­cio­nes se plas­ma to­do eso, no lo pue­do evi­tar. Y lo mis­mo pa­sa con mi for­ma de ves­tir. Por ejem­plo, un ma­lan­dro lle­gó un día a mi ca­sa, acá, en Ti­jua­na, con una pul­se­ra; me la pu­so. Lue­go otro lle­gó con una bol­si­ta de ani­llos roc­ke­ros, pa­ra que me los pu­sie­ra en las to­ca­das; lo hi­ce. Así se fue for­man­do El Muert­ho; en­ri­que­ci­do con un ve­lo, un bra­sier y una tan­ga ne­gros”. El Muert­ho de Ti­jua­na al ha­bla, el úl­ti­mo in­vi­ta­do de “Pa­la­bras más, Pa­la­bras me­nos”, en la re­vis­ta mu­sic:li­fe. La ca­rro­sa fú­ne­bre ya avan­za y allá va­mos, ha­cia el en­tie­rro, con la gui­ta­rra so­bre los hom­bros, ras­gan­do el úl­ti­mo riff, tras diez años de tra­ba­jo. Rock & roll, ama­bles lec­to­res. Rock & roll pa­ra siem­pre.

¿Es­cue­la de mú­si­ca o es­cue­la de la vi­da?

“Pues de la vi­da, aun­que a ve­ces fal­te sa­ber al­go de la es­cue­la. Yo no es­tu­dié mú­si­ca ni otra co­sa por­que soy un flo­jo pa­ra lo del ce­re­bro. Pe­ro ten­go oí­do mu­si­cal, así que apren­dí a to­car gra­cias a los te­cla­dos que me ca­ye­ron por obra del des­tino. Em­pe­cé a to­car co­mo a los trein­ta años de edad, ini­cié con un sin­te­ti­za­dor Ya­maha; aun­que an­tes aga­rré la gui­ta­rra en la igle­sia, don­de ha­bía un gru­po de ala­ban­za”.

¿Re­cuer­das cuál fue la pri­me­ra can­ción que es­cri­bis­te?

“Em­pe­cé a ha­cer can­cio­nes pa­ra la igle­sia; “El apo­ca­lip­sis”, fue la pri­me­ra. En la on­da ur­ba­na, la pri­me­ra que hi­ce fue “Lo­bo es­tás ahí”, co­mo a los 47 años de edad. Sí, em­pe­cé, ex­tra­ña­men­te, un po­co tar­de en es­to”.

¿Exis­te al­gu­na can­ción que te gus­ta­ría ro­bar?

“¿Có­mo de quién? ¿De Len­non y McCart­ney?, ¿dos ni­ño­tes, hi­jos de mami y la no­via? La ver­dad no en­tien­do por­que si­guen sien­do ído­los; ¿se­rá gra­cias a la au­sen­cia de fi­lo­so­fías au­tén­ti­cas? Yo los veo muy de­fi­cien­tes, no hay con­te­ni­do en sus te­mas, pu­ras co­sas de ado­les­cen­tes; aun­que eran bue­nos con las me­lo­días y el rit­mo. Yo me­jor me ro­ba­ría una de Lady Ga­ga: “Black Je­sus + Amen fas­hion” tie­ne bue­na vi­bra”.

¿Al­gu­na vez te han ro­ba­do un ins­tru­men­to?

“Qui­se ha­cer una igle­sia y una nue­va re­li­gión aquí, en mi ca­sa. Con mi es­po­sa, bus­ca­ba crear al­go don­de to­dos fue­ran acep­ta­dos. Con­tá­ba­mos con equi­po de so­ni­do, y el ma­lan­dro que me ayu­dó a car­gar gui­ta­rras, ba­te­ría y am­pli­fi­ca­do­res, se ro­bó to­do. Ob­via­men­te se lo co­bré, pe­ro, ló­gi­co, no me pa­gó. Era un ado­les­cen­te que lue­go le en­tró a las gran­des li­gas del nar­co en Ti­jua­na. Fi­nal­men­te lo tor­cie­ron y es­tá pa­gan­do lo su­yo en la cár­cel. Lo de la igle­sia no fun­cio­nó por­que ten­go muy ma­la fa­ma en la co­lo­nia, cuan­do la gen­te pa­sa fren­te a mi ca­sa se per­sig­nan y me se­ña­lan”.

¿Exis­te al­gún ins­tru­men­to que te gus­ta­ría apren­der a to­car?

“El ba­jo, por­que, ade­más de que me gus­ta có­mo sue­na, me pa­re­ce sen­ci­llo de to­car”.

¿Mi­ras con re­ce­lo a al­gún ti­po de mú­si­co en es­pe­cial?

“No me gus­tan los que ha­cen le­tras agre­si­vas, vio­len­tas, lú­gu­bres, ba­jo­ne­ras. Una vez un ra­pe­ro di­jo: es­ta can­ción es pa­ra oír­la mi­ran­do el pi­so con una bo­te­lla de te­qui­la. ¡Chin­gas a tu ma­dre! Yo es­toy bus­can­do ali­via­nar­me, ele­var­me. Pa­ra ba­jo­near­me ten­go ya la nota ro­ja. A mí no me mo­les­ta ningún gé­ne­ro mu­si­cal, sino la in­ten­sión con la cual se ha­cen cier­tas can­cio­nes. ¿Man­dar os­cu­ri­dad a la gen­te, des­per­tar a la bestia? Yo no quie­ro ale­bres­tar al agre­si­vo, al ra­bio­so; bus­co ac­ti­var el tercer ojo, dar­le vi­da al per­fil lu­mi­no­so de las per­so­nas”.

¿Cuál es la par­te más com­pli­ca­da de tu la­bor co­mo mú­si­co?

“Es di­fi­ci­lí­si­mo re­te­ner en la me­mo­ria las le­tras de mis can­cio­nes. A mis 51 años de edad, es­tá ca­ni­jo”.

¿Cuál es tu ins­tru­men­to fa­vo­ri­to?

“Pues me gus­ta el so­ni­do del ba­jo; des­pués de ahí, el de la gui­ta­rra roc­ker”.

Pa­ra ter­mi­nar, en­sam­bla la agru­pa­ción de tus sue­ños.

“Es que me caen gor­das las es­tre­llas, la ver­dad. Por ejem­plo, Jim Mo­rri­son, ese se de­di­có a ser dro­ga­dic­to y no me pa­re­ce jus­to que con cin­co can­cio­nes que creó ha­ya de­ja­do a tan­to ma­ri­guano suel­to.

Pe­ro te­nía ma­gia, y por eso me gus­ta­ría ha­cer al­go con él. Lue­go aga­rra­ría a Johnny La­bo­riel, por su lo­que­ra y su ale­gría. ¿Quién más? Ah, Lady Ga­ga. Y tam­bién yo. El cuar­te­to se lla­ma­ría Luz & Som­bra y to­dos pon­dría­mos al­go de nues­tra esen­cia en el gru­po, por­que siem­pre he es­ta­do en con­tra de las dic­ta­du­ras”.

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