Laura Lin­ney AMA A CLINT EAST­WOOD

La acla­ma­da ac­triz ha­bla so­bre Sully, su ter­ce­ra vez tra­ba­jan­do con la le­yen­da

Publimetro Ciudad de Mexico - - ENTRETENER - MATT PRIGGE MWN

Laura Lin­ney ama a Clint East­wood. Par­tió en 1997 con Ab­so­lu­te Po­wer, y han tra­ba­ja­do jun­tos tres ve­ces: co­mo la es­po­sa de Sean Penn en un es­pe­cie de Lady Mac­beth en Mys­tic Ri­ver y, aho­ra, co­mo Lorena, la es­po­sa del pi­lo­to hé­roe Ches­ley

Su­llen­ber­ger (in­ter­pre­ta­do por Tom Hanks) en Sully. To­dos han si­do pa­pe­les pe­que­ños pe­ro fun­da­men­ta­les; en

Sully, só­lo tie­ne un pu­ña­do de es­ce­nas, to­das ellas en el te­lé­fono con su ma­ri­do des­pués de que ate­rri­za­ra una da­ña­da ae­ro­na­ve co­mer­cial en el río Hud­son de Nue­va York, sal­van­do a to­dos a bor­do. Lin­ney, aho­ra de 52, nos ha­bla de lo que apren­dió del le­gen­da­rio di­rec­tor de cine y ac­tor y lo que Sully di­ce acer­ca de la ex­pe­rien­cia. Há­bla­me de la pri­me­ra vez que co­no­cis­te a Clint cuan­do hi­cis­te Ab­so­lu­te Po­wer ha­ce 20 años. – Lo re­cuer­do ví­vi­da­men­te.

Ab­so­lu­te Po­wer fue tal vez mi ter­cer gran pa­pel en una pe­lí­cu­la. Me ha­bían ele­gi­do por­que él ha­bía vis­to un pri­mer cor­te de Pri­mal Fear. Así que no me au­di­cio­nó pa­ra ella. Só­lo re­ci­bí es­ta lla­ma­da te­le­fó­ni­ca in­creí­ble de la na­da. Me presenté en el set en Bal­ti­mo­re y me lle­va­ron a co­no­cer­lo. Y él se dio vuel­ta y allí es­ta­ba él, al­to y gua­po y ama­ble. En mi pri­mer día tuve que con­du­cir un ca­rro a tra­vés de un cam­po y lue­go apar­car en un lu­gar exac­to, lo que era es­tre­san­te. Pe­ro de al­gu­na ma­ne­ra me las arre­glé pa­ra ha­cer­lo bien. Pe­ro fue un día im­por­tan­te, por­que des­de en­ton­ces he tra­ba­ja­do con él tres ve­ces en los úl­ti­mos 20 años. Y has te­ni­do que ha­cer fren­te a su fa­mo­sa cos­tum­bre de fil­mar so­la­men­te unas po­cas to­mas, que de­be ha­ber si­do im­pre­sio­nan­te vi­nien­do del tea­tro. – Es una ha­bi­li­dad. Cuan­do es­ta­ba ha­cien­do Ab­so­lu­te

Po­wer apren­dí que “Es­tan­do en Roma, haz lo que vie­res”. És­ta es una opor­tu­ni­dad pa­ra apren­der a tra­ba­jar de es­ta ma­ne­ra. Apren­dí que te­nía que es­tar lo más pre­pa­ra­da que pu­die­ra, pa­ra lo­grar es­tar tan re­la­ja­da co­mo pu­die­ra. En­ton­ces, el tra­ba­jo real­men­te pue­de su­ce­der. Por­que si es­tás es­tre­sa­da y ner­vio­sa, no vas a mos­trar tu me­jor tra­ba­jo. Y si no es­tás pre­pa­ra­da vas a es­tar ner­vio­sa. La res­pues­ta hu­ma­na es a ten­sar­se. Tie­nes que en­tre­nar­te pa­ra ha­cer lo con­tra­rio. He apren­di­do có­mo li­diar con mi pro­pia psi­co­lo­gía pa­ra po­der es­tar lis­ta pa­ra ir por él. He lle­va­do ese co­no­ci­mien­to con­mi­go en ca­da pe­lí­cu­la que he he­cho. Ayu­da mu­cho. Los tres pa­pe­les que has he­cho pa­ra Clint son muy di­fe­ren­tes. – Bueno, al­go de ello tie­ne que ver con mi edad. Yo era muy jo­ven cuan­do hi­ce la pri­me­ra. Y el se­gun­do fue un pa­pel pe­que­ño pe­ro fan­tás­ti­co en Mys­tic Ri­ver.

Pa­ra és­ta po­drías des­cri­bir­lo co­mo só­lo una mu­jer en un te­lé­fono. Era di­fí­cil de ha­cer, so­bre to­do cuan­do se es­tá ais­la­do del res­to de la fil­ma­ción. No es­tás allí pa­ra pre­sen­ciar có­mo el res­to de la pe­lí­cu­la va, el tono de la pe­lí­cu­la, el tim­bre de lo que es­tán ha­cien­do. ¿Se in­cor­po­ra­rá bien tu tra­ba­jo? Una vez más, só­lo tuve que pre­pa­rar­me tan­to co­mo pu­de con lo que es­ta­ba allí y de­jar que Clint hi­cie­ra lo que ha­ce.

Clint tie­ne es­ta repu­tación co­mo un ti­po du­ro, que da mie­do, ta­ci­turno, pe­ro cuan­do lo ves, él es real­men­te muy dul­ce. – Lo es.

Y mo­des­to. Re­cuer­do ver­lo en Char­lie Ro­se con Mys­tic

Ri­ver, y Ro­se le pre­gun­tó, cuan­do se tie­ne un gran re­par­to y buen ma­te­rial, ¿qué ha­ces? Él son­rió, se en­co­gió de hom­bros y sim­ple­men­te di­jo: “Na­da.” – [Ri­sas] No es muy cier­to que él no ha­ga na­da. Pue­de pa­re­cer co­mo si él no in­ter­vi­nie­ra. Pe­ro él es só­lo cau­te­lo­so. Él con­fía en la gen­te con quien tra­ba­ja, en­ton­ces no in­ter­fie­re. Es de­cir, si no le gus­ta lo que es­tás ha­cien­do, él se­gu­ro va a in­ter­ve­nir y de­cir que no. No se li­mi­ta a acep­tar cual­quier co­sa. Pe­ro hay una enor­me can­ti­dad de con­fian­za, por lo que tien­de a tra­ba­jar con la mis­ma gen­te una y otra vez, so­bre to­do con su equi­po. Ni me ima­gino có­mo ha­ce tan­tas pe­lí­cu­las a su edad. – Es im­pre­sio­nan­te que cual­quier per­so­na pue­da, in­clu­so, ha­cer una pe­lí­cu­la.

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