Jue­gos eró­ti­cos a cie­gas

Cie­rra los ojos, y dé­ja­te lle­var por la pa­sión...

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Ha­cer el amor, o te­ner los jue­gos pre­vios a os­cu­ras, es una de las me­jo­res ma­ne­ras de de­mos­trar­le a tu pa­re­ja cuán­to con­fías en él… y me­jor aún, de de­mos­trar­te cuán­ta se­gu­ri­dad hay en ti mis­ma.

TE­NER RE­LA­CIO­NES SE­XUA­LES CON PO­CA O NU­LA LUZ HA­CE QUE NUES­TRO ÚNI­CO ME­DIO DE CO­MU­NI­CA­CIÓN SEA EL TAC­TO, INTENSIFICÁNDOLO.

DÉ­JA­TE AMA­RRAR

No hay ma­yor mues­tra de se­gu­ri­dad que de­jar­lo dis­fru­tar de tu cuer­po co­mo él quie­ra. Per­mi­te que te cu­bra los ojos y que te ama­rre de las mu­ñe­cas a la ca­be­ce­ra. Aho­ra que eres com­ple­ta­men­te su­ya, es ho­ra de que sa­que su la­do más crea­ti­vo. Tan­to el fo­re­play co­mo la re­la­ción se­xual de­pen­den de él, por­que tú só­lo es­ta­rás dis­pues­ta a dis­fru­tar las sen­sa­cio­nes de su bo­ca re­co­rrien­do tu cuer­po, sus ca­ri­cias y sus pe­ne­tra­cio­nes dis­fru­tan­do tus cur­vas y ha­cien­do su me­jor per­for­man­ce. En vein­ti­tan­tos. com po­drás com­par­tir­le al­gu­nas no­tas de có­mo ha­cer más tra­vie­sa la po­si­ción del mi­sio­ne­ro. Re­cuer­da siem­pre ha­blar con tu pa­re­ja, y de­cir­le has­ta a don­de es­tás dis­pues­ta a lle­gar, por­que se re­quie­re de mu­cha con­fian­za.

A CIE­GAS

Una de las me­jo­res ma­ne­ras de sen­tir­te sexy es cuan­do él to­ca to­do tu cuer­po y te di­ce lo mu­cho que lo ex­ci­tas. No du­des en co­men­zar el fo­re­play con mu­cha ro­pa en­ci­ma, ha­bla­mos li­te­ral des­de po­ner­te una cha­ma­rra, has­ta bo­tas. Tu pa­re­ja tie­ne el de­ber de qui­tár­te­la y tú de ha­cer lo mis­mo, les recomendamos de­cir­se al­go lin­do ca­da que se lo ha­gan. La idea es que la os­cu­ri­dad sea un apo­yo pa­ra que am­bos se di­gan la ver­dad con más con­fian­za y que de igual ma­ne­ra se sien­tan con la mis­ma con­fian­za de ha­cer­lo.

ENCUÉNTRALO

En las sex shops y has­ta al­gu­nas far­ma­cias pue­des en­con­trar una am­plia ga­ma de con­do­nes ¡ que bri­llan en la os­cu­ri­dad! Apa­guen las luz, las ve­las y cie­rren bien las cor­ti­nas pa­ra que sen­sual­men­te le pon­gas el con­dón con la bo­ca. Des­pués él tie­ne que de­jar­se bus­car y por su­pues­to, en­con­trar, lue­go de ha­ber he­cho y di­cho mi­les de co­sas que te pon­gan sú­per hot. Cuan­do por fin lo en­cuen­tres tie­nes que ha­cer­lo tu­yo y des­qui­tar lo mu­cho que te pren­dió ver su miem­bro a me­dia luz. Te recomendamos que ten­gan se­xo en po­si­cio­nes co­mo la va­que­ri­ta, don­de el co­lor neón de su con­dón se de­ja­rá en­tre­ver en­tre ca­da pe­ne­tra­ción. Há­gan­lo len­to y lue­go rá­pi­do, al­ter­nan­do la ve­lo­ci­dad.

QUE TE ES­CU­CHE

Lle­gó el mo­men­to de que am­bos dis­fru­ten de su cuer­po. Apa­guen to­das las lu­ces y man­tén­ga­se ale­ja­dos. Aho­ra que ca­da uno tie­ne su pro­pio es­pa­cio es mo­men­to de mas­tur­bar­se: ja­dea, gi­me, res­pi­ra fuer­te y es­cu­cha lo que sa­le de la bo­ca de tu pa­re­ja. Te ase­gu­ra­mos que se van a pen­der más y que­rrán sal­tar so­bre el otro lo más pron­to po­si­ble, pe­ro de­ben aguan­tar lo más que pue­dan. De­pen­dien­do su per­so­na­li­dad y el ti­po de re­la­ción que ten­gan, pue­den mien­tras de­cir­se co­sas su­cias o lo que les gus­ta del otro. Cuan­do no pue­dan más avién­ten­se so­bre el otro.

QUE NO TE VEA

Aho­ra es tu turno de ta­par­le los ojos y sa­car la ama­zo­na que lle­vas den­tro. Si lo desean amá­rra­lo de ma­nos y pies o dé­ja­lo li­bre pa­ra que to­que tus cur­vas mien­tras te su­bes en él. An­tes de que lle- ven a ca­bo la pe­ne­tra­ción, no du­des en rea­li­zar­le el me­jor se­xo oral de su vi­da y lle­nar su cuer­po de ca­ri­cias, usa tu len­gua, tus uñas y las ye­mas de tus de­dos; es me­jor si no se pue­de mo­ver, por­que tie­ne que de­jar­se lle­var por las sen­sa­cio­nes. Cuan­do te mon­tes so­bre él ¡ dis­fru­ta tam­bién de tu cuer­po! To­ca tus se­nos, to­ma tus pom­pas y ayú­da­las a es­tar so­bre él mar­can­do el rit­mo. Cuan­do es­tén a pun­to de lle­gar al or­gas­mo, des­cú­bre­le los ojos pa­ra que am­bos se mi­ren.

LEN­CE­RÍA CON SE­GUN­DO GRA­DO DE DI­FI­CUL­TAD

¿ Has no­ta­do que a al­gu­nos hom­bres les cues­ta des­abro­char el bra? Si es el ca­so del tu­yo, ¡ apro­vé­cha­lo! En las tien­das de­di­ca­das a len­ce­ría o en las sex shops, ven­den con­jun­tos sexys y con mu­chos ti­ran­tes. La idea es que el jue­go pre­vio lo lle­ven a ca­bo con la luz apa­ga­da pa­ra que te des­po­je de tan sen­sual pren­da. El de­seo que sien­te por ti ha­rá que le sea aún más com­pli­ca­do qui­tár­te­lo y mien­tras bus­ca có­mo ha­cer­lo po­drá pal­par ca­da cen­tí­me­tro de ese cuer­po que tan­to le en­can­ta y que lo tie­ne lo­co.

Fo­to Ne­ri // Ma­qui­lla­je y pei­na­do Gio­van­na Valencia // Coor­di­na­ción de mo­da Ka­tia Va­re­la

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