Vibrante modernidad,

Viajero - - HOSPEDARSE - ANDAZ MAYAKOBA mayakoba.andaz.hyatt.com

El chi­co co­ol ha lle­ga­do a Mayakoba, el do­mi­ci­lio más ex­clu­si­vo de la Ri­vie­ra Ma­ya. Po­see­dor de cier­ta per­so­na­li­dad cos­mo­po­li­ta, el pri­mer ho­tel Andaz de Mé­xi­co re­in­ter­pre­ta la no­ción del lu­jo con una ofer­ta gas­tro­nó­mi­ca ex­ce­len­te, diseño con­tem­po­rá­neo y un servicio ami­ga­ble que no pa­sa por alto nin­gún de­ta­lle. Al lle­gar, se­rás re­ci­bi­do en el San­tua­rio, el es­pec­ta­cu­lar ves­tí­bu­lo del ho­tel di­se­ña­do por el cos­ta­rri­cen­se Ro­nald Zür­cher. Una aber­tu­ra en el te­cho te per­mi­ti­rá ver el cie­lo, y en la par­te in­fe­rior ve­rás un es­pe­jo de agua que re­fle­ja el fir­ma­men­to: en ese momento no­ta­rás que el San­tua­rio emu­la un ce­no­te ma­ya. Una vez ahí, re­frés­ca­te con un coc­tel mien­tras te re­gis­tras. El si­guien­te paso se­rá su­bir a un ca­rri­to para ser trans­por­ta­do a tu ha­bi­ta­ción o hacer el tras­la­do en una bi­ci­cle­ta vin­ta­ge. Te re­co­men­da­mos hacer lo an­te­rior, pues po­drás ver las obras que el ar­tis­ta Sen­koe plas­mó en los mu­ros ex­te­rio­res. Cha­ras, gar­zas y lo­ros de vi­bran­tes co­lo­res son algunas de las aves con las que es­te gra­fi­te­ro mexicano acen­túa la at­mós­fe­ra joven y de­sen­fa­da­da del re­sort.

Sus 214 ha­bi­ta­cio­nes se dis­tri­bu­yen a lo lar­go del pri­vi­le­gia­do en­torno de Mayakoba, por lo que las vis­tas hacia la na­tu­ra­le­za es­tán ase­gu­ra­das. Lo mis­mo ocu­rre con sus 41 sui­tes con bal­cón, te­rra­za y una se­duc­to­ra pis­ci­na de in­mer­sión des­de don­de po­drás di­vi­sar el cam­po de golf o las aguas del Caribe. Hos­pé­da­te en una Bi Le­vel sui­te y go­za de to­do lo an­te­rior más un pi­so su­pe­rior: se­rá co­mo te­ner tu ca­sa jun­to al mar. To­das las ha­bi­ta­cio­nes de Andaz Mayakoba tie­nen co­mo común de­no­mi­na­dor un de­cla­ra­do amor a la cul­tu­ra me­xi­ca­na; se nota en sus mo­sai­cos yu­ca­te­cos, en las si­llas Aca­pul­co y en los detalles de ar­te ma­ya. Aquí no so­lo se es­fuer­zan por enamo­rar­te de Mé­xi­co a través de de­co­ra­dos: su pro­pues­ta cu­li­na­ria, di­ri­gi­da por el chef eje­cu­ti­vo Vin­cent Wa­llez, también pro­mue­ve los sa­bo­res au­tóc­to­nos de for­ma ex­cep­cio­nal. Olla­ce­vi­che y Olla­ta­co son los res­tau­ran­tes que le po­nen pi­can­te al área de pla­ya. El pri­me­ro con ce­vi­ches, agua­chi­les y tos­ta­das de ma­ris­co ser­vi­das en una ba­rra de su­ge­ren­tes tra­gos. Da­le una opor­tu­ni­dad a una de las mu­chas cer­ve­zas ar­te­sa­na­les de su car­ta y acom­pa­ña tu elec­ción con un agua­chi­le de atún. Par­ti­ci­pa en sus ca­tas de te­qui­la pre­mium con vis­ta al mar: des­pués de Olla­ce­vi­che, no vol­ve­rás a des­per­di­ciar un buen te­qui­la en shots.

A la ho­ra del desa­yuno di­rí­ge­te a Olla­ta­co; su pla­to im­per­di­ble es la tor­ta de cas­ta­cán: su­cu­len­ta pul­pa de chi­cha­rrón con ce­bo­lla mo­ra­da y ha­ba­ne­ro. Por su par­te, Co­ci­na Mi­la­gro ofre­ce un buf­fet de gran ca­li­dad y ex­tra­or­di­na­ria va­rie­dad. De no­che, es­te es­pa­cio pre­sen­ta una car­ta internacional en la que des­ta­can las es­ca­lo­pas a la pa­rri­lla con aza­frán y ja­món ibé­ri­co.

Lo me­jor para el fi­nal: Ca­sa Ama­te. Más que un restaurante, es­te si­tio es un concepto de experiencias gour­met re­co­lec­ta­das por la fa­mi­lia De León en sus viajes por Amé­ri­ca Latina. Abier­to so­lo para ce­nas, en sus sa­lo­nes sen­ti­rás una at­mós­fe­ra de elegancia pre­té­ri­ta pro­du­ci­da por chi­me­neas, li­bre­ros, an­ti­güe­da­des y ar­te con­tem­po­rá­neo. El chef Ernesto Torres se en­car­ga de representar en es­te si­tio la diver­si­dad gus­ta­ti­va de nues­tro sub­con­ti­nen­te con pre­pa­ra­cio­nes de aplau­so. Comienza con una so­pa de raíz ama­zó­ni­ca o con pul­pos a la huan­caí­na que se des­ha­cen en la bo­ca. De pla­to prin­ci­pal, pi­de el co­chi­ni­llo cu­bano fri­to (tro­pi­cal, ju­go­so) o el pa­to man­cha­man­ta­les, con gui­ños a Oa­xa­ca. Al ter­mi­nar tu sus­pi­ro li­me­ño con pe­ra lio­fi­li­za­da lo ha­rás con una enor­me son­ri­sa en la bo­ca.

De­di­ca las ho­ras de Sol a cual­quie­ra de sus dos áreas de pis­ci­na, am­bien­ta­das con mú­si­ca con­tem­po­rá­nea y servicio de coc­te­le­ría fres­ca. Otra op­ción es to­mar el cru­ce­ro que pe­ne­tra en los ca­na­les que ro­dean a la pro­pie­dad; en com­pa­ñía de di­ver­ti­dos guías, di­vi­sa­rás algunas de las más de 200 es­pe­cies de fau­na que ha­bi­tan en Mayakoba. Al atar­de­cer, re­ser­va un tra­ta­mien­to en Naum Spa, con­for­ma­do por seis áreas de te­ra­pias, ins­ta­la­cio­nes de cir­cui­to hú­me­do y gim­na­sio. Ten por se­gu­ro que el gran servicio del per­so­nal de Andaz Mayakoba ha­rá de ca­da ac­tivi­dad un verdadero dis­fru­te. Ha­bi­ta­cio­nes des­de 357 USD.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico

© PressReader. All rights reserved.