Idi­lio his­tó­ri­co

Ha­cien­da San Ga­briel de las Pal­mas, Mo­re­los

Viajero - - DÓNDE HOSPEDARSE - ha­cien­da­san­ga­briel.com

Al en­trar, lo pri­me­ro que atra­pa la aten­ción son las pal­mas que cus­to­dian la cal­za­da em­pe­dra­da que di­ri­ge has­ta el cas­co de la ha­cien­da. Lue­go, la mi­ra­da se cau­ti­va con la ar­qui­tec­tu­ra de más de 500 años de his­to­ria del ho­tel Ha­cien­da

San Ga­briel de las Pal­mas. Aquí los sen­ti­dos via­jan en el tiem­po para dar­se cuenta de que las ma­ra­vi­llas se en­cuen­tran gra­ba­das a don­de sea que la vis­ta alcance.

Cons­trui­da por pe­ti­ción de Her­nán Cor­tés en 1529, es­te com­ple­jo fue es­ce­na­rio de in­nu­me­ra­bles eventos que mar­ca­ron el rum­bo de Mé­xi­co: haber si­do uno de los in­ge­nios azu­ca­re­ros más im­por­tan­tes de Mé­xi­co, a prin­ci­pios de la épo­ca co­lo­nial, además de fun­gir co­mo cuar­tel de Emi­li­ano Za­pa­ta, du­ran­te épo­ca de la Re­vo­lu­ción Me­xi­ca­na.

Hos­pé­da­te en al­gu­na de sus 20 sui­tes de lu­jo; sus nombres ha­cen ho­nor a la his­to­ria de la ha­cien­da, co­mo la Co­ro­nel, una sui­te que go­za de una vis­ta pri­vi­le­gia­da y ofre­ce chi­me­nea para las no­ches de frío. Lue­go de des­can­sar, ca­mi­na por al­guno de los sa­lo­nes abo­ve­da­dos del ho­tel, que por su ar­qui­tec­tu­ra co­lo­nial invita a ex­plo­rar­lo para con­tem­plar el paso del tiem­po.

Comienza los días con un cha­pu­zón en la al­ber­ca prin­ci­pal y un desa­yuno en El In­ge­nio, el restaurante del ho­tel, en­car­ga­do de mi­mar tu pa­la­dar con pla­ti­llos de au­tén­ti­cos sa­bo­res lo­ca­les fu­sio­na­dos con téc­ni­cas van­guar­dis­tas. Des­pués par­ti­ci­pa en una ca­bal­ga­ta con un ca­ba­lle­ran­go, quien te orien­ta­rá y da­rá un re­co­rri­do por la ha­cien­da y sus pin­to­res­cos al­re­de­do­res. Al vol­ver, visita el Ama­te Spa, don­de te re­no­va­rás con el tra­ta­mien­to de fan­go, aga­ve y te­qui­la, cu­yos in­gre­dien­tes ali­via­rán la ten­sión mus­cu­lar oca­sio­na­da por con­trac­tu­ras, ex­fo­lia­rán tu piel de for­ma natural y ac­tua­rán co­mo an­ti­in­fla­ma­to­rio.

Si pre­fie­res re­no­va­ción es­pi­ri­tual, pue­des en­trar en su te­maz­cal. Ahí una cha­ma­na te guia­rá has­ta fi­na­li­zar con un ba­ño de agua a tem­pe­ra­tu­ra am­bien­te en la al­ber­ca, lo­ca­li­za­da en­fren­te de una bella cas­ca­da.

La co­ne­xión con la na­tu­ra­le­za la sen­ti­rás en cual­quier par­te de la Ha­cien­da San Ga­briel de las Pal­mas. Ca­mi­na por sus 25 hec­tá­reas de jar­di­nes en­tre ríos, cas­ca­das y un la­go, además de ár­bo­les de man­go, to­ron­ja, za­po­te ne­gro y na­ran­ja. Sus fru­tos se em­plean en los pla­tos del restaurante y los ba­res.

Ya sea que va­yas en fa­mi­lia o en pa­re­ja, ad­mi­ra el atar­de­cer re­man­do en su la­go. Al caer el Sol, di­viér­tan­se en el sa­lón de jue­gos con la me­sa de bi­llar, ju­gan­do fut­bo­li­to o pó­ker. Lue­go visita su bó­ve­da se­mi­cir­cu­lar con ba­rra, mú­si­ca y lu­ces que te in­du­ci­rán a bai­lar. Si bus­cas una no­che más tran­qui­la, re­lá­ja­te en la bi­blio­te­ca, don­de te ofre­ce­rán una se­lec­ción de pe­lí­cu­las ap­tas para to­das las eda­des.

Co­ro­na tu es­tan­cia con una ce­na romántica en el VIP de la Ha­cien­da, un es­pa­cio ín­ti­mo si­tua­do al pie del cha­cua­co original, chi­me­nea por la que ema­na­ban los va­po­res de la me­la­za y que da­ta de cuan­do el com­ple­jo fun­cio­na­ba co­mo un in­ge­nio azu­ca­re­ro. En esta área dis­fru­ta­rás de una ce­na romántica y una aco­ge­do­ra al­ber­ca cli­ma­ti­za­da. Ha­bi­ta­cio­nes des­de $3,182.

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