El nue­vo sabor del gin

La moda de la gi­ne­bra llegó para que­dar­se, tan­to en Londres co­mo en la Ciudad de Mé­xi­co, por lo que Brocks­mans ofre­ce una ex­qui­si­to elí­xir que pue­de dis­fru­tar­se co­mo pre­fie­ras: so­lo, en la ro­cas o en coc­te­les

Viajero - - QUÉ CATAR -

Des­de Reino Uni­do, Brock­mans rein­ven­ta el gin con una fór­mu­la a ba­se de bo­tá­ni­cos ob­te­ni­dos al­re­de­dor del mundo, ofre­cien­do una be­bi­da úni­ca y so­fis­ti­ca­da. Su his­to­ria comienza en 2009, con cuatro amigos de­vo­tos de una mis­ma pa­sión: la gi­ne­bra. Su co­no­ci­mien­to de las di­fe­ren­tes mez­clas de hier­bas, flo­res y se­mi­llas, así co­mo de los di­fe­ren­tes ti­pos de des­ti­la­ción, los llevó a plan­tear­se el re­to de crear un elí­xir di­fe­ren­te, uno que por sí mis­mo fue­ra tan ro­bus­to y col­ma­do de con­tras­tes que pu­die­ra dis­fru­tar­se so­lo o en las ro­cas. Aun­que es de ori­gen ho­lan­dés, el gin ob­tu­vo su fa­ma en In­gla­te­rra al­re­de­dor del si­glo XVIII cuan­do los pre­cios del brandy fran­cés —be­bi­da fa­vo­ri­ta de los in­gle­ses— se ele­va­ron. En esta épo­ca co­men­za­ron a es­ta­ble­cer­se mu­chas des­ti­le­rías de gin en Londres, oca­sio­nan­do lo que se conoce co­mo The Gin Cra­ze en el año de 1700. De ahí que con esta pa­sión he­re­da­da es­tos cuatro amigos de­ci­die­ron fin­car su des­ti­la­do­ra en Old­bury, el co­ra­zón de In­gla­te­rra.

De adentro hacia fue­ra

Para crear Brok­mans Gin se eli­gie­ron 11 ex­qui­si­tos bo­tá­ni­cos, en los que se ba­lan­cea­ron de for­ma perfecta las fru­tas con las es­pe­cias. Los to­ques dul­ces los aporta el enebro pro­ve­nien­te de Ita­lia, así co­mo las zar­za­mo­ras y blue­be­rries de Eu­ro­pa. La acidez co­rre a car­go de la ra­lla­du­ra de li­món amarillo y la na­ran­ja es­pa­ño­la, mien­tras que el ca­rác­ter lo apor­tan las al­men­dras, la raíz de an­gé­li­ca ale­ma­na, las se­mi­llas de ci­lan­tro búl­ga­ro, el re­ga­liz chino, la raíz de orris italiano y la ca­ne­la de Viet­nam. En con­jun­to, en bo­ca re­ga­la un ca­rác­ter sua­ve y afru­ta­do Para la ela­bo­ra­ción, el maes­tro des­ti­la­dor ma­ce­ra to­dos los in­gre­dien­tes en un aguar­dien­te de ce­rea­les por 24 ho­ras, al­go que fa­vo­re­ce aún más el real­ce de sa­bo­res des­de an­tes de la des­ti­la­ción. En es­te gin la ima­gen también es im­por­tan­te, por lo que aho­ra muestra un nue­vo look que se inspira en la tra­di­ción y la vanguardia. La bo­te­lla es fuer­te y mas­cu­li­na con una ele­gan­te tex­tu­ra. Su vi­drio ne­gro es os­ten­to­so mien­tras los detalles de flo­res ro­jas le im­pri­men crea­ti­vi­dad y re­fi­na­mien­to.

Có­mo pre­pa­rar­lo

Brock­mans es uno de los po­cos gins que pue­de dis­fru­tar­se so­lo o en las ro­cas. Sin em­bar­go, si deseas mez­clar­lo con agua tó­ni­ca se re­co­mien­da usar la pre­mium del estilo de Fe­ver Tree. En cuan­to a coc­te­le­ría, el sabor de Brock­mans queda ideal para un mar­ti­ni con un to­que de ver­mouth y un twist de li­món o pue­des in­ten­tar el coc­tel Brock­mans, com­bi­nan­do ba­yas y cí­tri­cos.

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