BRID­GE­TOWN

La capital de Bar­ba­dos ofre­ce to­do el co­lo­ri­do que es­pe­ra­rías ver en el Caribe, ade­re­za­do con un to­que de so­fis­ti­ca­ción in­gle­sa, afir­ma Blos­som Green

Viajero - - ESCAPES URBANOS -

¿Por qué ir? Al igual que el Sol ca­ri­be­ño, la ri­ca his­to­ria de Brid­get­won y su cul­tu­ra lo­cal bri­llan du­ran­te to­do el año. Su cen­tro his­tó­ri­co y su guar­ni­ción fueron de­cla­ra­dos Pa­tri­mo­nio de la Hu­ma­ni­dad por la UNES­CO en 2011, y son un re­cor­da­to­rio del do­mi­nio que ejer­cie­ron los bri­tá­ni­cos has­ta 1966. Ca­mi­na a lo lar­go de Bay Street para ad­mi­rar in­tere­san­tes mues­tras de ar­qui­tec­tu­ra co­lo­nial, co­mo la ca­sa de Geor­ge Was­hing­ton (el úni­co si­tio fue­ra de Estados Unidos don­de ha­bi­tó) y la guar­ni­ción de St. Ann, una de las cons­truc­cio­nes mi­li­ta­res in­gle­sas más an­ti­guas en el Caribe. Continúa so­bre Bay Street hacia el no­roes­te has­ta lle­gar al río Cons­ti­tu­tion. En su ori­lla nor­te se ubi­can el edi­fi­cio del Par­la­men­to de Bar­ba­dos —de in­ne­ga­bles aires vic­to­ria­nos— y un mo­nu­men­to a lord Ho­ra­tio Nel­son que te remitirá a Tra­fal­gar Squa­re, en Londres.

¿Qué hacer? El li­to­ral su­r­oes­te de Brid­ge­town es fá­cil de re­co­rrer. Comienza en Wick­ham Le­wis Board­walk, un pa­seo cos­te­ro ro­dea­do de her­mo­sos par­ques y pla­yas. Ca­mi­na en­tre sus edi­fi­cios his­tó­ri­cos y visita las tien­das de ron ins­ta­la­das en ca­so­nas de estilo eu­ro­peo. És­te es un lugar ideal para ob­ser­var a los lu­ga­re­ños, así que le­ván­ta­te del ca­mas­tro y úne­te a su estilo de vida in­for­mal. No ol­vi­des sin­cro­ni­zar tu re­loj con “el ho­ra­rio de la isla”, pues Brid­ge­town no es una ciudad para ir a pri­sa. El lado sur del río Cons­ti­tu­tion es la me­jor zo­na para ex­pe­ri­men­tar la cul­tu­ra ca­fe­te­ra de la ciudad, mien­tras que re­co­rrer el mer­ca­do de pes­ca­dos re­sul­ta ideal para ab­sor­ber un po­co del color lo­cal. Conoce el pro­ce­so de pro­duc­ción de la be­bi­da fa­vo­ri­ta de Bar­ba­dos en la des­ti­le­ría de ron Mount Gay Rum (mount­gay­rum.com). Los aman­tes del cric­ket de­ben di­ri­gir­se al es­ta­dio Ken­sing­ton Oval (ken­sing­to­no­val.org) para ver un par­ti­do o hacer un re­co­rri­do por sus ins­ta­la­cio­nes. Re­gre­sa al puer­to al fi­na­li­zar el día y ad­mi­ra la pues­ta de Sol a bor­do de un ca­ta­ma­rán (sail­ca­la­ba­za.com).

¿Dón­de que­dar­se? Si­gue por la cos­ta hacia el nor­te has­ta to­par­te con The Sand­pi­per (sand­pi­per­bar­ba­dos.com), nues­tro ho­tel fa­vo­ri­to de esta se­lec­ción. Ro­dea­do por jar­di­nes tro­pi­ca­les, se tra­ta de un re­fu­gio ín­ti­mo y pa­cí­fi­co. Si gus­tas es­tar más cer­ca de la ac­ción, el ho­tel bou­ti­que Little Ar­ches

(littlear­ches.com) ofre­ce un hos­pe­da­je que combina los es­ti­los de las An­ti­llas y el Me­di­te­rrá­neo. Su ubi­ca­ción, jus­to so­bre En­ter­pri­se Beach, lo man­tie­ne le­jos de los re­sorts más gran­des y con­cu­rri­dos. Cer­ca de ahí se en­cuen­tra San­dals (san­dals.

com), de cu­ya ofer­ta de hos­pe­da­je so­bre­sa­len tres vi­llas pri­va­das con servicio to­do in­clui­do. Por su par­te, Wa­ves Ho­tel & Spa (ele­gant­ho­tels.com) se con­ver­ti­rá en el lugar fa­vo­ri­to de los he­do­nis­tas por su gran va­rie­dad de tra­ta­mien­tos de spa.

¿Dón­de co­mer y beber? Co­mo en la ma­yo­ría de las is­las, el pes­ca­do es­tá en el co­ra­zón de la co­ci­na bar­ba­den­se, y los lu­ga­re­ños saben exac­ta­men­te dón­de con­se­guir el me­jor. Cruz Fish Shack, en la zo­na de Need­ham’s Point, es un pe­que­ño lo­cal que sir­ve el famoso cutter, un sánd­wich con pan cru­jien­te, pes­ca­do vo­la­dor fri­to (el pez na­cio­nal) y sal­sa de pi­mien­ta ro­sa. Lo­ca­li­za­do al sur, Ois­tins Fish Fry es to­da una ins­ti­tu­ción. Los vier­nes por la no­che, una ecléc­ti­ca con­cu­rren­cia ha­ce fi­la fren­te a la pla­ya para co­mer su mahi-mahi fri­to o a la pa­rri­lla, su pez es­pa­da o el atún con cou-cou (quim­bom­bó y ha­ri­na de maíz). Cer­ca de la Pla­za de la Independencia es­tá Wa­ter­front Ca­fé

(wa­ter­front­ca­fe.com.bb), que du­ran­te 30 años se ha mantenido co­mo el fa­vo­ri­to para ver presentaciones mu­si­ca­les en vi­vo.

¿Se te aca­ba el tiem­po? Visita los jar­di­nes bo­tá­ni­cos de An­dro­me­da (an­dro­me­da­bar­ba­dos.com). Po­drás ver a los mo­nos ver­des sal­tan­do de pal­ma en pal­ma con gran agi­li­dad.

Tip de via­je De­ja el tra­je de ba­ño de ca­mu­fla­je en ca­sa: en Bar­ba­dos es ile­gal usar es­te es­tam­pa­do a me­nos que seas miem­bro de la Fuer­za de De­fen­sa.

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