NOR­MA SAA­VE­DRA

En el mes de las ma­dres Con­mo­ve­do­ra en­tre­vis­ta \

Hola Nicaragua - - Contenido - Tex­to y pro­duc­ción: FÁ­TI­MA ARE­LLANO Fo­to­gra­fías: YORCH SANS Ves­tua­rio y cal­za­do: NINI’SFLAGSHIP STO­RE Ac­ce­so­rios: FASSINO JO­YE­RÍA Ca­be­llo: SALONE DIBIANCO Ma­qui­lla­je: ALEX MI­LLER, ES­TI­LIS­TA PRO­FE­SIO­NAL

LOS PRI­ME­ROS RE­CUER­DOS de in­fan­cia que vie­nen a la men­te de Nor­ma Saa­ve­dra son de cuan­do ju­ga­ba con sus mu­ñe­cas y les ha­cía sus ves­ti­di­tos pa­ra que tu­vie­ran un atuen­do di­fe­ren­te. Ella ju­ga­ba a que les cam­bia­ba la ro­pa, por­que un día sus mu­ñe­cas po­dían asis­tir a una fies­ta, otro día que­dar­se en ca­sa con la fa­mi­lia, o ha­cer reunio­nes con las amis­ta­des.

Pa­ra ca­da ac­ti­vi­dad, ha­bía un ves­ti­do. Y así, en su men­te de ni­ña, creó un mun­do de fan­ta­sía que tras­la­dó a la reali­dad. Su cos­tu­ra a mano tie­ne la per­fec­ción de una má­qui­na de co­ser; no se no­ta­ría la di­fe­ren­cia. Es un ta­len­to to­tal­men­te in­na­to que pu­so más en prác­ti­ca cuan­do na­ció su hi­ja Nor­ma Gó­mez, a quien ca­ri­ño­sa­men­te se le co­no­ce co­mo Ni­ní. Sin ha­cer pa­tro­nes ni cur­sos de cos­tu­ra, cor­ta­ba di­rec­ta­men­te en la te­la lo que se­rían los ves­ti­dos y fal­das de su hi­ja, otro ejem­plo que vio Ni­ní en su ma­má. Ca­sa­da des­de ha­ce 37 años con Re­né Gó­mez, Nor­ma se de­cla­ra ple­na, fe­liz y ben­de­ci­da por su fa­mi­lia y por el éxi­to per­so­nal y pro­fe­sio­nal de sus dos hi­jos.

—¿Qué ba­ses in­cul­có en sus hi­jos que hoy pue­da ver con sa­tis­fac­ción?

—Veo a mis hi­jos fe­li­ces en lo que ha­cen. Siem­pre les di­je que no hay na­da me­jor que pro­po­ner­se me­tas y cum­plir­las, y ellos son así, lo que se pro­po­nen lo lle­van a ca­bo. Les in­cul­qué tam­bién el amor por la fa­mi­lia, el res­pe­to, la uni­dad y es­ta­bi­li­dad que han vis­to en sus pa­dres en to­dos los años de casados que lle­va­mos.

—¿Aún lo­gran re­unir­se, pa­sar tiem­po en fa­mi­lia?

—An­tes ha­cía­mos to­das las ac­ti­vi­da­des jun­tos. Aho­ra, co­mo mi hi­jo ma­yor vi­ve en Es­ta­dos Uni­dos, Ni­ní y yo so­mos las que más ha­ce­mos co­sas jun­tas. Mi es­po­so Re­né no es de mu­cho sa­lir, pe­ro sí com­par­te tiem­po con no­so­tras, aún más tra­tán­do­se de tra­ba­jo o ase­so­ría. Él y yo pro­cu­ra­mos sa­lir los sá­ba­dos, un tiem­po pa­ra los dos.

—¿Có­mo ha si­do la ex­pe­rien­cia de tra­ba­jar con su hi­ja?

—No­so­tras siem­pre he­mos si­do muy uni­das. No hay na­da que ella no me consulte. So­mos un buen equi­po jus­ta­men­te por­que en per­so­na­li­dad, so­mos di­fe­ren­tes. Ni­ní es más so­cia­ble, tie­ne fa­ci­li­dad de pa­la­bras, se ex­pre­sa me­jor en pú­bli­co que yo y sa­be ser la ima­gen de su mar­ca. En cam­bio, yo soy tí­mi­da y no me gus­ta ha­blar mu­cho, pe­ro soy bue­na ad­mi­nis­tran­do y en to­do lo que ella ne­ce­si­te, siem­pre es­ta­ré ahí.

—¿Lo­gran se­pa­rar los te­mas de tra­ba­jo en la ca­sa?

—Yo no, no he po­di­do por­que aho­ra te­ne­mos me­nos tiem­po. Ni­ní asis­te a mu­chas ac­ti­vi­da­des y a ve­ces no lo­gra­mos con­ver­sar de al­go que te­ne­mos que ha­cer, por eso, lo abor­da­mos en la ca­sa. Pe­ro no es siem­pre, tam­bién com­par­ti­mos tiem­po en fa­mi­lia.

—Y en gus­tos, ¿se pa­re­cen?

—En gus­tos so­mos ca­si igua­les. Nos gus­ta via­jar, com­prar, an­dar en la ca­lle. Com­pro mu­cho pa­ra ella, me en­can­ta.

“Les in­cul­qué a mis hi­jos el amor por la fa­mi­lia, el res­pe­to, la uni­dad y es­ta­bi­li­dad que han vis­to en sus pa­dres en to­dos los años de casados que lle­va­mos”

«Veo a mis hi­jos fe­li­ces en lo que ha­cen. Siem­pre les di­je que no hay na­da me­jor que pro­po­ner­se me­tas y cum­plir­las, y ellos son así, lo que se

pro­po­nen lo lle­van a ca­bo»

La mo­da tam­bién me gus­ta mu­cho, pe­ro veo la ro­pa no tan­to co­mo mo­da, sino co­mo ar­te. Yo ha­cía los ves­ti­dos de ella. Las ma­nua­li­da­des me en­can­tan, ha­cer co­sas con mis ma­nos me gus­ta.

—¿Có­mo sur­gió su gus­to por la cos­tu­ra? —Des­de pe­que­ña ha­cía los ves­ti­dos de mis mu­ñe­cas, me en­can­ta­ba. Apren­dí a ha­cer un ti­po de cos­tu­ra co­mo el de una má­qui­na de co­ser. Es­tu­dié in­ge­nie­ría in­dus­trial, nun­ca hi­ce cur­sos de cos­tu­ra, por­que no me gus­ta ha­cer pa­tro­nes; di­bu­jar en pa­pel y lue­go en la te­la, sien­to que es do­ble tra­ba­jo. Yo ha­cía las fal­das y los ves­ti­dos di­rec­ta­men­te en la te­la. Ya cuan­do na­ce Ni­ní co­men­cé a ha­cer sus ves­ti­dos. Has­ta que na­ció, lo desa­rro­llé más. Siem­pre he di­cho que es­tu­dié in­ge­nie­ría, por­que me las in­ge­nio pa­ra to­do.

—¿Los di­se­ños de su hi­ja pa­san por su vis­to bueno?

—Sí, to­do, por­que te­ne­mos una bue­na co­mu­ni­ca­ción y ella con­fía en mi cri­te­rio. Yo le ayu­do a es­co­ger las te­las, a or­ga­ni­zar un po­co el ta­ller y lle­var el con­trol de la tien­da. Ve­mos los di­se­ños y cuan­do ya es­tá la pren­da, ayu­do en el con­trol de ca­li­dad.

—Sien­do una ma­má in­con­di­cio­nal, ¿có­mo se ima­gi­na que se­ría con sus nie­tos cuan­do sur­jan?

Me ima­gino una abue­la de com­prar mu­chas co­sas pa­ra mis nie­tos. Es­pe­ro po­der dis­fru­tar­los, te­ner el tiem­po pa­ra cui­dar­los, ju­gar con ellos y ver­los cre­cer.

NI­NÍ FAS­HION

Ni­ní una jo­ven di­se­ña­do­ra muy ta­len­to­sa. Di­ce es­tar en la me­jor eta­pa de su vi­da, más ma­du­ra, in­de­pen­dien­te y fe­liz. Es­tá cum­plien­do to­dos sus sue­ños, al­go que re­co­no­ce que no ha­bría si­do po­si­ble sin el apo­yo in­con­di­cio­nal de su fa­mi­lia. En­tre ri­sas, di­ce que su pa­pá es su abo­ga­do, aun­que es eco­no­mis­ta, por­que es tan cul­to y sa­bio, que siem­pre tie­ne las pa­la­bras opor­tu­nas pa­ra ella, los me­jo­res con­se­jos. Fí­si­ca­men­te y en tem­pe­ra­men­to, sien­te que se pa­re­ce más a su pa­pá. En ca­rác­ter, ya tie­ne una mez­cla de am­bos.

—Cuén­ta­nos so­bre la re­la­ción con tu ma­má.

—Mi ma­má es la per­so­na que me co­no­ce per­fec­ta­men­te. Ha si­do un pi­lar fun­da­men­tal y es mi me­jor ami­ga. Es la per­so­na en quien con­fío. Un sue­ño pa­ra am­bas es la mar­ca, la cual en­glo­ba mu­chas otras de La­ti­noa­mé­ri­ca. Ella ha si­do mi im­pul­so, siem­pre ha creí­doen mí y me ha apo­ya­do en to­do. En los mo­men­tos que al­guien qui­zás di­jo que no, o no cre­yó, ella sí. Son mis ojos, es la ad­mi­nis­tra­do­ra de la tien­da y es mi “Mom ma­na­ger”. Ella es­tá en to­do. Pa­ra mí, ella es la me­jor y mis amis­ta­des tam­bién la ven con ca­ri­ño.

—¿Qué es lo más im­por­tan­te que has apren­di­do de ella?

—Los va­lo­res que nos ha in­cul­ca­do. Ella es muy sin­ce­ra, sin ser hi­rien­te. Siem­pre nos ha en­se­ña­do a ha­cer las co­sas bien, con leal­tad. Nun­ca le he co­no­ci­do vi­cios y es ho­ga­re­ña. A mi her­mano y a mí, nos en­se­ñó a lle­var las cuen­tas cla­ras. Ese es un le­ga­do.

—¿En qué eta­pa de tu vi­da es­tás? —Siem­pre he creí­do que cuan­do ha­ces lo que te gus­ta, es­tás bien, con­si­gues paz. Uno tie­ne que ha­cer lo que le gus­ta y en­fo­car­se en ser lo me­jor, ser fe­liz y dar gra­cias a Dios. Es­toy en la me­jor eta­pa de mi vi­da, ten­go 30 años y es­toy fe­liz. Sien­to que a es­ta edad uno es más ma­du­ro, con­se­guís ver me­jor las co­sas y en el tra­ba­jo te va me­jor por­que vi­sua­li­zas más me­tas y opor­tu­ni­da­des, además de lo­grar in­de­pen­den­cia eco­nó­mi­ca. De­fi­ni­ti­va­men­te, soy más agra­de­ci­da y me sien­to más ben­de­ci­da.

—Has ini­cia­do un no­viaz­go. ¿Es pron­to pa­ra sa­ber có­mo te ves a fu­tu­ro?

—No soy de ha­cer­me pre­gun­tas a fu­tu­ro en lo per­so­nal, so­lo en lo la­bo­ral. Mi no­viaz­go lo es­toy de­jan­do fluir, ba­sa­do en el res­pe­to, el amor, ha­blar con ca­ri­ño, creo que eso lo he vis­to en mi nú­cleo fa­mi­liar. Me sien­to en una re­la­ción es­ta­ble y la es­toy de­jan­do fluir. Au­gus­to me apo­ya mu­cho en mi tra­ba­jo, es fo­tó­gra­fo del blog y cree mu­cho en mí. La ad­mi­ra­ción mu­tua ha si­do cla­ve.

—Cuan­do ten­gas tus hi­jos, ¿qué ti­po de ma­dre crees que se­rás?

—Cuan­do sea ma­dre voy a te­ner un re­to bien gran­de por­que voy a desear pa­re­cer­me a mi ma­má y con lo que lo­gre ser la mi­tad de lo que ella es, se­rá su­fi­cien­te. Quie­ro se­guir el ejem­plo de mi ma­dre, ser in­con­di­cio­nal, edu­car con amor y res­pe­to y lo­grar que me vean co­mo a una ami­ga, así co­mo yo veo a la mía.

Nor­ma po­sa jun­to a su be­lla hi­ja Ni­ní y su es­po­so Re­né en ex­clu­si­va pa­ra ¡HO­LA! «Me ima­gino una abue­la de com­prar mu­chas co­sas pa­ra mis nie­tos. Es­pe­ro po­der dis­fru­tar­los, te­ner el tiem­po pa­ra cui­dar­los, ju­gar con ellos y ver­los cre­cer», ase­gu­ra Nor­ma.

«Co­mo mi hi­jo ma­yor vi­ve en Es­ta­dos Uni­dos, Ni­ní y yo so­mos las que más ha­ce­mos co­sas jun­tas. Mi es­po­so Re­né no es de mu­cho sa­lir, pe­ro sí com­par­te tiem­po con no­so­tras»

Los pri­me­ros re­cuer­dos de in­fan­cia que vie­nen a la men­te de Nor­ma Saa­ve­dra son de cuan­do ju­ga­ba con sus mu­ñe­cas y les ha­cía sus ves­ti­di­tos pa­ra que tu­vie­ran un atuen­do di­fe­ren­te. Ella ju­ga­ba a que les cam­bia­ba la ro­pa, por­que un día sus mu­ñe­cas po­dían asis­tir a una fies­ta, otro día que­dar­se en ca­sa con la

fa­mi­lia, o ha­cer reunio­nes con las amis­ta­des.

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