VERONA PEÑALBA

Crea­ti­vi­dad En la ci­ma de la

Hola Nicaragua - - Contenido - Tex­to y pro­duc­ción: FÁ­TI­MA ARE­LLANO. Fo­to­gra­fías: YORCH SANS. Peinado y ma­qui­lla­je: TRÉS JO­LIE.

LA AR­TIS­TA COM­PAR­TE CON ¡HO­LA! SU TRA­YEC­TO­RIA POR EL MUN­DO DEL AR­TE Y LA DUL­CE ES­PE­RA DE SU PRI­ME­RA HI­JA, ELLA

ES­TA JO­VEN pin­to­ra, a quien le co­rre el ar­te por sus ve­nas y flu­ye por to­dos sus sen­ti­mien­tos, nie­ta del gran Ro­dri­go Peñalba, pri­mer ex­po­nen­te de la pin­tu­ra mo­der­na en Ni­ca­ra­gua, es­tá en una de las eta­pas más im­por­tan­tes de to­da mu­jer: crea­ción. Lle­va a Ella en su vien­tre y con gran emo­ción y amor, es­pe­ra su pron­to na­ci­mien­to. Sa­be que se­rá su me­jor com­pa­ñía, sue­ña con ver­la a su la­do, que la ob­ser­va son­rien­do mien­tras pin­ta.

Se la ha ima­gi­na­do, pe­ro no se ha atre­vi­do a di­bu­jar­la. Quie­re es­pe­rar a des­per­tar de su sue­ño, abrir los ojos y ver­la. Con­tem­plar su ros­tro se­rá de mu­cho de­lei­te pa­ra Verona, pues tie­ne es­pe­cial atrac­ción por los re­tra­tos, su se­llo per­so­nal co­mo pin­to­ra.

To­do se re­mon­ta a su in­fan­cia, las obras de su abue­lo Ro­dri­go Peñalba son el gé­ne­sis de su in­fluen­cia ar­tís­ti­ca. Siem­pre ro­dea­da de pin­tu­ra y de ar­tis­tas, ver el ros­tro de al­guien en un es­pa­cio de la ca­sa, ha si­do muy na­tu­ral. “To­da mi vi­da he es­ta­do ro­dea­da de re­tra­tos. En ca­sa de mi pa­dre y mi abue­la hay cua­dros de mi abue­lo. Su pre­sen­cia siem­pre es­tá en to­dos la­dos, aun­que él ya no es­té en­tre no­so­tros. Pa­ra mí ha si­do muy nor­mal ver en un cua­dro el ros­tro de al­guien que co­noz­co. En la ca­sa de mi her­ma­na, hay un re­tra­to de mi abue­la, y yo la veo ahí, aun­que ya no es­té en vi­da. Te­ner esa pre­sen­cia de al­guien en un es­pa­cio, aun­que ya no es­té con uno, ha sig­ni­fi­ca­do mu­cho pa­ra mí”.

—¿En qué mo­men­to de­ci­dis­te de­di­car­te por com­ple­to a la pin­tu­ra?

—Em­pe­cé a pin­tar ya más se­ria­men­te a los 18 años. Me he de­di­ca­do a pin­tar por tiem­po com­ple­to des­de ha­ce 4 años. Des­cu­brí la fa­ci­li­dad que te­nía pa­ra trans­mi­tir lo que veía. No es un rea­lis­mo, por­que no pinto así, pe­ro ten­go la fa­ci­li­dad. Esa ha­bi­li­dad me lle­vó a dis­fru­tar­lo mu­cho, a que ca­da mo­men­to que tu­vie­ra li­bre, des­pués de mi uni­ver­si­dad o tra­ba­jo, qui­sie­ra pin­tar. La gen­te em­pe­zó a mos­trar mu­cho in­te­rés en mi tra­ba­jo y una fuer­za en mí me de­cía que me de­di­ca­ra por com­ple­to. Dis­fru­to ha­cer­lo to­do el tiem­po, me lle­na de buen hu­mor y es pla­cen­te­ro ir vien­do la me­ta que deseas al­can­zar con ca­da cua­dro.

—¿En Ita­lia per­fec­cio­nas­te tu vo­ca­ción?

—Sí. Cuan­do des­cu­brí que que­ría es­tu­diar ar­te co­mo se­gun­da ca­rre­ra, de­ci­dí ir a Ita­lia, de don­de mi abue­li­ta era ori­gi­na­ria. Me mu­dé, con­se­guí un tra­ba­jo y en­con­tré a una pro­fe­so­ra aus­tra­lia­na muy bue­na que ha­bía te­ni­do su ta­ller en Flo­ren­cia y en Nue­va York y se aca­ba­ba de mu­dar a Roma. Re­ci­bía cla­ses los fi­nes de se­ma­na de di­bu­jo, car­bon­ci­llo y de óleo. Era una ri­que­za ir ca­da fin de se­ma­na con ella. Me en­se­ñó la téc­ni­ca pa­ra pin­tar rea­lis­mo, có­mo ma­ne­jar el co­lor, las som­bras, to­do co­mo un bá­si­co. Es­tu­ve año y me­dio allá.

—Ve­mos mu­chos ros­tros en tus obras. ¿Te gus­ta el ar­te fi­gu­ra­ti­vo?

—Es una de­ci­sión muy per­so­nal. Pa­ra mí, las pin­tu­ras son re­tra­tos, ins­tin­ti­va­men­te. Me gus­tan los cua­dros de gen­te, de cuer­pos, ros­tros. Lo fi­gu­ra­ti­vo me per­mi­te esa co­ne­xión con las per­so­nas. A ni­vel per­so­nal, me gus­ta co­no­cer y ob­ser­var el por­qué de ca­da per­so­na, de cier­ta ma­ne­ra pue­do re­fle­jar lo que es­tá den­tro de mí.

—Há­bla­nos so­bre la in­cli­na­ción de tu téc­ni­ca.

—Uti­li­zo ma­yor­men­te acrí­li­co por­que es un me­dio más ver­sá­til, que me ayu­da a ha­cer co­sas di­fe­ren­tes que qui­zás el óleo no lo per­mi­te. Yo uso acrí­li­co so­bre pa­pel o so­bre ma­de­ra es­pe­cial­men­te. El acrí­li­co so­bre pa­pel es una mez­cla de acua­re­la con acrí­li­co, yo aguado mu­cho el acrí­li­co y lo uso co­mo acua­re­la, es una mez­cla de esas dos téc­ni­cas. So­bre ma­de­ra es una téc­ni­ca mu­cho más pe­sa­da, uso ma­ci­lla y es­pá­tu­la, pa­ra dar mo­vi­mien­tos más

grue­sos y pe­sa­dos, por­que la ma­de­ra me da so­li­dez, sien­to que pue­do des­car­gar más co­lor, más for­mas en el cua­dro. Am­bas me gus­tan: la fuer­za de la ma­de­ra y el co­lor, y la de­li­ca­de­za del pa­pel y del agua que tie­ne que ser muy su­til. La te­la la uso de vez en cuan­do, aho­ra es­toy más con el pa­pel y la ma­de­ra.

—En to­dos tus cua­dros la pre­sen­cia de los co­lo­res es asom­bro­sa. Sien­do ros­tros, ¿cuá­les son tus co­lo­res ba­se?

—Ten­go una ba­se de azul, ro­sa y ro­jo ma­yor­men­te. Siem­pre co­mien­zo con eso y en de­pen­den­cia del sen­ti­mien­to y la si­tua­ción me voy por co­lo­res más fríos o más cá­li­dos. Mis co­lo­res ba­se me per­mi­ten se­guir el ca­mino. Si es un re­tra­to me de­jo guiar por los co­lo­res na­tu­ra­les de la per­so­na pa­ra que se pue­da iden­ti­fi­car con lo que re­fle­ja, pe­ro tam­bién uso co­lo­res que no son la reali­dad pa­ra re­sal­tar la luz y las ca­rac­te­rís­ti­cas de esa per­so­na.

—¿Cuán­tas obras has rea­li­za­do en tu ca­rre­ra ar­tís­ti­ca?

—He rea­li­za­do más de 200 obras, vi­vien­do y ex­po­nien­do en­tre Re­pú­bli­ca Do­mi­ni­ca­na, Mia­mi e In­gla­te­rra. To­das se han ven­di­do, y eso co­mo pin­tor es de mu­cha sa­tis­fac­ción.

—¿Ex­pon­drás aquí en Ni­ca­ra­gua?

—Aho­ra que es­pe­ro a Ella, quie­ro com­par­tir mi ale­gría aquí en el país. Pre­sen­ta­ré 12 obras en for­ma­to gran­de que es­toy tra­ba­jan­do y otros 12 re­tra­tos que he he­cho pa­ra las per­so­nas, el 25 de Ma­yo en la Ga­le­ría Co­di­ce.

—¿Ella te ha ins­pi­ra­do?

— Ella me lle­na de tran­qui­li­dad emo­cio­nal y eso me per­mi­te pin­tar. Yo ten­go que es­tar tran­qui­la, re­la­ja­da y fe­liz pa­ra pin­tar y ex­pre­sar. Mi be­bé es­tá bien y me per­mi­te ejer­cer mi ca­rre­ra to­dos los días. Quie­ro que es­té a mi la­do, se­rá mi com­pa­ñe­ra. Me ima­gino pin­tan­do y ella vién­do­me, mi me­jor com­pa­ñía.

—¿Qué me­tas deseas se­guir tra­zan­do?

—Una me­ta cons­tan­te es ha­cer lo que me gus­ta, mos­trar a las per­so­nas las nue­vas obras que ha­go. Ca­da vez me des­cu­bro co­mo ar­tis­ta y quie­ro que la gen­te me acom­pa­ñe en ese pro­ce­so ar­tís­ti­co.

Es­ta jo­ven pin­to­ra, a quien le co­rre el ar­te por sus ve­nas y flu­ye por to­dos sus sen­ti­mien­tos, nie­ta del gran Ro­dri­go Peñalba, pri­mer ex­po­nen­te de la pin­tu­ra mo­der­na en Ni­ca­ra­gua, es­tá en una de las eta­pas más im­por­tan­tes de to­da mu­jer: crea­ción. «Aho­ra que es­pe­ro a Ella, quie­ro com­par­tir mi ale­gría aquí en el país y me gus­ta­ría rea­li­zar una ex­po­si­ción el 25 de Ma­yo. Quie­ro pre­sen­tar 12 obras en

for­ma­to gran­de» (SI­GUE)

«Ella me lle­na de tran­qui­li­dad emo­cio­nal y eso me per­mi­te pin­tar. Yo ten­go que es­tar tran­qui­la, re­la­ja­da y fe­liz pa­ra pin­tar y ex­pre­sar. Mi be­bé es­tá bien y me per­mi­te ejer­cer mi ca­rre­ra to­dos los días. Quie­ro que es­té a mi la­do, se­rá mi com­pa­ñe­ra. Me ima­gino pin­tan­do y ella vién­do­me, mi

me­jor com­pa­ñía» Verona lle­va a Ella en su vien­tre y con gran emo­ción y amor, es­pe­ra su pron­to na­ci­mien­to. Sa­be que se­rá su me­jor com­pa­ñía, sue­ña con ver­la a su la­do, que la ob­ser­va son­rien­do mien­tras pin­ta.

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