MA­NUEL AGUIRRE,

Res­tau­ran­do con amor y pa­sión

Hola Nicaragua - - 30 Minutos Con... - Texto y Pro­duc­ción: KARLA AGUILAR Fo­to­gra­fías: BERNABÉ MARTÍN

MA­NU, co­mo le di­cen de ca­ri­ño, na­ció con la pa­sión por la or­fe­bre­ría y el buen gus­to, es­tu­dió en Nue­va York y des­de en­ton­ces, se ha desa­rro­lla­do en mu­chas ac­ti­vi­da­des re­la­cio­na­das al di­se­ño y el ar­te. Hoy en día su ta­len­to por la jo­ye­ría lo ha lle­va­do a ser el res­tau­ra­dor de la vir­gen más que­ri­da por los hon­du­re­ños, la Vir­gen de Su­ya­pa.

—Na­cis­te en me­dio de una jo­ye­ría, cuén­ta­nos un po­co so­bre eso.

—¡Así es! Mis pa­dres te­nían una jo­ye­ría y re­cuer­do que lue­go de sa­lir del país pa­ra es­tu­diar ale­mán en Sui­za y or­fe­bre­ría en Nue­va York, a mi re­gre­so lo pri­me­ro que me en­co­men­da­ron fue co­brar­les a los clien­tes. Lue­go de unos años ellos cie­rran el ta­ller pe­ro yo me que­do con la pa­sión de las jo­yas. Re­cuer­do que cuan­do me fui a Sui­za, en un pue­bli­to me en­con­tré con un or­fe­bre y fue cuan­do me di­je que eso era lo que yo que­ría ser, y que que­ría te­ner mi ta­ller, y pues aquí es­toy ha­cien­do lo que me gus­ta y com­pla­cien­do a mis clien­tes.

—Apar­te de la or­fe­bre­ría, ¿en qué otros pro­yec­tos es­tás?

—Aho­ri­ta la mi­tad de mi tiem­po lo tra­ba­jo en El Mo­ri­to, soy el en­car­ga­do del res­tau­ran­te, tam­bién me en­car­go en oca­sio­nes de de­co­rar apar­ta­men­tos y es­toy muy en­fo­ca­do en mi pro­yec­to de res­tau­rar la Vir­gen de Su­ya­pa to­dos los años.

—¿Có­mo te in­vo­lu­cras en el pro­yec­to de la res­tau­ra­ción de la Vir­gen de Su­ya­pa?

—El in­te­rés por es­to na­ce ha­ce unos sie­te años, la pri­me­ra res­tau­ra­ción que hi­ce fue pa­ra la Ca­te­dral, don­de res­tau­ré la co­ro­na y la da­ga de la Vir­gen la Do­lo­ro­sa, des­pués de eso me fue­ron dan­do más pro­yec­tos de res­tau­ra­ción y de pron­to ha­ce cin­co años me lle­gó la invitación pa­ra ha­cer el pri­mer au­ra de la Vir­gen de Su­ya­pa que lo hi­ce en bron­ce con cris­ta­les.

—¿Có­mo fue la ex­pe­rien­cia de ha­cer nuevamente el au­ra de la Vir­gen pa­ra es­te año?

—A es­to yo lo lla­mo una se­ñal de Dios, en el 2015 yo re­nun­cié a mi tra­ba­jo en El Mo­ri­to y me que­dé sin em­pleo, re­cuer­do que era oc­tu­bre y yo lo úni­co que pen­sa­ba era que iba ha­cer en los si­guien­tes me­ses sin tra­ba­jo. Re­za­ba mu­cho por­que soy sú­per ca­tó­li­co y aho­ra es­te es un re­cuer­do que me en­can­ta, por­que mis ora­cio­nes se es­cu­cha­ron, to­dos los días le pe­día a Dios un tra­ba­jo y de pron­to me lla­ma­ron pa­ra que hi­cie­ra nuevamente el au­ra pa­ra es­te año y allí di­je que era una se­ñal de que Dios me de­cía que re­gre­sa­ra a la jo­ye­ría y que con es­te pro­yec­to me man­da­ba a que si­guie­ra con mi pa­sión.

—¿Qué sig­ni­fi­ca pa­ra ti es­te pro­yec­to de res­tau­ra­ción?

—¡Es al­go im­pre­sio­nan­te! Me lle­na de sa­tis­fac­ción y de ale­gría. No lo veo co­mo tra­ba­jo, es al­go que ha­go por amor. Es in­creí­ble por­que sien­to mu­cha ins­pi­ra­ción y sé que el Es­pí­ri­tu San­to es quien me guía. Es­te es un don que Dios me ha da­do y que me re­cuer­da que mi pa­sión es la or­fe­bre­ría. Ver a la mo­re­ni­ta con al­go que yo he he­cho me da ga­nas de llo­rar y es agra­da­ble.

—¿Có­mo te ha cam­bia­do es­ta ex­pe­rien­cia?

—Es al­go que me ha to­ca­do mu­cho, no es lo mis­mo ha­cer al­go ins­pi­ra­do pa­ra la Vir­gen, que ha­cer­lo pa­ra una clien­ta. Es­to me lle­na de mu­cha más res­pon­sa­bi­li­dad, por­que es al­go pa­ra el pue­blo hon­du­re­ño, que se usa­rá por pri­me­ra vez en la ce­le­bra­ción más gran­de de los ca­tó­li­cos en Hon­du­ras.

—¿Có­mo es tu per­so­na­li­dad?

—Soy una per­so­na sú­per tran­qui­la, soy bien re­la­ja­do, me en­can­ta la fies­ta, no soy enoja­do y soy sú­per ami­gue­ro. Creo mu­cho en la amis­tad pe­ro así co­mo soy ami­go y me en­tre­go, así me des­apa­rez­co.

—¿Qué ha­ces en tu tiem­po li­bre?

—¡No ten­go tiem­po li­bre! Pa­so tra­ba­jan­do to­do el tiem­po. Lo que ha­go a ve­ces es sa­lir con mis ami­gos o a to­mar un ca­fé con la fa­mi­lia. Pe­ro den­tro de mis nue­vos pro­yec­tos es­tá de­di­car más tiem­po pa­ra mí y pa­ra mi fa­mi­lia, por­que he com­pren­di­do que no to­do es tra­ba­jo en la vi­da.

—¿Có­mo te sien­tes en es­te mo­men­to de tu vi­da?

—¡Fe­liz! Soy una per­so­na fe­liz, ten­go una fa­mi­lia ma­ra­vi­llo­sa, ten­go bue­nos ami­gos, ten­go sa­lud y ten­go tra­ba­jo.

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