ER­NES­TO LÓ­PEZ

her­mo­sa fa­mi­lia Nos pre­sen­ta a su

Hola Nicaragua - - News - Tex­to: MAU­RI­CIO MON­GE Fo­to­gra­fía: ERICK MONTERROSA Pro­duc­ción: KA­REN TO­RRES Ma­qui­lla­je y Pei­na­do: JAMFER SA­LON & BAR­BE­RÍA

ES­TA­BAN DES­TI­NA­DOS a es­tar

jun­tos. Su his­to­ria na­ció en el 2013 cuan­do Mar­got de­ci­dió via­jar des­de su país na­tal, Bél­gi­ca, pa­ra alis­tar­se en un pro­gra­ma de vo­lun­ta­ria­do en Ni­ca­ra­gua. Emo­cio­na­da por co­no­cer el tró­pi­co ame­ri­cano, la be­lla eu­ro­pea co­no­ció a Er­nes­to des­pués de uno de sus con­cier­tos y… el res­to es his­to­ria. Des­pués de un año de ma­tri­mo­nio, lle­gó No­gal, un her­mo­so y ri­sue­ño ni­ño que les da mi­les de ra­zo­nes pa­ra vi­vir. Los tres es­tán in­vo­lu­cra­dos co­mo fa­mi­lia en la lu­cha por la con­ser­va­ción del me­dio am­bien­te. ¡HO­LA! con­ver­só en ex­clu­si­va con la pa­re­ja pa­ra co­no­cer más de sus vi­das, sus emo­cio­nes, sus pa­sio­nes y sus pro­yec­tos. —Mar­got, ¿có­mo fue que lle­gas­te a Ni­ca­ra­gua? —Vi­ne de va­ca­cio­nes con mi ma­má. Me iba a que­dar solo tres se­ma­nas ha­cien­do cam­pa­ñas y vo­lun­ta­ria­do pa­ra una ONG. Me gus­tó mu­cho el país y co­men­cé a re­tra­sar mi re­gre­so, me que­dé un mes, dos me­ses y al fi­nal de­ci­dí que­dar­me. —¿De dón­de eres? ¿Cuán­do lle­gas­te? Soy de Bél­gi­ca. En el 2013 lle­gué a Ni­ca­ra­gua. —¿Qué es lo que más te gus­ta del país? —Me gus­ta el cli­ma, la luz, el sol, los co­lo­res, las fru­tas, to­do lo tro­pi­cal. La gen­te tam­bién, por­que es —¿Sa­bías es­pa­ñol o lo apren­dis­te acá? —Sa­bía. Des­de ni­ña mi ma­má me lo en­se­ñó por­que le en­can­ta­ba. La cul­tu­ra la­ti­na era su pa­sión y te­ner una fa­mi­lia la­ti­na su sue­ño; y yo se lo hi­ce reali­dad (Ri­sas). —¿Có­mo fue que co­no­cis­te a Ma­tu­te? —Lo co­no­cí en un con­cier­to en el que el no to­ca­ba, era par­te del pú­bli­co y un ami­go en co­mún nos pre­sen­tó. —Ni­ca­ra­gua tam­bién te dio un hi­jo… —Sí, me dio un hi­jo, fue un re­ga­lo muy bo­ni­to. —Ma­tu­te, ¿có­mo vi­ves es­ta nue­va eta­pa de pa­ter­ni­dad?

«Des­de el pri­mer día que la vi me enamo­ré to­tal­men­te de ella, fue amor a pri­me­ra vis­ta y ca­da vez que la mi­ro si­go sin­tien­do lo mis­mo. Es muy bo­ni­to es­tar con al­guien que te des­pier­ta

emo­cio­nes tan her­mo­sas»

—An­tes de co­no­cer a Mar­got no es­ta­ba se­gu­ro de desear ser pa­dre, pe­ro cuan­do la co­no­cí, en un mes ya que­ría te­ner un hi­jo con ella. Fue al­go muy bo­ni­to. An­tes de cum­plir el año de es­tar jun­tos que­dó em­ba­ra­za­da, lo pla­ni­fi­ca­mos y fue una ex­pe­rien­cia ma­ra­vi­llo­sa. Me ha per­mi­ti­do cam­biar mi vi­da, com­pren­der me­jor a mis pa­dres y en­fo­car­me en las prio­ri­da­des que con­si­de­ro más im­por­tan­tes; ade­más ten­go la suer­te de tra­ba­jar y vi­vir en el mis­mo lu­gar en el que es­tá mi hi­jo, así que pue­do com­par­tir mu­cho con él. Es­tá apren­dien­do un mon­tón con solo vi­vir en es­te lu­gar. La ver­dad es que es­ta­mos muy fe­li­ces. —¿Di­ces que te cam­bió la vi­da? —Por su­pues­to. Re­nun­cié a la vi­da de gi­ras y con­cier­tos pa­ra es­tar pre­sen­te en los pri­me­ros años de mi hi­jo, por­que via­ja­ba mu­cho y no es­ta­ba en las no­ches o lle­ga­ba tar­de. En ese en­ton­ces sur­gió la opor­tu­ni­dad de crear el pro­yec­to am­bien­tal “Pa­pa­choa”, al que lue­go del na­ci­mien­to de mi hi­jo de­ci­dí de­di­car­me por com­ple­to, así que sí, ha si­do un gran cam­bio. —Ha­ble­mos del nom­bre que es­co­gie­ron pa­ra el ni­ño. —Ele­gi­mos No­gal en ho­nor a un ár­bol que en Ni­ca­ra­gua es­tá pe­li­gro de ex­tin­ción. Solo cre­ce en las mon­ta­ñas al­tas y tie­ne una ma­de­ra pre­cio­sa. El pro­yec­to que te­ne­mos en el Ma­ci­zo de Peñas Blan­cas bus­ca pro­te­ger más de 250 ár­bo­les de es­te ti­po y tam­bién sem­bra­mos nue­vos. Es una es­pe­cie muy im­por­tan­te y con un al­to ni­vel sim­bó­li­co. A eso se de­be el nom­bre

de nues­tro pe­que­ño. —¿Qué ti­po de pa­pá te con­si­de­ras? —Un pa­pá muy ju­gue­tón. —¿Qué te gus­ta­ría trans­mi­tir­le en el fu­tu­ro a tu hi­jo? —La im­por­tan­cia de cui­dar el agua, cui­dar los bos­ques y ha­cer el bien a to­das las per­so­nas, in­clu­so a las que son ma­las o nos ha­cen da­ño. Me en­can­ta­ría que su desa­rro­llo emo­cio­nal le per­mi­ta vi­vir bien en un mun­do que pre­sen­ta gran­des desafíos am­bien­ta­les, so­cia­les y eco­nó­mi­cos. En de­fi­ni­ti­va, pa­ra mí es muy im­por­tan­te que desa­rro­lle sus emo­cio­nes y su es­pi­ri­tua­li­dad pa­ra que pue­da vi­vir bien. —¿A quién di­rías que se pa­re­ce? —El y yo te­ne­mos los mis­mos ojos y la mis­ma na­riz, es de­li­ca­do y al­to y res­pec­to a su per­so­na­li­dad, por lo que ve­mos, No­gal al igual que yo sa­be lo que quie­re, a pe­sar de ser muy pe­que­ño. —¿Les gus­ta­ría te­ner más hi­jos? —Me en­can­ta­ría te­ner una hi­ja, pe­ro al mis­mo tiem­po me pon­go a pen­sar en la si­tua­ción del mun­do. En reali­dad le es­toy dan­do tiem­po a mi men­te, a mi co­ra­zón y, por su­pues­to, a Mar­got; pa­ra to­mar esa de­ci­sión más ade­lan­te. Aho­ri­ta es­ta­mos a full dis­fru­tan­do, edu­can­do y cul­ti­van­do a No­gal. —Cuén­ta­me de tu re­la­ción con Mar­got, ¿qué les gus­ta ha­cer jun­tos?, ¿qué man­tie­ne vi­va la lla­ma? —Me en­can­ta Mar­got. Des­de el pri­mer día que la vi me enamo­ré to­tal­men­te de ella, fue amor a pri­me­ra vis­ta y ca­da vez que la mi­ro si­go sin­tien­do lo mis­mo. Es muy bo­ni­to es­tar con al­guien que te de-

spier­ta emo­cio­nes tan her­mo­sas. Es una mu­jer hu­mil­de y sim­pá­ti­ca. Una per­so­na con un ca­ris­ma con­ta­gio­so. A uno le dan ga­nas de es­tar cer­ca de ella por­que, ade­más de ser be­lla, es muy di­ver­ti­da, y es­pon­tá­nea. Tam­bién me en­can­ta es­tar con ella por­que sien­to que com­par­te mi vi­sión y mi mi­sión y las com­ple­men­ta con su for­ma di­ver­ti­da de ver al mun­do, le da li­ge­re­za al pro­yec­to, a la fa­mi­lia y a la vi­da en pa­re­ja. Es muy bo­ni­ta nues­tra con­vi­ven­cia. —Otra de tus gran­des pa­sio­nes es la mú­si­ca. —Des­de muy ni­ño me en­can­tó la mú­si­ca y su­pe que me iba a de­di­car a ella. He te­ni­do una ca­rre­ra lle­na de obs­tácu­los, de lo­gros, de fra­ca­sos y de éxi­tos. He com­par­ti­do con mu­chas ban­das en Ni­ca­ra­gua y en Es­ta­dos Uni­dos. To­co la ba­te­ría des­de los sie­te años, por lo que ten­go una re­la­ción muy pro­fun­da con la per­cu­sión. Lle­vo más de 15 años de to­car pro­fe­sio­nal­men­te, pues co­men­cé muy jo­ven. To­qué va­rios años con una ban­da que el año pa­sa­do es­tu­vo no­mi­na­da a un Grammy, una ex­pe­rien­cia úni­ca que va a que­dar gra­ba­da en mi vi­da. En es­te mo­men­to no es­toy muy en­fo­ca­do en la mú­si­ca, por el be­bé, pe­ro ten­go el pro­yec­to de for­mar un gru­po que va a sa­lir el pró­xi­mo año, así que me man­ten­go co­nec­ta­do, bus­can­do qué ha­cer y en­con­tran­do, po­co a po­co, el equi­li­brio en­tre el tra­ba­jo am­bien­tal y el mu­si­cal. —¿Có­mo de­ci­dis­te ha­cer una pau­sa con tu gru­po y de­di­car­te a “Pa­pa­choa”, tu pro­yec­to am­bien­tal? —Aun­que com­bi­na­ba las dos co­sas el des­gas­te era mu­cho y cuan­do tu­vi­mos a nues­tro hi­jo de­ci­dí que que­ría ser un pa­dre pre­sen­te y es­tar ahí, cam­biar pa­ña­les y ayu­dar a Mar­got. Fue cuan­do to­mé la du­ra de­ci­sión de de­jar a mis her­ma­nos de La Cu­ne­ta y de­di­car­me a “Pa­pa­choa” y a No­gal. Igual man­te­ne­mos una re­la­ción muy bo­ni­ta, a ve­ces to­co con ellos en al­gu­nos con­cier­tos, pe­ro tie­ne que ser al­go muy pun­tual. —Y ha­blan­do de tu mi­sión am­bien­tal, ¿cuál es el ob­je­ti­vo? —Es una mi­sión com­par­ti­da con va­rias per­so­nas. La idea ini­cial fue de nues­tra que­ri­da So­nia Cruz de Bal­to­dano, que creó es­tá re­ser­va de más de mil man­za­nas. Es­ta­ba en la bús­que­da de al­go pa­ra ha­cer con la co­mu­ni­dad de San­ta Ju­lia y en un gru­po de per­so­nas con el que me reunía sur­gió la idea de em­pe­zar a ha­cer pro­yec­tos de­di­ca­dos a tres co­sas muy pun­tua­les: la pri­me­ra es crear un cen­tro cul­tu­ral pa­ra pro­mo­ver la edu­ca­ción am­bien­tal, mu­si­cal y ar­tís­ti­ca; la se­gun­da es de­di­car­se a la agri­cul­tu­ra or­gá­ni­ca y la ter­ce­ra es ge­ne­rar una sim­bio­sis con el tu­ris­mo, pa­ra que sea un mo­tor eco­nó­mi­co, com­par­tir lo que ha­ce­mos y atraer a gen­te que de igual for­ma pue­da trans­mi­tir­nos sus ex­pe­rien­cias. La idea de “Pa­pa­choa” es crear una co­mu­ni­dad sos­te­ni­ble. —Ha­blan­do de la si­tua­ción ac­tual en Ni­ca­ra­gua, ¿qué crees que es­tás apor­tan­do pa­ra con­ser­var el me­dio am­bien­te? —Creo que es im­por­tan­te crear la con­cien­cia de que al­go es­tá mal. Lo he­mos he­cho a tra­vés de ban­das mu­si­ca­les, do­cu­men­ta­les y cam­pa­ñas de lim­pie­za. Aho­ra, con es­te pro­yec­to, lo que que­re­mos de­mos­trar es que se pue­den crear lu­ga­res via­bles y afi­nes con el me­dio am­bien­te, tam­bién des­de los as­pec­tos so­cia­les y cul­tu­ra­les; pa­ra cam­biar la si­tua­ción. El ciu­da­dano tie­ne una res­pon­sa­bi­li­dad, por lo que no es co­rrec­to echar­le to­da la cul­pa al go­bierno o a las em­pre­sas. Ca­da uno de no­so­tros tie­ne un vo­to a la ho­ra de com­prar un pro­duc­to o de bo­tar una ba­su­ra, con ca­da ac­ción vo­ta­mos a fa­vor o en con­tra del me­dio —¿Es al­go que te gus­ta­ría com­par­tir en el fu­tu­ro con tu hi­jo? —¡Ya lo ha­go! Es­tá cre­cien­do en un en­torno don­de cul­ti­va­mos nues­tros ali­men­tos, hay cla­ses de yo­ga y me ayu­da a re­gar las plan­tas. Es muy bo­ni­to ver que le gus­ta y que, sin sa­ber­lo, es par­te de es­te mo­vi­mien­to, por­que pa­ra él es­to es lo nor­mal. —Vol­vien­do atrás en el tiem­po, cuén­ta­me de tus orí­ge­nes, dón­de cre­cis­te. —En Ma­na­gua. Mis pa­dres son per­so­nas bas­tan­te dis­tin­tas y ca­da uno apor­tó al­go a mi vi­da. Me sien­to muy agra­de­ci­do por­que me for­ma­ron tal y co­mo soy hoy. Siem­pre fui muy re­bel­de e in­quie­to y creo que eso me ayu­dó a cues­tio­nar los sis­te­mas de go­bierno y bus­car las for­mas de crear ma­ne­ras dis­tin­tas de vi­vir. Fue una in­fan­cia du­ra, pues na­cí en el 87, en ple­na gue­rra. Pe­ro fue una in­fan­cia lle­na de mú­si­ca, aun­que tam­bién con mu­chos re­tos, pues mis pa­pás se di­vor­cia­ron cuan­do yo te­nía seis años y pa­ra mi ma­má fue bas­tan­te di­fí­cil, al igual que pa­ra mí; pe­ro mi­ran­do ha­cia atrás es­toy agra­de­ci­do de to­das esas co­sas que pa­sé por­que son las que for­ja­ron quién soy. —¿Tie­nes her­ma­nos? —Sí, so­mos sie­te. Un her­mano y una her­ma­na vi­ven en Ca­na­dá, otro vi­ve en San Fran­cis­co, Ca­li-

for­nia, y el res­to vi­ve acá, en Ni­ca­ra­gua. —¿Cuá­les di­rías que han si­do los

mo­men­tos más fe­li­ces de tu vi­da?

—El na­ci­mien­to de mi hi­jo y es­te mo­men­to. Es­toy en una eta­pa muy fe­liz de mi vi­da. Ten­go una fa­mi­lia es­ta­ble, me en­can­ta lo que ha­go, es­toy apren­dien­do mu­cho y sien­to que voy al­can­zan­do una cohe­ren­cia en­te mis ac­cio­nes y mis pen­sa­mien­tos, lo que an­tes no ha­bía lo­gra­do. —En la mú­si­ca, ¿qué pro­yec­tos te gus­ta­ría lle­var a ca­bo en un fu­tu­ro? —Aho­ri­ta es­toy muy en­fo­ca­do en “Pa­pa­choa”, en que fun­cio­ne y es­toy a full ahí, mi co­ra­zón, mi men­te y mi cuer­po es­tán en fun­ción del pro­yec­to. Lo que me gus­ta­ría ha­cer más ade­lan­te es re­pe­tir es­te pa­trón en otros lu­ga­res de Ni­ca­ra­gua. —To­man­do en cuen­ta que tu es­po­sa es bel­ga, ¿ya han te­ni­do la opor­tu­ni­dad de via­jar a su país? —Sí, va­mos por lo me­nos una vez o dos ve­ces al año y me en­can­ta, por­que mi sue­gra se sien­te la­ti­na y ha­bla un per­fec­to es­pa­ñol. Me sien­to bien con una fa­mi­lia allá que com­pren­de de dón­de ven­go. Ade­más, a mi sue­gra le en­can­ta Ni­ca­ra­gua, de he­cho ella fue la que tra­jo a Mar­got la pri­me­ra vez que vino, por lo que le es­toy muy agra­de­ci­do. —¿Qué opinas de es­ta mez­cla cul­tu­ral? —Que es muy ri­ca, por­que me en­se­ña a ele­var mis es­tán­da­res en mu­chas co­sas. Mar­got tie­ne una ex­ce­len­te edu­ca­ción, es una mu­jer muy in­te­li­gen­te y sen­si­ble. Sé que mi hi­jo va a ha­blar es­pa­ñol, in­glés, fran­cés y va a te­ner lo me­jor de dos mun­dos. Eso va a ha­cer que ten­ga una en­vi­dia­ble am­pli­tud men­tal, es­pi­ri­tual y emo­cio­nal, por­que hoy vi­ve en la co­mu­ni­dad de San­ta Ju­lia, un lu­gar muy hu­mil­de en la mon­ta­ña. Con de­cir­te que cuan­do va­mos al cru­ce­ro se emo­cio­na al ver los ca­rros. Tie­ne un la­do bas­tan­te a lo an­ti­guo, lue­go va a Bru­se­las, a los mu­seos; y vi­ve los dos con­cep­tos. —¿Les gus­ta via­jar? —Nos en­can­ta. —Qué paí­ses han vi­si­ta­do re­cien­te­men­te? —En enero via­ja­mos Tai­lan­dia y fue una ex­pe­rien­cia ma­ra­vi­llo­sa, la pri­me­ra que tu­ve en Asía. El año pa­sa­do via­ja­mos a Áfri­ca que tam­bién fue una ex­pe­rien­cia muy ri­ca. —¿Cuán­tos años de ca­sa­dos?

Nos ca­sa­mos ha­ce dos años y te­ne­mos unos tres de es­tar jun­tos. —Mar­got, ¿có­mo fue la bo­da? —Be­llí­si­ma. Fue en una pla­ya, un lu­gar al que Ma­tu­te iba mu­cho en su in­fan­cia. Ahí hi­ci­mos la ce­re­mo­nia y has­ta un ti­po de te­ra­pia fa­mi­liar que se lla­ma cons­te­la­ción. Se tra­ta de te­ner a nues­tros pa­dres fren­te de no­so­tros dán­do­se la mano y ha­blar­les. Co­mo ellos es­tán se­pa­ra­dos fue una for­ma de unir a to­do el mun­do. Fue al atar­de­cer y en la no­che dis­fru­ta­mos un con­cier­to de la ban­da de Ma­tu­te. —En po­cas pa­la­bras, ¿có­mo di­rías que han si­do es­tos años de ma­tri­mo­nio? Muy bo­ni­tos, lle­nos de aven­tu­ras, ale­grías y de mu­cho apren­di­za­je pa­ra mí. —¿Có­mo des­cri­bi­rías a Ma­tu­te? —Co­mo un hom­bre con una vi­sión muy cla­ra, sa­be lo que quie­re lo­grar y ha­cer en su vi­da, tie­ne una pa­sión enor­me por la mú­si­ca y por el me­dio am­bien­te, tie­ne un co­ra­zón enor­me, siem­pre es­tá ahí pa­ra ayu­dar a los de­más. Es muy hu­mil­de y muy in­ten­so en sus pa­sio­nes, por­que las vi­ve fuer­te­men­te. —Ma­tu­te, es­te se­rá tu se­gun­do Día del Pa­dre, ¿có­mo pien­sas ce­le­brar­lo? —Pa­sán­do­la con mi hi­jo y con mi pa­pá, se­rá un tiem­po de hom­bres.

«Ele­gi­mos No­gal en ho­nor a un ár­bol que en Ni­ca­ra­gua es­tá pe­li­gro de ex­tin­ción. Solo cre­ce en las mon­ta­ñas al­tas y tie­ne una ma­de­ra

pre­cio­sa»

(SI­GUE)

«Ma­tu­te es un hom­bre con una vi­sión muy cla­ra, sa­be lo que quie­re lo­grar y ha­cer en su vi­da, tie­ne una pa­sión enor­me por la mú­si­ca y por el me­dio am­bien­te, tie­ne un

co­ra­zón enor­me» Los tres es­tán in­vo­lu­cra­dos co­mo fa­mi­lia en la lu­cha por la con­ser­va­ción del me­dio am­bien­te. ¡HO­LA! con­ver­só en ex­clu­si­va con la pa­re­ja pa­ra co­no­cer más de sus vi­das, sus emo­cio­nes, sus pa­sio­nes y sus pro­yec­tos.

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