Un abue­lo de 85 años, la sen­sa­ción del techno

Johan de Vries. Aca­ba de ce­le­brar su cum­plea­ños nú­me­ro 85 con una fies­ta techno en Haar­lem, una ciu­dad de los Paí­ses Ba­jos. Johan va a fes­ti­va­les co­mo Dan­ce va­lley, Awa­ke­nings y Mys­tery­land, y los vi­si­tan­tes aman al vie­jo que dis­fru­ta la mú­si­ca hou­se. “A

Metro (Nicaragua) - - PORTADA - AN­NE-FLEUR PEL

Me­tro ha­bló con Johan de Vries, un se­ñor que re­co­rre los prin­ci­pa­les fes­ti­va­les de mú­si­ca del mun­do, y cu­ya his­to­ria se ha vuel­to vi­ral.

El año pa­sa­do uno de tus vi­deos de bai­le se vol­vió vi­ral. Aho­ra hi­cis­te tu pro­pia fies­ta techno. Eso de­be ser muy es­pe­cial…

–Sí, es ge­nial. Pe­ro tam­bién ex­tra­ño. No ha­go na­da es­pe­cial. Yo so­lo bai­lo. Pe­ro mi edad es es­pe­cial y el he­cho de que to­da­vía pue­do bai­lar bas­tan­te bien. A ve­ces digo que soy el ho­lan­dés des­co­no­ci­do más fa­mo­so. Eso es por to­das las pe­lí­cu­las de mí que la gen­te sube a in­ter­net. Nun­ca me in­tere­só You­tu­be, ni si­quie­ra ten­go un te­lé­fono in­te­li­gen­te o una compu­tado­ra. En ese sen­ti­do, es­toy an­ti­cua­do.

Sin em­bar­go, eres bas­tan­te bueno en el bai­le ¿Cuán­do fue tu pri­mer fes­ti­val?

–Te­nía al­re­de­dor de 73 años cuan­do fui a un fes­ti­val por pri­me­ra vez. Vi un car­tel y me di­ver­tí mu­cho. Cuan­do era ado­les­cen­te apren­dí el bai­le de sa­lón. Des­pués de eso no lo hi­ce por dé­ca­das, por­que te­nía cua­tro hi­jos. Pe­ro siem­pre me he di­ver­ti­do. En ese mo­men­to, so­lo ha­bía bai­la­do en sa­lo­nes y un fes­ti­val al ai­re li­bre pa­re­cía ma­ra­vi­llo­so. Pe­ro no sa­bía có­mo reac­cio­na­ría la gen­te. Su­pu­se que pre­gun­ta­rían: “¿Qué ha­ces aquí? ¡Ve­te a ca­sa! “Pe­ro su­ce­dió lo con­tra­rio. La gen­te me fe­li­ci­tó. Ellos pen­sa­ron que era ge­nial que yo to­da­vía par­ti­ci­pa­ra. Así que de­ci­dí se­guir ha­cien­do eso.

¿To­mas­te la ba­se de mo­vi­mien­tos de los tiem­pos cuan­do eras jo­ven?

–Es­toy be­ne­fi­cian­do de eso, pe­ro los mo­vi­mien­tos del fox­trot, rum­ba, ji­ve de cha-cha-chá son di­fí­ci­les de apli­car a la mú­si­ca ac­tual. Pe­ro cuan­do era más jo­ven, apren­dí a es­cu­char y mo­ver­me con el rit­mo. De­sa­rro­llé mi pro­pio es­ti­lo mi­ran­do a los de­más. Cuan­do vi mo­vi­mien­tos agra­da­bles en la te­le­vi­sión, in­ten­té co­piar­los. Por­que en los fes­ti­va­les, hay po­cos bue­nos bai­la­ri­nes. La ma­yo­ría de ellos se tam­ba­lean de un la­do a otro.

Tie­nes sie­te nie­tos. ¿A ve­ces se bai­lan jun­tos?

–A ve­ces voy a fes­ti­va­les con los dos ma­yo­res, que tie­nen 18 y 19 años de edad. Pe­ro no es­ta­mos jun­tos. Tie­nen sus pro­pios ami­gos. Yo si­go mi pro­pio ca­mino.

Pe­ro nun­ca es­tás so­lo...

–¡No! En po­cos mi­nu­tos la gen­te ya vie­ne a mí. “¿Cuál es tu edad, pue­do to­mar­me una fo­to con­ti­go?” pre­gun­tan, por ejem­plo. La gen­te to­ma tan­tas sel­fies en fes­ti­va­les. Pue­den ser cien­tos. Y si­guen y si­guen. Por lo tan­to, a ve­ces ni si­quie­ra ten­go tiem­po pa­ra bai­lar. Pe­ro lo es­toy dis­fru­tan­do.

¿Tam­bién te gus­ta to­mar una cer­ve­za con ellos?

–Cuan­do bai­lo, so­lo to­mo re­fres­cos. Ya no pue­do bai­lar bien bajo el efec­to de al­cohol. Pe­ro la gen­te me da mu­chas be­bi­das. Y a ve­ces cer­ve­za tam­bién. Y nun­ca me nie­go, por­que no quie­ro de­cep­cio­nar a na­die. A ve­ces la gen­te me ofre­ce más de lo que pue­do con­su­mir. Es­toy ha­cien­do to­do lo po­si­ble, pe­ro a ve­ces ten­go su­fi­cien­te y se­cre­ta­men­te ti­ro una co­pa.

Una vez be­bis­te de­ma­sia­do al­cohol…

–He si­do es­tú­pi­do una vez. Yo es­ta­ba en una zo­na VIP y nos sir­vie­ron la co­mi­da más de­li­cio­sa y be­bi­das. De­ci­dí to­mar un cóc­tel y no sa­bía que be­bi­das tan ex­qui­si­tas exis­tie­ran. Des­pués de cin­co o seis cóc­te­les ya no po­día ca­mi­nar. Y me vol­ví muy nau­sea­bun­do. El au­to­bús ni si­quie­ra que­ría trans­por­tar­me por­que es­ta­ba bo­rra­cho. Tu­ve que pe­dir un ta­xi por 60 eu­ros. Fue una lec­ción du­ra y cos­to­sa.

¿Te gus­ta más la mú­si­ca

techno? –No, me gus­ta la mú­si­ca di­fe­ren­te, siem­pre y cuan­do ten­ga un buen rit­mo. Tam­bién vi­si­to fies­tas con me­lo­días de los años 60 y 70. Lo ha­go to­dos los sá­ba­dos. Y to­dos los do­min­gos mi es­po­sa y yo ha­ce­mos al­go que tan­to nos gus­ta a am­bos.

¿No te can­sas de eso?

–No, la mú­si­ca me da ins­pi­ra­ción y ener­gía. Has­ta re­co­mien­do bai­lar a to­dos los an­cia­nos. Pe­ro el fi­nal está cer­ca, ya ten­go 85 años. He pla­nea­do ir a to­das par­tes es­te año. El año que vie­ne voy a te­ner que de­ci­dir. Quie­ro ser ca­paz de bai­lar co­mo es­toy acos­tum­bra­do aho­ra. Tan pron­to co­mo so­lo pue­da bam­bo­lear un po­co de una pier­na a otra, voy a pa­rar. Eso no es bai­lar, si me lo pre­gun­tas. Y no me van a no­tar mu­cho en los fes­ti­va­les (ríe).

Johan de Vries en To­mo­rrow­land. |COR­TE­SÍA

Los fans no pa­ran de pe­dir­le una fo­to. |COR­TE­SÍA

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