LOS PEO­RES ERRO­RES FI­NAN­CIE­ROS QUE CO­ME­TEN LAS PA­RE­JAS

Metro (Nicaragua) - - OPINIÓN -

Los pro­ble­mas re­la­cio­na­dos al di­ne­ro, don­de la fal­ta de co­mu­ni­ca­ción rei­na, son de las prin­ci­pa­les cau­san­tes del di­vor­cio. A la ma­yo­ría nos da pe­na y te­mor to­car el te­ma de las fi­nan­zas con nues­tra me­dia na­ran­ja y mu­chos sue­len co­men­zar cuan­do so­lo hay pro­ble­mas que dis­cu­tir. Ideal­men­te una pa­re­ja de­be­ría ini­ciar es­tas pláticas an­tes de ca­sar­se, cuan­do ya hay una re­la­ción se­ria. ¿Por qué? Por­que el di­ne­ro está en to­dos los ám­bi­tos de nues­tra vi­da y co­no­cer có­mo pien­sa y ac­túa la otra per­so­na en es­te as­pec­to es fun­da­men­tal pa­ra el fun­cio­na­mien­to de la re­la­ción. Por es­to y es­pe­ran­do que te es­tés ani­man­do a ha­blar de di­ne­ro con tu pa­re­ja, te trai­go 5 clá­si­cos erro­res fi­nan­cie­ros que las pa­re­jas co­me­ten, pa­ra que vos los evi­tés:

1. No de­ci­dir quién es res­pon­sa­ble de qué

La fal­ta de co­mu­ni­ca­ción des­de un ini­cio ha­ce que dos per­so­nas en­tren a un ma­tri­mo­nio asu­mien­do có­mo van a ser las co­sas y res­pon­sa­bi­li­da­des de cada uno… y cada quien pue­de te­ner una idea di­fe­ren­te. Ha­blá con tu pa­re­ja so­bre quién se va a ha­cer res­pon­sa­ble de qué. Y, en la me­di­da de lo po­si­ble, in­ten­ten que sea una dis­tri­bu­ción equi­ta­ti­va.

2. No to­mar­se en se­rio la deu­das

Las deu­das pue­den des­truir un ma­tri­mo­nio: las es­ta­dís­ti­cas lo de­mues­tran. No im­por­ta cuán­to amor hay en una pa­re­ja, si uno de ellos está po­nien­do cons­tan­te­men­te a la pa­re­ja en deu­da, es muy pro­ba­ble que even­tual­men­te la re­la­ción se des­tru­ya. Aun­que sea una so­la per­so­na la que en­tró con deu­das a la re­la­ción o se hi­zo de ellas ya ca­sa­dos, la reali­dad es que co­mo ma­tri­mo­nio to­ca­rá apo­yar­le y ata­car esas deu­das en con­jun­to.

3. No en­se­ñar a tus hi­jos a ma­ne­jar di­ne­ro

Da­do que en la ma­yo­ría de los paí­ses el sis­te­ma de edu­ca­ción no in­clu­ye las fi­nan­zas per­so­na­les y el ma­ne­jo del di­ne­ro, si vos no le en­se­ñás a tu hi­jo des­de pe­que­ño a ma­ne­jar­lo, na­die más lo ha­rá y ter­mi­na­rá co­me­tien­do los mis­mos erro­res que us­te­des.

4. No pla­ni­fi­car su edu­ca­ción con tiem­po.

Si hay al­go en lo que va­le la pe­na in­ver­tir pa­ra tus hi­jos es su edu­ca­ción: es lo úni­co que na­die les po­drá arre­ba­tar y es la ba­se pa­ra que ellos se for­jen un me­jor fu­tu­ro. Sin em­bar­go, la ma­yo­ría de las pa­re­jas co­mien­zan a pen­sar en el cos­to de la edu­ca­ción uni­ver­si­ta­ria cuan­do es­tán a un par de años de sa­lir del co­le­gio. Si pla­neás que tus hi­jos re­ci­ban la me­jor edu­ca­ción, lo ideal es co­men­zar a aho­rrar, en­tre an­tes co­men­cés, me­nor se­rá el mon­to a se­pa­rar mes a mes.

5. No pen­sar en su re­ti­ro des­de el co­mien­zo

Usual­men­te pen­sa­mos que ya ha­brá tiem­po de pen­sar en el re­ti­ro y es una me­ta que va­mos pos­ter­gan­do has­ta que la ve­mos muy cer­ca. Es­ta, en par­ti­cu­lar, va a ser una en la que ne­ce­si­tés una su­ma con­si­de­ra­ble, así que co­men­zá a aho­rrar con tiem­po. Na­da peor que am­bos se ha­yan gas­ta­do la vi­da tra­ba­jan­do, pa­ra al fi­nal des­cu­brir que no tie­nen ni un pe­so en sus años do­ra­dos. Por es­tas y más ra­zo­nes no de­jés las con­ver­sa­cio­nes fi­nan­cie­ras so­lo dan­do vuel­tas en tu ca­be­za: com­par­ti­las con tu pa­re­ja des­de un ini­cio pa­ra que el di­ne­ro sea un mo­ti­vo de unión y no de rup­tu­ra en tu re­la­ción.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Nicaragua

© PressReader. All rights reserved.