Do­lo­ro­so adiós a Step­ha­nie

Crítica - - Anuncios - Jor­ge Luis Ba­rría / Crí­ti­ca

Las lá­gri­mas co­rrían por las me­ji­llas de una mo­ra­da de Nue­vo To­cu­men, a quien los len­tes os­cu­ros no po­dían ocul­tar el do­lor que com­par­tía con su hi­ja de 13 años, en la puer­ta del per­dón, de la Igle­sia Jesús, el Buen Pas­tor, por lo lle­na que se en­con­tra­ba tras el úl­ti­mo adiós a Step­ha­nie Gon­zá­lez, es­tran­gu­la­da por su pa­dre.

Los res­tos fue­ron lle­va­dos al tem­plo cer­ca de las 8:00 de la ma­ña­na de ayer, jue­ves, en un ataúd blan­co, co­lor uti­li­za­do en la ves­ti­men­ta de la ma­yo­ría de los que asis­tie­ron. Sus com­pa­ñe­ros de la es­cue­la usa­ron sué­te­res con la ima­gen de ella im­pre­sa en la par­te fron­tal, con su nom­bre y el men­sa­je: "Por siem­pre y pa­ra siem­pre"

A tra­vés de una ca­lle de ho­nor pa­só el fé­re­tro ha­cia el frente del al­tar. Los asis­ten­tes hi­cie­ron fi­las pa­ra ver­la por úl­ti­ma vez. Ini­ció la ce­re­mo­nia re­li­gio­sa, mien­tras el ca­lor so­fo­ca­ba en el in­te­rior del re­cin­to. Al­gu­nos bus­ca­ron re­fu­gio en los al­re­de­do­res del tem­plo, ba­jo los ár­bo­les.

Las es­ce­nas de do­lor se veían por do­quier: ma­dres abra­zan­do a sus hi­jos, con­so­lán­do­los. “¡Tran­qui­lo! ¡Tran­qui­lo, hi­jo!”; otros fue­ron sa­ca­dos y se fue­ron a llo­rar en los hom­bros de sus ma­dres, des­con­so­la­da­men­te.

El sa­cer­do­te re­sal­tó en su ser­món, que Step­ha­nie Gon­zá­lez fue una ni­ña ale­gre y que es­ta­ba en los ca­mi­nos del Se­ñor. "Hoy el cie­lo re­ci­be con las puer­tas abier­tas a Step­ha­nie", de­cía.

Uno de los do­cen­tes le­yó un men­sa­je que de­jó Step­ha­nie en un obi­tua­rio que rea­li­za­ron en la cá­te­dra de Re­li­gión. "Step­ha­nie di­jo que si lle­ga­ba a fal­tar, la re­cor­da­ran con mu­cha ale­gría, tal cual era ella".

Sus com­pa­ñe­ros en­to­na­ron al uní­sono: “Hoy al­zo mi voz, aun­que no ten­ga fuerzas", to­can­do la sen­si­bi­li­dad de los pre­sen­tes, quie­nes rom­pie­ron el llan­to.

Afue­ra, la ban­da de mú­si­ca del Co­le­gio San Mi­guel Fe­bres Cór­do­ba, del cual la jo­ven­ci­ta for­mó par­te por mu­chos años, co­men­zó a so­nar mien­tras el fé­re­tro se abría pa­so en una ca­lle de ho­nor.

•Una se­ma­na an­tes, ella gra­bó un vi­deo en In­for­má­ti­ca: “To­dos los ni­ños tie­nen de­re­cho a la vi­da", el que le fue ne­ga­do por su pa­dre.•El ataúd fue car­ga­do por va­rios hom­bres ves­ti­dos de blan­co, ha­cia el ca­rro fú­ne­bre, don­de lo co­lo­ca­ron pa­ra di­ri­gir­se al Ce­men­te­rio Mu­ni­ci­pal de Juan Díaz.

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