STEF DE ROUX

La ra­dian­te pre­sen­ta­do­ra, blog­ger y rei­na de be­lle­za abre su co­ra­zón y nos ha­bla de sus pro­yec­tos para el nue­vo año

Hola Panama - - Contenido - Tex­to: MAU­RI­CIO MON­GE Pri­mer cam­bio Ca­mi­sa & pan­ta­lón: PAUL SMITH Za­pa­tos: CHAR­LOT­TE OLYMPIA Se­gun­do cam­bio: Sa­co: PAUL SMITH Pan­ta­lón: RE­NA­TA LOZANO Za­pa­tos: JIMMY CHOO Ca­mi­sa: MA­RIA ELE­NA VI­LLA­MIL Ter­cer cam­bio: Ves­ti­do: VA­LEN­TINO Ar­go­llas: DANIELA SA

Su pri­me­ra en­tre­vis­ta tras la lle­ga­da de su pri­mer hi­jo, Ser­gio

«Mi ma­tri­mo­nio es­tá más fuer­te que nun­ca, ten­go un es­po­so ma­ra­vi­llo­so y te­ne­mos un her­mo­so hi­jo lleno de sa­lud. Para el 2018 pi­do al­can­zar mis me­tas pro­fe­sio­na­les y que flo­rez­can día con día»

NO SO­LO LA co­no­ce­mos por su fa­ce­ta en la te­le­vi­sión, tam­bién es con­si­de­ra­da una de las top influencers de Pa­na­má y su éxi­to cre­ce co­mo la es­pu­ma en to­da la re­gión. Ex rei­na de be­lle­za y em­pre­sa­ria, aho­ra dis­fru­ta al má­xi­mo la ma­ter­ni­dad, la nue­va eta­pa en su vi­da que lle­gó de la mano de su pe­que­ño Ser­gio. Stef de Roux es una mu­jer que no se de­tie­ne, lle­na de pro­yec­tos e ilu­sio­nes nos abrió su co­ra­zón para ha­blar­nos de su vi­da, su fa­mi­lia, sus nuevas co­la­bo­ra­cio­nes y los pla­nes que tie­ne para el 2018.

—¡Te es­tás es­tre­nan­do co­mo ma­má! Cuén­ta­nos de Ser­gio, tu be­bé…

—Ha si­do un pro­ce­so in­tere­san­te. To­do el mun­do te di­ce co­sas, pe­ro re­cién cuan­do las vi­ves, las en­tien­des. La gen­te cree que to­do es bo­ni­to, que to­do es amor, pe­ro no es así, aún no se me ol­vi­dan los do­lo­res del par­to. Los pri­me­ros dos me­ses mi ins­tin­to era co­mo de que­rer pro­te­ger­lo. Aho­ra apro­ve­cho un ra­ti­to li­bre des­pués de mis ci­tas para co­rrer y dar­le un beso, no me con­si­de­ra­ba muy ni­ñe­ra, pe­ro por él he he­cho co­sas que no ima­gi­na­ba ha­cer.

—Me ima­gino que es­tás dis­fru­tan­do mu­cho es­ta eta­pa.

—¡La es­toy go­zan­do enor­me­men­te! Pue­do es­tar ju­gan­do con él por ho­ras y no me abu­rro, es to­da (SI­GUE)

una sor­pre­sa para mí, no ima­gi­né que es­to lle­ga­ra a ser así. Aho­ra es­tá en la eta­pa en la que em­pie­za a ga­tear, lo lla­mas y se vol­tea, en­ton­ces lo que ha­ces es aplau­dir­lo. Me mi­ra con unos ojos que cuan­do lo veo me de­rri­to y no me sa­cio de ver có­mo cre­ce ca­da día. —¿Có­mo fue tu em­ba­ra­zo?

—Sú­per bien, no me dio na­da. Com­pro­bé que to­do lo que te di­cen son mi­tos, por­que me de­cían: vas a te­ner nau­seas, los pri­me­ros me­ses te vas a sen­tir can­sa­da, pe­ro me di cuen­ta que el trans­cur­so de ca­da em­ba­ra­zo es di­fe­ren­te. Yo nun­ca me sen­tí can­sa­da, con­for­me se iba dan­do el em­ba­ra­zo más bien sen­tía más ener­gías. No pa­sé por los an­to­jos de co­mer al­go, co­mí muy sano e hi­ce ejer­ci­cio cons­tan­te­men­te, in­clu­so un día an­tes de dar a luz. Mi hi­jo na­ció con una ma­ta de pe­lo en la ca­be­za que, de­fi­ni­ti­va­men­te, no sé de don­de sa­lió. Mi tía me di­jo: no en­tien­do có­mo el ni­ño, con tan­to ca­be­llo, no te ge­ne­ro nau­seas ni aci­dez, así que co­mo te di­go, pien­so que son pu­ros mi­tos. —¿Tu­vis­te al­gún plan especial para cui­dar­te, te res­trin­gis­te en cier­tas co­sas? —Siem­pre es­tu­ve muy cons­cien­te de que que­ría un em­ba­ra­zo sano, me en­fo­qué en que el mun­do ex­te­rior no me afec­ta­ra y tra­té de lle­var to­do lo más re­la­ja­do po­si­ble. Sa­bía que de­bía co­mer ba­lan­cea­do, tra­té de me­ter­le mu­cho más a las pro­teí­nas y los ve­ge­ta­les. Creo que la die­ta me ayu­do a no te­ner an­to­jos, se­guí con mis ejer­ci­cios, por­que me gus­tan y es lo nor­mal para mi cuer­po, ya que es­ta­ba acos­tum­bra­da a las ma­ra­to­nes. —¿No tu­vis­te ni un an­to­jo?

—¡La úl­ti­ma se­ma­na co­mí un he­la­do! —¿A quién crees que se pa­re­ce Ser­gio? —Ver al ni­ño es ver a su pa­dre. Con los de­dos de una mano pue­do con­tar la gen­te que di­ce que se pa­re­ce a mí. Mi ma­dre nos sa­có una fo­to en la que se pue­de ver có­mo te­ne­mos la mis­ma mi­ra­da, pe­ro es idén­ti­co a su pa­dre. Me atre­vo a de­cir que con­for­me va­ya cre­cien­do va ser una mez­cla de am­bos. —¿Y en te­mas de per­so­na­li­dad?

—Se ha­ce sen­tir, tie­ne mu­cho ca­rác­ter y es muy obe­dien­te; ana­li­za to­do lo que le es­toy di­cien­do y com­pren­de cuan­do le ex­pli­co que al­go es­ta mal. —¿Qué tan­to mues­tras a tu hi­jo en las re­des, có­mo tra­tas el te­ma de su ex­po­si­ción o pre­fie­res man­te­ner­lo en un ba­jo per­fil?

—Para mí la vi­da pú­bli­ca es mía. A mi es­po­so no lo sa­co a me­nos que sea una fo­to que me fas­ci­ne de­ma­sia­do. Siem­pre le con­sul­to si le mo­les­ta que la suba y res­pe­to su de­ci­sión. En el ca­so de Ser­gio, a mi es­po­so no le gus­ta, en­ton­ces soy muy dis­cre­ta, por­que Pa­na­má es un país muy chi­qui­to y me da un po­qui­to de mie­do que to­do el mun­do se­pa dón­de y con quién es­ta. Sin em­bar­go, me he arries­ga­do un poco su­bién­do­lo en mis his­to­rias de Ins­ta­gram y poco a poco me voy sin­tien­do más se­gu­ra de ex­po­ner­lo. Quie-

ro que el día de ma­ña­na sea él quien de­ci­da si quie­re ser par­te de es­to o no. —¿Te gus­ta­ría te­ner otro hi­jo?

—Real­men­te pen­sa­ba en que­dar­me con uno y no más, pe­ro mi es­po­so tie­ne un gran po­der de con­vic­ción y me cues­ta de­cir­le que no. Así que va­mos a bus­car el se­gun­do, pe­ro des­pués del se­gun­do de es­te cuer­pi­to la­tino no sa­len más. (Ri­sas) —Ha­blan­do un poco so­bre tu vi­da… ¿Có­mo va to­do? —Es­toy apos­tan­do bas­tan­te y de­di­cán­do­le mu­cho tiem­po al te­ma de mis re­des (ca­nal de YouTu­be, Fa­ce­book, Ins­ta­gram), a las con que de­di­co mu­chos es­fuer­zos para lle­var­las a un ni­vel in­ter­na­cio­nal. He pen­sa­do en rea­li­zar posts de nu­tri­ción y sa­lud, ya que es lo que es­toy es­tu­dian­do ac­tual­men­te; y me gus­ta­ría en el fu­tu­ro tra­ba­jar con clien­tes. Ade­más, qui­sie­ra rea­li­zar con­fe­ren­cias y de­más so­bre el es­ti­lo de vi­da sa­lu­da­ble. —¿Có­mo es tu ru­ti­na?

—Siem­pre es un co­la­de­ro, nun­ca ten­go días tran­qui­los. Me le­van­to a eso de las 5-5:30 para ir a en­tre­nar y re­gre­so a ca­sa ti­po 7 para es­tar con mi hi­jo y mi es­po­so. Lue­go me arre­glo y cum­plo ca­da una de mis ta­reas, gra­bar, tra­ba­jar en mis blogs, el ca­nal de YouTu­be y es­tu­diar; en eso se me sue­le ir to­do el día, pe­ro pro­cu­ro es­tar en ca­sa an­tes de la 7 para po­der es­tar con mi be­bé an­tes que se duer­ma. —¡Te man­tie­nes muy be­lla y ra­dian­te! Se no­ta que lle­vas una ali­men­ta­ción muy ba­lan­cea­da… —En efec­to. Des­de que es­tu­dio se más so­bre qué de­bo co­mer y que no, por lo que he cam­bia­do bas­tan­te mi ali­men­ta­ción. Mi desa­yuno es ba­lan­cea­do y car­ga­do de pro­teí­nas. A me­dia ma­ña­na usual­men­te co­mo al­go y para el al­muer­zo me in­clino por los pes­ca­dos. A me­dia tar­de no me pue­de fal­tar un ca­fe­ci­to. Siem­pre tra­to de no ex­ce­der­me en las por­cio­nes. Mi in­ten­ción es que­dar sa­tis­fe­cha pe­ro no re­ple­ta. Los fi­nes de se­ma­na me re­la­jo bas­tan­te y pi­do una pizza o al­go así. —¿Có­mo va la re­mo­de­la­ción de tu ca­sa, ya vi­ves en Cas­co? —No, aho­ri­ta vi­vo con mis pa­pás pe­ro ya es­ta­mos 85% lis­tos para co­men­zar con la mu­dan­za. Es­toy muy emo­cio­na­da por es­tar ya en mi ca­sa, ten­go vi­sua­li­za­do has­ta dón­de va el úl­ti­mo ja­rrón de la ca­sa. Es­toy bas­tan­te an­sio­sa. —¿Qué te mo­ti­vo a es­co­ger Cas­co

—Mi es­po­so ha vi­vi­do allí por 30 años, fue uno de los pio­ne­ros. Ya me ima­gino pa­sean­do a mi hi­jo por Cas­co Vie­jo y lle­van­do una vi­da más tran­qui­la. Es un lu­gar muy co­lo­ri­do, his­tó­ri­co lleno de ca­fe­ci­tos, res­tau­ran­tes y te­rra­zas. —Soy de un es­ti­lo clá­si­co, así que me gus­ta la ro­pa an­cha, me en­can­ta sen­tir­me có­mo­da y no me agra­da que la ro­pa quede ajus­ta­da a mi cuer­po. Me en­can­tan las ca­mi­sas blan­cas con bo­to­nes. Una bue­na bu­fan­da me acom­pa­ña en ca­da uno de mis via­jes, para mí es im­pres­cin­di­ble. No me gus­ta la ro­pa con pe­dre­ría o te­las bri­llan­tes, sino las te­las que flu­yen y tie­nen cor­te y di­se­ño. —To­das so­mos muy di­fe­ren­tes, no con­si­de­ro que ten­ga­mos un ras­go con el que la gen­te nos iden­ti­fi­que. La mu­jer pa­na­me­ña es una mu­jer que ha­ce to­do por su fa­mi­lia, es lu­cha­do­ra y, so­bre to­do, mu­jer in­de­pen­dien­te. —Con­tra­rio a lo que mu­cha gen­te pien­sa, nos ha da­do mu­cha paz a mí y a mi es­po­so, no ha si­do na­da caó­ti­co. Nos he­mos reí­do mu­cho y dis­fru­ta­do al má­xi­mo. —Gra­cias a Dios mi ma­tri­mo­nio es­tá más fuer­te que nun­ca, ten­go un es­po­so ma­ra­vi­llo­so y te­ne­mos un her­mo­so hi­jo lleno de sa­lud. Para el 2018 pi­do al­can­zar mis me­tas pro­fe­sio­na­les y que flo­rez­can día con día.

«Para mí la vi­da pú­bli­ca es mía. A mi es­po­so no lo sa­co a me­nos que sea una fo­to que me fas­ci­ne de­ma­sia­do. Siem­pre le con­sul­to si le mo­les­ta que la suba y res­pe­to su de­ci­sión»

Stef de Roux es una mu­jer que no se de­tie­ne, lle­na de pro­yec­tos e ilu­sio­nes nos abrió su co­ra­zón para ha­blar­nos de su vi­da, su fa­mi­lia, sus nuevas co­la­bo­ra­cio­nes y los pla­nes que tie­ne para el 2018

«Ser­gio se ha­ce sen­tir, tie­ne mu­cho ca­rác­ter y es muy obe­dien­te; ana­li­za to­do lo que le es­toy di­cien­do y com­pren­de cuan­do le ex­pli­co que al­go es­ta mal» «Pue­do es­tar ju­gan­do con él por ho­ras y no me abu­rro, es to­da una sor­pre­sa para mí, no ima­gi­né que...

Soy de un es­ti­lo clá­si­co, así que me gus­ta la ro­pa an­cha, me en­can­ta sen­tir­me có­mo­da y no me agra­da que la ro­pa quede ajus­ta­da a mi cuer­po, nos co­men­ta la ra­dian­te ex­rei­na de be­lle­za en es­te po­sa­do ex­clu­si­vo para las pá­gi­nas de ¡HO­LA!

Ex rei­na de be­lle­za y em­pre­sa­ria, aho­ra dis­fru­ta al má­xi­mo la ma­ter­ni­dad, la nue­va eta­pa en su vi­da que lle­gó de la mano de su pe­que­ño Ser­gio.

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