8 tips pa­ra man­te­ner la in­ti­mi­dad cuan­do hay hi­jos

Lo prin­ci­pal es es­ta­ble­cer re­glas cla­ras de con­vi­ven­cia.

Extra (Paraguay) - - Familia -

ES IM­POR­TAN­TE BUS­CAR ES­PA­CIOS PA­RA LA PA­RE­JA

Ser pa­pás im­pli­ca una en­tre­ga to­tal den­tro del ho­gar y mu­chas ve­ces el rol ter­mi­na por aho­gar la re­la­ción de pa­re­ja. Acá te de­ja­mos al­gu­nos con­se­jos que pue­den ser­vir pa­ra man­te­ner vi­va la lla­ma de la pa­sión, sin de­jar de la­do la crianza de los más pe­que­ños.

1

No de­jes que el be­bé se con­vier­ta en el rey/ rei­na de la ca­ma ma­tri­mo­nial. Dor­mir con los hi­jos es un pla­cer in­men­so y hay co­rrien­tes edu­ca­ti­vas que ali­men­tan la ca­ma fa­mi­liar. Pe­ro, si el lu­gar de en­cuen­tro con tu pa­re­ja es la ca­ma, es me­jor que el be­bé duer­ma en su cu­na.

2

Los ni­ños ne­ce­si­tan horarios y cos­tum­bres bien de­fi­ni­das. De es­ta ma­ne­ra, tie­nen su ru­ti­na ne­ce­sa­ria y la pa­re­ja en­cuen­tra su es­pa­cio de tiem­po a so­las to­dos los días.

3

La pa­re­ja ne­ce­si­ta te­ner ac­ti­vi­da­des al mar­gen de las ac­ti­vi­da­des fa­mi­lia­res. Hay co­sas de pa­pá y ma­má. So­los. Sin cul­pas.

4

No uses el apo­do de "pa­pá" o "ma­má" pa­ra lla­mar a tu pa­re­ja. Al prin­ci­pio es muy tierno, pe­ro des­pués se aca­ba sus­ti­tu­yen­do la ima­gen de la per­so­na "Ma­ría", por ejem­plo, por la de "ma­má". Es­to ha­ce que

la per­so­na asu­ma un rol co­mo pre­pon­de­ran­te y le res­ta per­so­na­li­dad y au­to­no­mía. "Ma­má" y "Pa­pá" lo son en cuan­to a sus hi­jos, pe­ro tam­bién y prin­ci­pal­men­te son "Juan" y "Ma­ría" an­tes, du­ran­te y des­pués de los hi­jos. 5

Un día a la se­ma­na sin ni­ños. Or­ga­ni­zar­se pa­ra que al­guien cui­de los ni­ños una no­che a la se­ma­na y po­der sa­lir a ha­cer una ac­ti­vi­dad di­fe­ren­te es muy acon­se­ja­ble.

6

Via­jar jun­tos y so­los. Es una ex­ce­len­te idea, una vez al año, por lo me­nos. Re­en­con­trar­se fue­ra del es­ce­na­rio de to­dos los días y sin las obli­ga­cio­nes de to­dos los días es una in­yec­ción re­no­va­do­ra pa­ra la pa­re­ja.

7

Los co­le­gios in­vi­tan muy fre­cuen­te y acer­ta­da­men­te a for­mar par­te de la ac­ti­vi­dad edu­ca­ti­va de los alum­nos. Sin em­bar­go, hay una

me­di­da pa­ra eso y el res­to es ex­ce­so. Se de­be par­ti­ci­par pe­ro no to­dos los fi­nes de se­ma­na, sino el tiem­po pa­ra la pa­re­ja ya no exis­te. 8

En épo­ca de la ado­les­cen­cia, los pro­ble­mas en la pa­re­ja tien­den a ser peo­res por las exi­gen­cias de los hi­jos, pe­ro se de­be po­ner un lí­mi­te y de­jar las re­glas bien cla­ras, pri­me­ro en­tre ma­ri­do y mu­jer, y lue­go en­tre los hi­jos.

MO­MEN­TOS La vi­da de pa­dres, so­bre to­do cuan­do hay mu­chos hi­jos, es caó­ti­ca. Pe­ro se pue­de apren­der a vi­vir una re­la­ción ple­na tam­bién con la pa­re­ja, so­lo es cues­tión de pro­po­nér­se­lo.

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