ANN GOTTLIEB

EL ARO­MA DE LA SEN­SUA­LI­DAD

High Class - - Hc/entrevista -

El ofi­cio de los per­fu­mis­tas em­pe­zó muy tem­prano en la his­to­ria. Des­de tiem­pos in­me­mo­ria­les, el hom­bre ha bus­ca­do ador­nar su cuer­po con aro­mas que se­duz­can. En es­ta oca­sión, una de las per­fu­mis­tas más re­nom­bra­das del mun­do se ha he­cho de tiem­po pa­ra con­ver­sar con High Class so­bre es­ta pro­fe­sión ca­si ar­tís­ti­ca. Ann Gottlieb, la men­te (y la na­riz) de­trás de per­fu­mes icó­ni­cos co­mo One, de Cal­vin Klein; 212, de Ca­ro­li­na He­rre­ra o J’ado­re, de Dior, es tam­bién la crea­do­ra de las nue­vas fra­gan­cias de Im­pul­se que lle­ga­ron re­cien­te­men­te a Pa­ra­guay.

Ann Gottlieb es una mu­jer que cree en el pod­po­der de una bue­na fra­gan­cia y es cons­cien­te de tto­dos los as­pec­tos per­so­na­les que trans­mi­te una per­so­na con el per­fu­me que lle­va pues­to.

¿Cuá­lC es el pro­ce­so pa­ra crear fra­gan­cias? EsE­sa es una gran pre­gun­ta. El pro­ce­so de crear frfra­gan­cias, pa­ra mí, es en­ten­der pa­ra quién se­se­rá o cuál es la mar­ca que se su­po­ne que rre­pre­sen­ta­rá. Por­que un aro­ma de­be­ría ser uu­sa­do pa­ra ce­le­brar una mar­ca, un di­se­ña­dor o aal­go así. De­be oler a al­go que te re­cuer­de a esa mar­ca. Por ejem­plo, los di­se­ños de Marc Ja­cobs son ale­gres, bri­llan­tes y ri­sue­ños, en­ton­ces sus fra­gan­cias ne­ce­si­tan re­fle­jar eso. Así que si estoy di­se­ñan­do una pa­ra Marc, se­ría muy flo­ral, ale­gre, fá­cil de usar. Em­pie­zo es­cri­bien­do un sumario, pa­ra dar a los per­fu­mis­tas, con las pa­la­bras cla­ve que di­gan có­mo la fra­gan­cia de­be­ría ser. Se da el sumario a di­fe­ren­tes ca­sas de fra­gan­cias pa­ra que las creen, te­nien­do en cuen­ta có­mo su­po­nen que de­be­rían ser. Yo las eva­lúo y eli­jo con cuá­les se­guir tra­ba­jan­do. Pa­ra el desa­rro­llo de una fra­gan­cia di­ría que ha­go de 150 a 200 prue­bas. Lue­go, la gen­te de la mar­ca se in­vo­lu­cra y de­ci­di­mos jun­tos –en un pe­rio­do de seis me­ses– cuál es la me­jor. ¿Có­mo te ini­cias­te en el mun­do de la per­fu­me­ría? Fue una es­pe­cie de ac­ci­den­te. Fui a tra­ba­jar a Es­tée Lauder du­ran­te el tiem­po en que la mis­ma Es­tée es­ta­ba en el ne­go­cio. Ella pa­sea­ba dan­do fra­gan­cias a las per­so­nas de la em­pre­sa y pre­gun­tán­do­les qué pen­sa­ban de ellas. Su­pon­go que le gus­ta­ban mis res­pues­tas por­que em­pe­zó a ha­cer­me tra­ba­jar con ella. Fue una gran maes­tra, una gran ins­pi­ra­ción.

¿Qué te hi­zo ele­gir es­ta pro­fe­sión lue­go? Me di cuen­ta de que ten­go una muy bue­na na­riz. Es un ta­len­to, un don que ten­go, que me per­mi­te se­guir una pa­sión por­que real­men­te me gus­tan las fra­gan­cias. Ellas siem­pre fue­ron

“PA­RA EL DESA­RRO­LLO DE UNA FRA­GAN­CIA DI­RÍA QUE HA­GO DE 150 A 200 PRUE­BAS. LUE­GO, LA GEN­TE DE LA MAR­CA SE IN­VO­LU­CRA Y DE­CI­DI­MOS JUN­TOS”

una par­te im­por­tan­te de quién soy. ¿Cuál con­si­de­rás que es la me­jor par­te de tu tra­ba­jo? La me­jor par­te de mi tra­ba­jo es lo gra­ti­fi­can­te que es ser ca­paz de crear es­tas her­mo­sas co­sas que ha­cen fe­li­ces a las per­so­nas. ¿Qué es lo más im­por­tan­te pa­ra crear una fra­gan­cia?

Lo más im­por­tan­te es en­con­trar una fra­gan­cia que no hue­la co­mo na­da más, pe­ro que sea muy co­mer­cial. Lo más di­fí­cil de ha­cer, aun­que yo no ten­go na­da que ver con eso, es en­con­trar un nom­bre. El re­to de tra­ba­jar con un clien­te es tra­tar de que no fuer­ce su pro­pia opi­nión a lo que se es­tá ha­cien­do. Por ejem­plo, cuan­do tra­ba­jás con un di­se­ña­dor co­mo Marc Ja­cobs, lo que que­rés ha­cer es crear una fra­gan­cia que sim­bo­li­ce lo que él re­pre­sen­ta, no lo que le gus­ta. Por­que a él le po­dría gus­tar una fra­gan­cia os­cu­ra que hue­la a cue­ro, pe­ro cier­ta­men­te él nun­ca ha­ría que una fra­gan­cia así lo re­pre­sen­te, por­que él no se ve de esa ma­ne­ra. ¿Pen­sás que la crea­ción de fra­gan­cias tie­ne re­la­ción con la mo­da? Cla­ro. Tie­ne que ver con la ro­pa que es­tás usan­do. En el ve­rano mos­trás la pan­za, por ejem­plo, y nun­ca te pon­drías una fra­gan­cia pe­sa­da, que­rrías una más bien li­ge­ra y bur­bu­jean­te, una que va­ya con lo que tenés pues­to. Sin em­bar­go, si es­tás usan­do un hermoso ves­ti­do, que­rrías al­go ri­co que re­fle­je el hu­mor que crea tu atuen­do. De to­das las fra­gan­cias que creas­te, ¿de cuál te sen­tís más or­gu­llo­sa? No creo que ha­ya so­lo una por la que me sien­ta así. Ca­da vez que tra­ba­jo en al­go nue­vo, pa­ra mí es co­mo un nue­vo be­bé. Sin em­bar­go, hay dos fra­gan­cias que he he­cho que real­men­te han cam­bia­do el mer­ca­do. Si tu­vie­ra que ele­gir cuá­les fue­ron las más exi­to­sas, ten­dría que de­cir CK One y J’ado­re. ¿Me­dís tu or­gu­llo se­gún el éxi­to de la fra­gan­cia?

No mi­do mi or­gu­llo en tér­mi­nos de ven­tas, pe­ro

esas dos fra­gan­cias cam­bia­ron el mer­ca­do en el mo­men­to en que fue­ron lan­za­das. An­tes de CK One, las fra­gan­cias eran muy pe­sa­das; One lle­gó y era li­ge­ra, bur­bu­jean­te y fá­cil. Des­de en­ton­ces, las fra­gan­cias se con­vir­tie­ron en al­go li­ge­ro, bur­bu­jean­te y fá­cil tam­bién. Por otro la­do, ha­bía aro­mas en el mer­ca­do que eran muy fe­me­ni­nos y ri­cos, y J’ado­re los des­pla­zó. Hu­bo un an­tes y un des­pués con One y J’ado­re. ¿Hay al­gún pun­to en tu ca­rre­ra que te ha­ya mar­ca­do pro­fe­sio­nal o per­so­nal­men­te? Sí. Me die­ron un pre­mio en el 2006 lla­ma­do The Cir­cle of Cham­pions, es la dis­tin­ción más al­ta que po­dés ob­te­ner en la in­dus­tria por­que vo­tan tus pa­res. No es un even­to don­de te pre­mian por­que la gen­te vie­ne y do­na di­ne­ro, sino se de­be so­la­men­te a que la gen­te pien­sa que es­tás ha­cien­do un buen tra­ba­jo. Re­ci­bí ese pre­mio y fue uno de los más gran­des honores de los que me pue­do acor­dar. Pa­ra Ann, las fra­gan­cias im­pli­can mu­cho de la sen­sua­li­dad y la iden­ti­dad de una per­so­na, de una mu­jer en par­ti­cu­lar. Pien­sa que la idea de tra­ba­jar en un área don­de se ha­lla cons­tan­te­men­te olien­do co­sas ma­ra­vi­llo­sas es una opor­tu­ni­dad de ha­cer al­go real­men­te es­pe­cial. Ann Gottlieb es una mu­jer afor­tu­na­da, y lo sa­be. ¿Qué lu­gar ocu­pa el per­fu­me en la per­so­na­li­dad de una mu­jer? La fra­gan­cia es una ex­pre­sión de quién sos y es una in­tro­duc­ción a los de­más so­bre quién sos. Creo que es un pro­duc­to muy im­por­tan­te por­que ayu­da a la gen­te a for­mar opi­nio­nes po­si­ti­vas so­bre vos. ¿Cuál con­si­de­rás que es tu fir­ma per­so­nal en las fra­gan­cias con las que tra­ba­jas­te? To­das las fra­gan­cias con las que tra­ba­jé tie­nen al­go que es inex­pli­ca­ble por­que amo los sa­bo­res y olo­res dul­ces y sen­sua­les. Pien­so que eso tie­ne mu­cho que ver con el éxi­to de lo que ha­go. ¿Có­mo de­fi­nís tu pro­fe­sión? Pien­so ra de fra­gan­cias, que soy, pro­ba­ble­men­te, o una di­se­ña­do­ra una de di­se­ña­do- ima­gen. Por­que pro­duc­to. lo que Tie­ne ha­go mu­chos ayu­da as­pec­tos. a po­ner­le mar­ca a un

¿Cuál Mi tra­ba­jo es la me­jor me per­mi­te par­te de rea­li­zar tu tra­ba­jo? una de mis gran­des pa­sio­nes, que es via­jar. Ha­go mu­chos via­jes re­la­cio­na­dos con mi tra­ba­jo, lo cual me ha­ce muy fe­liz.

¿Te ins­pi­rás con los lu­ga­res que vi­si­tás?

Real­men­te, sí. ¿So­lés usar las fra­gan­cias en las que es­tás tra­ba­jan­do? Eso es exac­ta­men­te lo que uso. Es la ma­ne­ra en que me acos­tum­bro a ellas.

¿Cuál es­tás usan­do en es­te mo­men­to? Estoy usan­do una fra­gan­cia en la que estoy tra­ba­jan­do pa­ra Cal­vin Klein. ¿Cuál es la me­jor par­te del cuer­po pa­ra apli­car el per­fu­me? De­pen­de. Amo po­ner un po­co a los la­dos de mi ca­be­za pa­ra que cuan­do la gen­te se acer­que a be­sar­me pue­da oler la fra­gan­cia. Tam­bién dis­fru­to, al sa­lir de la du­cha, po­ner­me la fra­gan­cia por to­do el cuer­po y lue­go po­ner­me la ro­pa. Se con­vier­te en una ex­pre­sión per­so­nal de la fra­gan­cia. ¿Cuál es la re­la­ción en­tre el per­fu­me y el aro­ma cor­po­ral con el ro­man­ce? No to­das las fra­gan­cias hue­len bien en to­dos. De­be­rías con­fiar en al­guien a quien amás o a quien res­pe­tás, es­pe­cial­men­te si es­tás cam­bian­do de fra­gan­cia, pa­ra que sien­ta en vos y así te di­ga si olés bien con ella. Si hue­le ge­nial en vos, creo que te ayu­da a sen­tir­te me­jor y más con­fia­da, y si es­tás más con­fia­da y olés bien, creo que sos una me­jor pa­re­ja se­xual.

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