AA­RON PAUL

AS­CEN­DIEN­DO A TO­DA VE­LO­CI­DAD

High Class - - NOTA DE TAPA - En­tre­vis­ta y fo­to­gra­fías ex­clu­si­vas, gen­ti­le­za de Fil­ma­gic.

El pa­pel de Jes­se en la mul­ti­pre­mia­da se­rie Brea­king Bad le con­sa­gró a Aa­ron Paul en la pan­ta­lla chi­ca. Aho­ra, con nue­vos pro­yec­tos, nos cuen­ta en es­ta en­tre­vis­ta ex­clu­si­va acer­ca de su úl­ti­ma pe­lí­cu­la, Need for Speed, que lo en­cuen­tra co­mo pro­ta­go­nis­ta de una apa­sio­nan­te his­to­ria. Need for Speed, de Drea­mWorks Pic­tu­res, mar­ca un ex­ci­tan­te re­torno a las gran­des pe­lí­cu­las de la cul­tu­ra au­to­mo­vi­lís­ti­ca de las dé­ca­das de 1960 y 1970, cuan­do la au­ten­ti­ci­dad de ese mun­do otor­gó un nue­vo ni­vel de in­ten­si­dad a la ac­ción en la pan­ta­lla.

Aden­trán­do­se en el atrac­ti­vo mi­to nor­te­ame­ri­cano de los via­jes de ca­rre­te­ra, la his­to­ria re­la­ta el ca­si im­po­si­ble tra­yec­to cos­ta a cos­ta que em­pren­den nues­tros hé­roes: es­te co­mien­za co­mo una mi­sión por ob­te­ner ven­gan­za, pe­ro de­mues­tra ser un via­je de re­den­ción.

Ba­sa­da en la fran­qui­cia de vi­deo­jue­gos de ca­rre­ras más exi­to­sa de to­dos los tiem­pos, que lle­gó a ven­der más de 140 mi­llo­nes de co­pias, Need for Speed cap­tu­ra la emo­ción y li­ber­tad del vi­deo­jue­go en un en­torno real, y da vi­da a esa pa­sión por la ca­rre­te­ra que ha con­ver­ti­do a nues­tro amor por los au­to­mó­vi­les en al­go atem­po­ral.

Con­ta­nos un po­co acer­ca de tu per­so­na­je: To­bey Mars­hall.

To­bey Mars­hall es el tí­pi­co hom­bre vi­ril. Es un tra­ba­ja­dor que lu­cha por man­te­ner su ta­ller a flo­te y fue en­via­do a pri­sión in­jus­ta­men­te acu­sa­do de al­go te­rri­ble. Así que en cuan­to sa­le de pri­sión tie­ne un úni­co ob­je­ti­vo: atra­ve­sar el país de cos­ta a cos­ta pa­ra com­pe­tir en una ca­rre­ra clan­des­ti­na. Y tie­ne una co­pi­lo­to lla­ma­da Ju­lia, in­ter­pre­ta­da por la bri­llan­te Imo­gen Poots. Así que, de al­gu­na ma­ne­ra ahí es­ta­mos los dos, que so­mos muy di­fe­ren­tes y es­ta­mos cons­tan­te­men­te en desacuer­do. Pe­ro de a po­co co­men­za­mos a en­ca­ri­ñar­nos el uno con el otro.

¿Vis­te al­gu­nas de las pe­lí­cu­las de au­tos clá­si­cas de las dé­ca­das de 1960 y 1970 a fin de pre­pa­rar­te pa­ra es­te pa­pel?

Sí, de­fi­ni­ti­va­men­te. Lo ma­ra­vi­llo­so de es­ta pe­lí­cu­la es que no es so­lo una pe­lí­cu­la de ca­rre­ras de au­tos, sino que su­po­ne un re­gre­so a las clá­si­cas pe­lí­cu­las de la cul­tu­ra au­to­mo­vi­lís­ti­ca. Cuan­do me reuní con Scott Waugh, nues­tro di­rec­tor, él me ha­bló de es­te en­fo­que in­creí­ble. Me di­jo que se­ría una vuel­ta a las pe­lí­cu­las de la épo­ca de Ste­ve Mc­Queen. Eso me en­tu­sias­mó mu­chí­si­mo. Fue lo pri­me­ro que me fas­ci­nó de es­ta his­to­ria. Y lue­go ahon­dó en có­mo iría a con­tar la his­to­ria. Es ge­nial, por­que creo que los fa­ná­ti­cos de las pe­lí­cu­las de au­tos se me­re­cen al­go así. No es so­lo una lla­ma­ti­va pe­lí­cu­la de ca­rre­ras. Es de­cir, tie­ne ese com­po­nen­te, pe­ro po­see una his­to­ria su­ma­men­te in­tere­san­te de­trás. Así que, sí, fue muy di­ver­ti­do ha­cer to­da es­ta in­ves­ti­ga­ción, ver las pe­lí­cu­las de Ste­ve Mc­Queen, y las nu­me­ro­sas pe­lí­cu­las clá­si­cas de com­pe­ten­cias y per­se­cu­cio­nes de au­tos.

El ro­da­je tie­ne lu­gar de­lan­te de la cá­ma­ra en lu­gar de uti­li­zar efec­tos es­pe­cia­les. ¿Po­dés con­tar­nos más acer­ca de es­to?

Sí, to­dos los efec­tos son prác­ti­cos. No son pu­ros efec­tos es­pe­cia­les aña­di­dos al fi­nal del ro­da­je. Ver­da­de­ra­men­te lo es­ta­mos ha­cien­do. Y a mí me per­mi­ten –no ha­cer to­do– pe­ro de­fi­ni­ti­va­men­te a con­du­cir al­gu­nas de las es­ce­nas más pe­li­gro­sas, lo cual es su­ma­men­te di­ver­ti­do.

Tan­to el di­rec­tor Scott Waugh co­mo el coor­di­na­dor de do­bles Lan­ce Gil­bert pro­ce­den

Lo bueno de es­tos jue­gos es que es­tán car­ga­dos de adre­na­li­na y no tie­nen una his­to­ria. Así que te­nía­mos una suer­te de pá­gi­na en blan­co de­lan­te pa­ra con­tar la nues­tra y ha­cer­la co­mo

me­jor qui­sié­ra­mos

de fa­mi­lias de es­pe­cia­lis­tas de ries­go, lo cual apor­ta una gran au­ten­ti­ci­dad a la pe­lí­cu­la, ¿có­mo fue tra­ba­jar con ellos?

Fue tan ma­ra­vi­llo­so tra­ba­jar ba­jo la di­rec­ción de Scotty Waugh por­que él na­ció en una fa­mi­lia de es­pe­cia­lis­tas de ries­go, y ha es­ta­do ha­cien­do es­te ti­po de co­sas prác­ti­ca­men­te des­de que na­ció. Así que co­no­ce es­te mun­do tan bien. No po­dría pen­sar en na­die me­jor que él. Y Lan­ce Gil­bert, nues­tro coor­di­na­dor de do­bles, es la ter­ce­ra ge­ne­ra­ción de una fa­mi­lia de do­bles de ac­ción. Es­te set es­tá muy car­ga­do de tes­tos­te­ro­na. Es ge­nial. Po­co a po­co me per­mi­ten con­du­cir más. Scott y Lan­ce han de­ci­di­do de­jar­me con­du­cir mu­cho más. Me de­jan in­ter­pre­tar más es­ce­nas de­trás del vo­lan­te por­que creo que se sien­ten más se­gu­ros con mi con­duc­ción aho­ra.

¿Có­mo creés que re­ci­bi­rán los ju­ga­do­res es­ta adap­ta­ción ci­ne­ma­to­grá­fi­ca de los jue­gos de

Need for Speed? Lo bueno de es­tos jue­gos es que es­tán car­ga­dos de adre­na­li­na y no tie­nen una his­to­ria. Te­nía­mos una suer­te de pá­gi­na en blan­co de­lan­te pa­ra con­tar la nues­tra y ha­cer­la co­mo me­jor qui­sié­ra­mos. Y es muy emo­cio­nan­te. Te­ne­mos in­nu­me­ra­bles per­se­cu­cio­nes de au­tos, la po­li­cía nos per­si­gue, nues­tra ca­be­za tie­ne pre­cio. Es emo­cio­nan­te.

Sa­be­mos que te en­tre­nas­te du­ro pa­ra es­te pa­pel.

Sí, an­tes de co­men­zar el ro­da­je qui­sie­ron que asis­tie­ra a es­te cur­so in­ten­si­vo pa­ra apren­der a de­rra­par, pa­ti­nar, y ha­cer gi­ros mar­cha atrás de 180° y has­ta 360°. Y apren­dí to­do es­to en los tres pri­me­ros días, y es alu­ci­nan­te. Lue­go es di­fí­cil no ha­cer­lo en tu día a día. Una vez que apren­dés real­men­te a usar el freno de mano no que­rés de­jar de ha­cer­lo. En la ac­tua­li­dad, el freno de mano en mu­chos au­tos no tie­ne el aga­rre que de­be­ría. Y eso no te per­mi­te de­rra­par y pa­ti­nar co­mo uno que­rría. Pe­ro no­so­tros con­tá­ba­mos con to­dos es­tos au­tos pre­pa­ra­dos es­pe­cial­men­te.

¿Al­gu­na vez con­du­jis­te un Mus­tang?

Creo que una vez con­du­je un Mus­tang clá­si­co que te­nía mi tío, pe­ro es­te Mus­tang nue­vo que de­bo con­du­cir es bes­tial.

En las es­ce­nas ro­da­das en Men­do­cino, ¿con­du­cías un au­to di­fe­ren­te?

En Men­do­cino con­du­cía un Koe­nig­segg, pe­ro yo no es­ta­ba real­men­te con­du­cien­do. Te­nía­mos un ar­ma­zón ele­va­do en la par­te tra­se­ra del au­to­mó­vil y Tan­ner Foust era quien con­du­cía. Es el do­ble de ries­go más bri­llan­te que co­no­cí ja­más.

La his­to­ria so­la es ma­ra­vi­llo­sa, pe­ro las se­cuen­cias de ac­ción que te­ne­mos son in­creí­bles. Es no­ta­ble. Y día a día se vuel­ve más y más ex­ci­tan­te. Es es­pec­ta­cu­lar

¿Dón­de pa­pel? En Wi­llow te en­tre­nas­te Springs, una pa­ra pis­ta con­du­cir que que­da pa­ra a es­te una ho­ra Án­ge­les. apro­xi­ma­da­men­te Allí apren­dí a ha­cer de la al­gu­nos ciu­dad de tru­cos Los ela­bo­ra­dos Fue fa­bu­lo­so. con es­tos fan­tás­ti­cos au­to­mó­vi­les.

¿Co­no­cías for Speed? el fe­nó­meno de los jue­gos Need Sí, va­rios exis­ten de ellos, ha­ce va­rios y es di­ver­ti­do años. Y yo por­que de he­cho to­do ju­gué lo que su­per­au­tos. es­tás ha­cien­do Y aho­ra es es­ta­mos con­du­cir me­ti­dos es­tos exó­ti­cos den­tro de ellos, per­se­gui­dos por la po­li­cía e in­ten­tan­do es­ca­par de los chi­cos ma­los. Es ge­nial.

¿Te gus­tan los au­tos? Sí, ¿a quién no le gus­tan los au­tos, no es así? En reali­dad, más que los nue­vos superdeportivos, me gus­tan los clá­si­cos de­por­ti­vos de gran po­ten­cia; pe­ro sí, de­fi­ni­ti­va­men­te ado­ro los au­tos. De­be de ha­ber si­do di­ver­ti­do po­der con­du­cir al­gu­nos de los muscle cars más em­ble­má­ti­cos. Sí, he es­ta­do con­du­cien­do to­da cla­se de au­tos y es ge­nial. Quie­ro lle­vár­me­los to­dos a ca­sa. Pe­ro no me de­jan.

¿Cuál fue tu pri­mer au­to­mó­vil? Mi pri­mer au­to fue un To­yo­ta Co­ro­lla mo­de­lo 1982. De co­lor do­ra­do. Trans­mi­sión ma­nual. No an­da­ba muy bien. El ma­le­te­ro se lle­na­ba de agua ca­da vez que llo­vía. Pe­ro yo ado­ra­ba ese au­to co­mo a nin­gún otro. ¿Por lo me­nos al­can­za­ba los 130 ki­ló­me­tros por ho­ra? Bueno, qui­zás po­día al­can­zar los 130 km/h, a du­ras pe­nas. Pe­ro ese au­to fue mi ma­yor or­gu­llo y ale­gría du­ran­te mu­chos años. ¿Quién con­du­jo por vos en las es­ce­nas en las que no se te per­mi­te ha­cer­lo? Bueno, de­ja­me de­cir­te que la úni­ca ra­zón por la cual me veo un po­qui­to re­mo­ta­men­te ge­nial en la pe­lí­cu­la es gra­cias a Tan­ner Foust, quien con­si­de­ro que es uno de los con­duc­to­res de ac­ción más bri­llan­tes de la in­dus­tria. Me ha­ce ver in­creí­ble. Así que, ¡bien he­cho, Tan­ner!

¿Qué es lo que más te emo­cio­na de Need For

Speed: La Pe­lí­cu­la? La his­to­ria so­la es ma­ra­vi­llo­sa, pe­ro las se­cuen­cias de ac­ción que te­ne­mos son in­creí­bles. Es no­ta­ble. Y día a día se vuel­ve más y más ex­ci­tan­te. Es es­pec­ta­cu­lar

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