Editorial

High Class - - HC/CONTENIDO -

Es­te mes ce­le­bra­mos el Día del Pa­dre y, co­mo es cos­tum­bre, al­gu­nas de nues­tras pá­gi­nas in­ten­ta­rán echar luz so­be es­te im­por­tan­te víncu­lo pa­ra una fa­mi­lia y una sociedad. De­cir que un pa­dre es sim­ple­men­te el que da la vi­da se­ría en­ca­si­llar el rol en una sim­ple cues­tión bio­ló­gi­ca, por­que ser pa­dre es más que eso, es el que da amor y el que to­dos los días se pro­po­ne ser pa­ra sus hi­jos esa fi­gu­ra que guía, acom­pa­ña, alien­ta y en­se­ña. Los pa­dres sue­len de­cir que las ma­dres tie­nen el ca­mino un po­co más alla­na­do con los hi­jos, por­que el víncu­lo es ca­si tá­ci­to, im­plí­ci­to, y que ellos de­ben cons­truir­lo des­de el pri­mer día. Y es un po­co así. Cuan­do un ni­ño na­ce, sus pri­me­ras ne­ce­si­da­des son aten­di­das por la ma­dre, por una cues­tión bio­ló­gi­ca; el pa­dre es ca­si un es­pec­ta­dor to­do es­te tiem­po, sien­do apo­yo y sos­tén de es­ta, has­ta que el ni­ño pue­de em­pe­zar a cons­truir otro ti­po de víncu­los. Es ahí don­de el hom­bre de­be em­pe­zar a ga­nar­se ese lu­gar, a cons­truir esa re­la­ción her­mo­sa que día a día se va afian­zan­do, y que es tan im­por­tan­te co­mo la que se da con la ma­dre. Pe­ro a ve­ces, tam­bién hay pa­dres que son ma­dres a la vez, abue­los que ha­cen un do­ble pa­pel, tíos o pa­dri­nos que se ga­nan el tí­tu­lo de pa­dres por­que pa­ra un ni­ño no im­por­tan los ró­tu­los, sino el amor y la aten­ción que re­ci­be. Cuan­do na­ce un hi­jo, tam­bién na­ce un pa­dre. Y es que pa­ra un chi­co, un pa­dre es la ima­gen mis­ma de un su­per­hé­roe. En es­te ca­so, un su­per­hé­roe de car­ne y hue­so tan fa­li­ble co­mo cual­quier otro ser hu­mano, pe­ro que an­te los ojos de un ni­ño lo es to­do. En es­te mes, de­di­co es­ta edi­ción al hom­bre que día a día vi­ve el ser pa­dre en to­da su mag­ni­tud. Al que des­de el día en que se en­te­ró que se­ría pa­pá em­pe­zó a vi­vir se­ma­na tras se­ma­na esa ilu­sión tan­to co­mo yo. Al que lle­vé a re­ga­ña­dien­tes a un ma­má club y al que es­tu­vo a mi la­do alen­tán­do­me en ca­da pu­jo, en ca­da ma­dru­ga­da. Fe­liz Día del Pa­dre a to­dos aque­llos que se sien­ten or­gu­llo­sos de ser­lo, a aque­llos que vi­ven ese rol a pe­sar de las dis­tan­cias, el tiem­po o las cir­cuns­tan­cias. Un re­cuer­do a los que ya no es­tán, pe­ro que han de­ja­do mar­ca­do a fue­go el amor en sus hi­jos. Sa­lud por us­te­des, pa­pás.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Paraguay

© PressReader. All rights reserved.