¡Las ma­más to­do­te­rreno!

Son mu­je­res me­diá­ti­cas y mul­ti­fa­cé­ti­cas, pe­ro ade­más de lle­var ade­lan­te sus ta­reas pro­fe­sio­na­les, an­te to­do, son ma­más. Yolanda Park, Ta­na Schém­bo­ri, Pao­la Mal­te­se y Me­lis­sa Qui­ñó­nez di­vi­den su tiem­po en­tre el tra­ba­jo y los hi­jos, y en me­dio de sus aje­tre

TVO - - Pnt -

Mu­chas ma­dres se sen­ti­rán iden­ti­fi­ca­das con las pro­ta­go­nis­tas de es­ta no­ta, que di­vi­den sus días en­tre sus hi­jos, el tra­ba­jo, la ca­sa y sus pro­pias ne­ce­si­da­des. A ve­ces se pa­sa más tiem­po fue­ra de la ca­sa, y la crian­za no es ta­rea fá­cil. Pe­ro la sa­tis­fac­ción de lle­gar y re­ci­bir una son­ri­sa de los chi­cos no tie­ne pre­cio y re­con­for­ta el al­ma. Las ma­más su­per­po­de­ro­sas exis­ten y acá te pre­sen­ta­mos a cua­tro de ellas, que ha­cen ma­gia pa­ra com­par­tir tiem­po de ca­li­dad con sus ni­ños.

YOTA: “MA­XI ME HA­CE ME­JOR PER­SO­NA”

La que­ri­da Yota es ma­má de Ma­xi­mi­li­ano Ji­ro (6), quien ya es to­do un hom­bre­ci­to y va al pri­mer gra­do. Es la luz de los ojos de la con­duc­to­ra de La ma­ña­na de ca­da día. Por él, la Park da­ría to­do.

¿Có­mo es ser ma­dre de un va­rón?

- Ser ma­dre es una ben­di­ción gi­gan­te. Ser­lo de un va­rón, y so­bre to­do de Ma­xi, me ha­ce sen­tir una ele­gi­da de Dios. Ma­xi es un ser muy no­ble, su­per­in­te­li­gen­te y un ejem­plo pa­ra no­so­tros. Siem­pre nos de­mues­tra cuán­to po­de­mos dis­fru­tar de las pe­que­ñas co­sas, ¡que no ha­ce fal­ta mu­cho pa­ra ser fe­liz!

Cuan­do co­no­ci­mos a Ma­xi, de tres me­ses, Ro­ber­to nos di­jo: “Es el nue­vo no­vio de Yota”.

- (Ri­sas) ¡Me reacuer­do! ¡Y tam­bién di­je­ron que se­ría un pe­que­ño dic­ta­dor! Acer­ta­ron en am­bos ca­sos (ri­sas). Sí... es cier­to. Es un hi­jo muy es­pe­cial, me cui­da mu­cho. Pe­se a que tie­ne so­lo seis años, es él quien me lla­ma a pre­gun­tar si es­toy bien, me re­cuer­da que no lle­gue tar­de y sos­tie­ne con su amor y sus ocu­rren­cias nues­tra fa­mi­lia. Eso sí, ¡se vuel­ve lo­co cuan­do Ro­ber­to le pre­gun­ta si quie­re una her­ma­ni­ta! ¡Chis­pea! (Ri­sas).

Tu hom­bre­ci­to, ¿es ce­lo­so de ma­má?

- ¡Es su­per­ce­lo­so! Y lo apro­ve­cho... Por­que en cual­quier mo­men­to me apa­re­ce­rá al­gu­na se­ño­ri­ta que se­rá la des­ti­na­ta­ria de sus ce­los. Así que, mien­tras sea yo la úni­ca mu­jer de su vida, ¡lo dis­fru­to!

En esa pri­me­ra pro­duc­ción, nos de­cías: “Ya na­die pre­gun­ta por mí, sino por Ma­xi"...

- ¡Pre­gun­ta­le a los chi­cos de la pro­duc­ción! ¡Na­die me ha­cía ca­so a mí! ¡To­do era Ma­xi no­más! (Ri­sas). Yo soy muy fe­liz cuan­do lo veo tan ma­du­ro, tan abier­to con las personas. ¡Ma­xi sa­be que to­dos son sus tíos! Que to­dos acom­pa­ña­ron muy de cer­ca su na­ci­mien­to y cre­ci­mien­to, y que hay mu­cho amor en torno a él.

¿Qué pa­sa­tiem­po com­par­tís con tu hi­jo?

- ¡Con Ma­xi vi­vi­mos el fút­bol! Co­mo ha­brán vis­to, to­das sus po­ses son de fut­bo­lis­tas (ri­sas). Dy­ba­la, Cris­tiano, Pog­ba (ri­sas). Va­mos a ju­gar al par­que, co­lec­cio­na­mos ca­mi­se­tas de equi­pos, ¡te­ne­mos más de 150! Tam­bién es­tu­dia­mos jun­tos pa­ra los exá­me­nes. ¡El pri­me­ro fue un éxi­to! En in­glés hi­ci­mos 25 de 25, así es que va­mos bien (ri­sas).

Ser ma­má en el si­glo XXI es un desafío tre­men­do, ¿ver­dad?

- Es un desafío gi­gan­te. A ve­ces me pre­gun­to qué mun­do le es­ta­mos de­jan­do a nues­tros hi­jos. Es por eso que de­be­mos ha­cer lo que po­da­mos pa­ra cons­truir un lu­gar me­jor, ¡va­le la pe­na! El ejem­plo es lo más im­por­tan­te. Hay que ac­tuar en con­se­cuen­cia.

¿Ma­xi te acom­pa­ña a don­de po­dés lle­var­lo?

- ¡Siem­pre! A ve­ces me sien­to un po­co culpable por no es­tar más tiem­po con él. Es­te año sur­gie­ron al­gu­nas cir­cuns­tan­cias que me die­ron la po­si­bi­li­dad de es­tar más a su la­do. Crez­co con él. Ma­xi me ha­ce me­jor per­so­na. ¡Veo el mun­do con otros ojos! Y es ma­ra­vi­llo­so

ver­lo cre­cer, así que cual­quier es­pa­cio que ten­ga­mos pa­ra es­tar jun­tos lo apro­ve­cha­mos.

¿Qué va­lo­res in­cul­cás a tu ne­ne?

- La ho­nes­ti­dad, el res­pe­to, la so­li­da­ri­dad. Siem­pre le di­go que de­be sa­ber que hay ni­ños que no tie­nen sus po­si­bi­li­da­des, y hay que com­par­tir y ayu­dar­los. Re­cuer­do que un día le lle­vé a la ca­sa don­de yo vi­vía, en Barrio Obre­ro, muy hu­mil­de. Le ex­pli­qué có­mo fue mi in­fan­cia. Ahí en­ten­dió mu­chas co­sas.

¿Sos una ma­má exi­gen­te?

- Soy su­per­exi­gen­te. En el te­ma aca­dé­mi­co soy tan exi­gen­te co­mo mis pa­dres lo fue­ron con­mi­go. No le exi­jo que sa­que to­do cinco, pe­ro sí to­do su es­fuer­zo en ca­da co­sa que em­pren­da. El te­ma “así no­más” con­mi­go no va. Pe­ro en otras si­tua­cio­nes de la vida soy de ce­der mu­chí­si­mo (ri­sas) ¡La dé­bil soy yo! Ten­go el sí fá­cil con Ma­xi. Ro­ber­to es más fir­me con él.

¿Pen­sás te­ner otro hi­jo?

- Sí, siem­pre lo ha­bla­mos con Ro­ber­to. Ma­xi por suer- te no es hi­jo úni­co, tie­ne dos her­ma­nos ma­yo­res ma­ra­vi­llo­sos. ¡Lei­la, ya una se­ño­ri­ta, y Pau­lo, que es su ído­lo! ¡Lo ado­ra! Pau­lo es su ejem­plo en to­do, ¡y se ex­tra­ñan mu­chí­si­mo cuan­do no se ven! Pe­ro siem­pre ha­bla­mos de la her­ma­ni­ta. Lo que ya pi­lla­mos es que no te­ne­mos que pre­gun­tar­le a Ma­xi (ri­sas).

MELI: “MA­XI ES EL AMOR DE MI VIDA”

La con­duc­to­ra de E40, Me­lis­sa Qui­ñó­nez, es­tá enamo­ra­da de su pe­que­ño Ma­xi­mo (5). El pe­que va al prees­co­lar y es muy com­pin­che de su mami. Siem­pre que pue­den sa­len jun­tos y les en­can­ta ir al ci­ne.

Meli, ¿qué sig­ni­fi­ca ser la ma­má de Max?

- Ser la ma­má de Ma­xi­mo fue lo me­jor que me pa­só en la vida. No exis­te una pa­la­bra, fra­se o pá­rra­fo que ex­pli­que lo que sien­to co­mo ma­má.

Cuan­do lo presentaste en TVO, con so­lo dos días de na­ci­do, nos dijiste: “No pue­do creer que Max ha­ya es­ta­do en mi pan­za”.

- Sí, Ma­xi­mo fue muy es­pe­ra­do. An­tes de em­ba­ra­zar­me ya sa­bía que mi pri­mer hi­jo iba a ser va­rón. Sen­tía una in­tui­ción úni­ca y es­ta­ba se­gu­ra de ello.

¿Sos ma­má clue­ca?

- ¡Sí, soy muy clue­ca! (Ri­sas).

Al apa­gar­se el mi­cró­fono de la ra­dio y las luces del ca­nal, ¿con­ti­nuás tra­ba­jan­do en ca­sa?

- Sí, y Ma­xi­mo me lo re­cla­ma. Por eso tra­to de de­jar aun­que sea un ra­to el ce­lu­lar y las res­pon­sa­bi­li­da­des del tra­ba­jo cuan­do es­toy con él.

Max com­ple­ta tu vida, de­fi­ni­ti­va­men­te...

- ¡To­tal y ab­so­lu­ta­men­te! Ma­xi­mo es el amor de mi vida, lo más im­por­tan­te. Es to­do pa­ra mí.

¿Es com­pli­ca­do ser ma­má de un ni­ño pe­que­ño y tra­ba­jar fue­ra de ca­sa?

- Muy com­pli­ca­do, pe­ro siem­pre bus­co el equi­li­brio. No na­cí en una cu­na de oro y sé que so­lo po­de­mos sa­lir ade­lan­te tra­ba­jan­do du­ro.

¿Los fi­nes de se­ma­na son de Ma­xi­mo?

- Sí, los fi­nes de se­ma­na tra­to de es­tar pa­ra él 100%, y si al­go lo im­pi­de, bus­co en la se­ma­na re­ga­lar­le un día a so­las con ma­má. Va­mos al ci­ne, al par­que, ha­ce­mos co­sas di­ver­ti­das jun­tos y eso en­ri­que­ce nues­tra re­la­ción ma­dre-hi­jo.

¿Qué les en­can­ta ha­cer jun­tos?

- ¡Jun­tos ha­ce­mos de to­do! Ju­ga­mos, ha­bla­mos mu­cho y, por so­bre to­do, nos mi­ma­mos.

¿Có­mo te ca­li­fi­ca­rías co­mo ma­má? ¿Bue­na, exi­gen­te, ami­ga?

- Me pon­go un sie­te, nin­gu­na ma­má es per­fec­ta. Pe­ro me en­can­ta­ría, más ade­lan­te, ser pa­ra mi hi­jo, ¡una ma­má 10!, pe­ro que él lo di­ga. Soy una ma­má exi­gen­te (ri­sas), ¡pe­ro al mis­mo tiem­po ami­ga!

¿Qué va­lo­res le in­cul­cás?

- Res­pe­to, ho­nes­ti­dad y amor, por so­bre to­das las co­sas.

Cre­cen rá­pi­do los hi­jos, hay que dis­fru­tar­los aho­ra que son pe­que­ños. Siem­pre ve­mos que Ma­xi­mo te acom­pa­ña a to­dos la­dos.

- ¡Me acom­pa­ña en to­do! Ya sa­be que mami es fa­mo­sa y lo es­tá asi­mi­lan­do muy bien. No es fá­cil pa­ra un ni­ño, pe­ro con su per­so­na­li­dad, su in­de­pen­den­cia e in­te­li­gen­cia lo es­tá di­gi­rien­do con ma­du­rez. Al prin­ci­pio llo­ra­ba cuan­do me pe­dían una fo­to, aho­ra se su­ma a to­das y ¡po­sa con no­so­tros! (Ri­sas).

¿Es ce­lo­so?

- Creo que sí, un po­co. Por Ma­xi­mo guar­dé sol­te­ría, me asus­ta­ba la idea de las­ti­mar­lo si reha­cía mi vida. De a po­co lo voy asi­mi­lan­do, pe­ro es­toy cons­cien­te de que eso va a su­ce­der a su de­bi­do tiem­po.

O sea que aho­ra ma­má Meli es­tá so­li­ta y so­la.

- Sí, so­la. Dis­fru­tan­do de Ma­xi­mo.

TA­NA SCHÉM­BO­RI: “AHO­RA TO­DO GI­RA AL­RE­DE­DOR DE BAUTI”

Pa­ra la ci­neas­ta Ta­na Schém­bo­ri, el amor de Bau­tis­ta Ni­co­lás Ins­frán Schém­bo­ri (5) es el mo­tor que la mue­ve día a día. El pe­que­ño, que va al kin­der­gar­ten (jar­dín de in­fan­tes), a ve­ces la acom­pa­ña a las gra­ba­cio­nes y has­ta ya tie­ne po­ses de ac­tor.

Ser la ma­má de Bau­tis­ta, ¿qué sig­ni­fi­ca­do tie­ne en tu vida?

- Pa­ra mí, ser la ma­má de Bau­tis­ta es com­pro­bar que los mi­la­gros exis­ten. Es la ta­rea más her­mo­sa, es pa­ra to­da la vida. Es tal vez la mi­sión más im­por­tan­te y más lin­da que me dio la vida.

¿Tu vida cam­bió des­de que lle­gó tu hi­jo?

- Mi vida cam­bió. Si­go sien­do in­de­pen­dien­te, mul­ti­ta­rea to­tal, tra­ba­jó­li­ca has­ta el ex­tre­mo, pe­ro lo que hi­zo Bauti fue que en­ca­mi­na­ra mis me­tas, que tu­vie­ra ob­je­ti­vos más cla­ros, que prio­ri­za­ra otras co­sas. Si­go sien­do bohe­mia, pe­ro no te­nien­do una vida tan bohe­mia, por­que evi­den­te­men­te te­ner un hi­jo im­pli­ca or­der­nar­me y re­or­ga­ni­zar­me to­tal­men­te.

¿Có­mo te va en es­ta pri­me­ra in­fan­cia de Bau­tis­ta?

- Es­ta eta­pa es muy her­mo­sa y muy desafian­te. Aho­ra em­pe­zó el co­le gran­de, es en­fren­tar nue­vas ta­reas, nue­vos ho­ra­rios. So­bre to­do, tra­to que mi pre­sen­cia y mi acom­pa­ña­mien­to en la vida de Bauti sean lo ma­yor po­si­ble, por­que eso es lo que a ve­ces cues­ta cuan­do sos una ma­má que tra­ba­ja. El tiem­po com­par­ti­do de­be ser de ca­li­dad, por­que a ve­ces una es­tá, pe­ro con mi­les de co­sas, co­mo el ce­lu­lar, los com­pro­mi­sos.

¿Po­dés des­cri­bir a Bauti?

- Es un ni­ño muy es­pe­cial, le gus­ta mu­cho ju­gar, es so­cia­ble, es muy po­si­ti­vo, siem­pre es­tá ale­gre, es muy lú­di­co y com­pa­ñe­ro, se va con­mi­go a to­dos la­dos. Pe­ro eso mer­mó un po­co aho­ra, por­que con el co­le tu­vi­mos que ad­mi­nis­trar me­jor sus ho­ra­rios, aun­que tra­to de dar­le ca­li­dad de tiem­po. Aho­ra to­do gi­ra al­re­de­dor de Bauti, an­tes gi­ra­ba to­do en torno a mi tra­ba­jo, tan­to

mis ac­ti­vi­da­des co­mo las de su pa­pá (Jo­sé Ins­frán). Las ve­ces que pue­do, ha­go ofi­ci­na en ca­sa.

¿Ya es­tu­dia ac­tua­ción?

- To­da­vía no, ¡pe­ro le en­can­ta ac­tuar fren­te a las cámaras! En to­do mo­men­to le quito fo­tos y le gra­bo. En el Ta­ller In­te­gral de Ac­tua­ción (Tia) re­cién em­pie­zan a los ocho años, y a esa edad sa­bre­mos si le gus­ta o no. Es un per­so­na­je, él quie­re te­ner su ca­nal de YouTu­be, y en­ton­ces en­se­ñar a la­var­se los dien­tes, o lo que sea. Sí va a la es­cue­la de fút­bol, pe­ro me gus­ta que jue­gue en la ca­sa, que in­ven­te co­sas, no lo quie­ro lle­nar de tan­tas ac­ti­vi­da­des fue­ra del co­le.

¿Có­mo es ma­má Ta­na?

- Soy una ma­má que tra­ta de que Bauti go­ce de cier­ta li­ber­tad des­de chi­qui­to, de op­tar por lo que quie­ra ha­cer, pe­ro siem­pre sa­bien­do que de­be­mos te­ner cier­ta dis­ci­pli­na. En ese sen­ti­do, su pa­pá es más ri­gu­ro­so, mar­ca la dis­ci­pli­na; yo soy más flo­ja. Real­men­te, nues­tros hi­jos nos en­se­ñan a ser ma­más, por­que no sa­be­mos si es­ta­mos ha­cien­do bien o mal.

¿Qué va­lo­res tras­mi­tís a tu hi­jo?

- El más im­por­tan­te creo que es el amor, que es la ba­se de to­do. Ade­más de la ho­nes­ti­dad y la sen­ci­llez, por­que es­ta­mos en un mun­do muy ma­te­ria­lis­ta. En ca­sa con­ver­sa­mos mu­cho a la ho­ra de la ce­na, re­za­mos an­tes de co­mer y ha­bla­mos en fa­mi­lia.

PAO­LA: “ES IN­CREÍ­BLE CÓ­MO SE TE AGRANDA EL CO­RA­ZÓN...”

La con­duc­to­ra y ac­triz Pao Mal­te­se dis­fru­ta al má­xi­mo de su ma­ter­ni­dad. Sas­kia (5) y Rins­ke (3) la tie­nen lo­ca de amor y jun­tas for­man un di­ver­ti­do trío.

Ma­má de dos ne­nas, ¿có­mo te ha­ce sen­tir?

- ¡Fe­liz! La ver­dad, ca­da día es una aventura nue­va, un apren­di­za­je. ¡Es lo me­jor! Sin caer en fra­ses cur­sis ni na­da de eso, de ver­dad, lo me­jor que me pa­só es ser la ma­má de es­tas dos ne­nas. Son to­do pa­ra mí, cual­quier día di­fí­cil ellas me cam­bian por una son­ri­sa, ha­cen ma­gia en mi vida. Igual es to­do un desafío te­ner dos hi­jos, las ac­ti­vi­da­des y los mo­men­tos di­fe­ren­tes; a una de re­pen­te le ten­go que lle­var al bai­le, a la otra a la na­ta­ción, siem­pre tra­to de di­vi­dir­me pa­ra es­tar con am­bas, ¡pe­ro se pue­de y va­le la pe­na!

¿Bus­ca­rás el ne­ne?

- ¡Sí! La ver­dad, que­re­mos te­ner otro hi­jo, sea ne­ne o ne­na. Igual creo que es­ta­ría bueno ya que vi­nie­ra un va­rón (ri­sas), pe­ro si vie­ne otra ni­ña, ge­nial. Es de­ma­sia­do her­mo­so te­ner a nues­tras ne­nas, son tan dul­ces, ca­ri­ño­sas, su­per­aten­tas, com­pa­ñe­ras. Ve­re­mos qué pa­sa, si vie­ne una ne­na o un ne­ne.

¿Qué sen­tis­te cuan­do na­ció Sas­kia?

- ¡Fe­li­ci­dad! Con un po­qui­to de du­das, de có­mo se­ría en mi nue­va ta­rea. Pe­ro te­ner a mi ma­má con tan­ta ener­gía y ga­nas de dis­fru­tar de ser abue­la me ayu­dó mu­chí­si­mo. Mis her­ma­nas tam­bién, que ya eran ma­más. So­bre to­do, la ma­ter­ni­dad pa­ra mí es fe­li­ci­dad, no hay mu­chas an­gus­tias, las úni­cas son cuan­do es­tán en­fer­mas o se sien­ten mal. Des­de Sas­kia, cuan­do fui ma­má primeriza, me sen­tí muy se­gu­ra y la pa­sé muy bien.

Con Rins­ke ya tu­vis­te más ex­pe­rien­cia...

- Sí, tu­ve más ex­pe­rien­cia, pe­ro so­lo en cam­biar pa­ña­les, dar de ma­mar, las va­cu­nas, ya es­ta­ba co­mo más tran­qui. Pe­ro ca­da em­ba­ra­zo y ca­da be­bé fue di­fe­ren­te. Rins­ke, por ejem­plo, tu­vo aler­gia a la pro­teí­na

de va­ca has­ta los dos años, y yo te­nía que ha­cer una die­ta pa­ra dar­le de ma­mar y que no le pa­sa­ra na­da que tu­vie­ra pro­teí­na de le­che. No co­mía na­da que vi­nie­ra de la va­ca.

Fue más com­pli­ca­do, en­ton­ces.

- Con Rins­ke tu­ve experiencias que me asus­ta­ron mu­chí­si­mo por esa aler­gia que ella te­nía, ¡ca­si se me as­fi­xió en al­gu­nas opor­tu­ni­da­des! La ver­dad, Sas­kia y Rins­ke fue­ron bas­tan­te di­fe­ren­tes de be­bés. Fue­ron dos experiencias her­mo­sas, ma­ra­vi­llo­sas y to­tal­men­te dis­tin­tas, pe­ro siem­pre lle­nas del pla­cer de ser ma­má, de criar.

¿Qué ac­ti­vi­da­des com­par­ten las tres jun­ti­tas?

- Nos va­mos a me­ren­dar, ha­bla­mos, ju­ga­mos, les bus­co del bai­le y me cuen­tan sus anéc­do­tas. Al­mor­za­mos jun­tas y me cuen­tan có­mo les fue en el co­le y la guar­de. Es­ta­mos en una eta­pa en que da tan­to gus­to es­tar con ellas, por­que las dos si­guen sien­do en­tre be­bés y ni­ñas. Ya se pue­de con­ver­sar con am­bas, pe­ro tam­bién tie­nen esas co­si­tas de be­bé, so­bre to­do Rins­ke. ¡Es­ta­mos en una eta­pa tan má­gi­ca!

¿Sos una ma­má ami­ga?

- Sí, pe­ro igual soy muy fir­me en mis decisiones. Si al­go es no, tra­to de man­te­ner eso. A no ser que lle­gue­mos a un acuer­do y ne­go­cie­mos: “¿Que­rés co­mer pos­tre?, to­má tu re­me­dio”. Pe­ro soy muy fir­me en las reglas de la ca­sa, y de com­por­ta­mien­to, so­bre to­do. In­ten­to de que sean dis­ci­pli­na­das, pe­ro te­ne­mos una co­ne­xión muy fuer­te en­tre las tres. En sus mi­ra­das o to­nos de vo­ces ya sé lo que les pa­sa.

¿Có­mo com­bi­nás tra­ba­jo con ma­ter­ni­dad?

- No es fá­cil. Es com­pli­ca­do. Hay días en los que ten­go mu­chas ac­ti­vi­da­des, las ex­tra­ño y di­go: “¡Có­mo quie­ro es­tar con ellas!”. Pe­ro de­seo que me ad­mi­ren, que la gen­te les ha­ble de su ma­má y a ellas se les hin­che el pe­cho. Ja­más ha­brá un tra­ba­jo que sea más im­por­tan­te que un even­to de ellas. No hay reunión en la que ha­ya fal­ta­do o días es­pe­cia­les en la guar­de o el co­le. Al­gu­nas ve­ces ten­go que gra­bar mis pro­gra­mas pa­ra bus­car­las del bai­le, por ejem­plo.

¿La ma­yor sa­tis­fac­ción que te da ser ma­má?

- Hay tan­tas. Creo que el ser ma­má ya es la me­jor sa­tis­fac­ción, pe­ro ca­da ex­pe­rien­cia nue­va es gra­ti­fi­can­te, co­mo en­ten­der al­gu­nas co­sas que en al­gún mo­men­to me di­jo mi ma­má y ver que te­nía ra­zón (ri­sas).To­dos los días son fe­li­ces, pue­do te­ner pro­ble­mas la­bo­ra­les, sen­ti­men­ta­les, per­so­na­les, pe­ro ellas son co­mo una luz que ha­ce que to­do es­té ilu­mi­na­do siem­pre. No hay días os­cu­ros, esa es la ma­yor sa­tis­fac­ción, sa­ber que un abra­zo de ellas pue­de cu­rar to­do. ¡El abra­zo de los hi­jos es lo más cu­ra­ti­vo del mun­do! Ade­más, ca­da vez que al­guien vie­ne y me ha­bla bien de ellas o sus lo­gros me da mu­cha sa­tis­fac­ción. Creo que el ma­yor le­ga­do que po­de­mos de­jar en la tie­rra son bue­nos hi­jos. ¡Es una aventura ser ma­má! Y vas apren­dien­do por el ca­mino, que es­tá lleno de ale­grías y ju­gue­tes es­par­ci­dos por la ca­sa.

Cuan­do na­ció Sas­kia nos dijiste que te con­ver­tis­te en una mu­jer su­per­po­de­ro­sa, ¿re­cor­dás? Con dos hi­jas, ¿có­mo te sen­tís?

- Sí, re­cuer­do. Y aho­ra con dos ne­nas me re­afir­mo en que me ha­cen sen­tir su­per­po­de­ro­sa. Con ellas to­do lo pue­do. Cuan­do es­ta­ba em­ba­ra­za­da de Rins­ke, de­cía: “¿Se­rá que le voy a que­rer tan­to co­mo a Sas­kia?”, y es in­creí­ble có­mo se te agranda el co­ra­zón con ca­da hi­jo. Les amo con to­da mi al­ma, in­fi­ni­ta­men­te, a las dos. Te cre­cen el co­ra­zón, las aga­llas, la fuer­za, la va­len­tía, el co­ra­je, por eso me re­afir­mo en que me ha­cen sen­tir su­per­po­de­ro­sa. Luz Gon­zá­lez / Fo­tos: Mó­ni­ca Ma­tiau­da / Pro­duc­ción: Ama­lia Ri­vas Bi­gor­dá / Asis­ten­tes de pro­duc­ción: Ar­nal­do Gon­zá­lez - Der­lis Mat­to / Lo­ca­ción: La Fac­to­ría Ho­tel / Agra­de­ci­mien­tos: Bo­ti­ca Má­gi­ca Yota: María So­nia Gau­to / Pren­das de Ma­xi: Za­ra Kids / Ma­qui­lla­je y pei­na­do: Lour­des Ival­di Meli: So­ra­ya Bit­tar / Pren­das de Ma­xi­mo: L’uo­mo / Bi­joute­rie: @pau­la­ne­graopy / Pei­na­do: Ouh La La Pe­lu­que­ría / Ma­qui­lla­je: Ru­ti Mo­le­ri Pao­la y sus ne­nas: Ne­gro Váz­quez pa­ra Ca­bu­ré y Ca­bu­ré Kids / Jo­yas: Oli­ver We­ber by Swa­ros­ki / Pei­na­do y ma­qui­lla­je: Gabby Do­se Ta­na: Di­se­ño de Li­zet­te Ortiz y Pa­tri­cia Me­di­na pa­ra Liz­pa Al­ta Cos­tu­ra / Tra­je de Bauti: Di­se­ño de Jork Avei­ro / Bi­joute­rie: Bar­dot de Em­ma Viedma / Pei­na­do y Ma­qui­lla­je: Ma­rie Ca­rol

POLÍGLOTA. “Ma­xi ha­bla es­pa­ñol, in­glés con los tíos y pri­mos aus­tra­lia­nos, co­reano con los abue­los ma­ter­nos y gua­ra­ní con los abue­los pa­ter­nos”, nos con­tó ma­má Yota.

EL AMOR DE SU VIDA. Pa­ra Meli no hay amor más gran­de en su vida que el pe­que­ño Ma­xi, el hom­bre que le ro­ba ca­da uno de sus sus­pi­ros. TVO

LOS BUS­CA­DO­RES. Bauti con­tó a sus com­pa­ñe­ri­tos del co­le que la nue­va pe­lí­cu­la de su ma­má tra­ta de la bús­que­da de te­so­ros. Los pe­ques que­da­ron en­can­ta­dos con el te­ma y has­ta se pu­sie­ron a ca­var en el pa­tio de la es­cue­la. ¡Co­sas de chi­cos!

MUY PEGOTAS. Pao y sus ne­nas son muy mi­mo­sas. “Dis­fru­ta­mos mu­cho de los abra­zos, de de­cir­nos que nos que­re­mos, nos ama­mos”, con­tó la con­duc­to­ra.

LA PRE­VIA. Nues­tras in­vi­ta­das com­par­tien­do el en­cuen­tro an­tes de las to­mas prin­ci­pa­les

MI­MOS PA­RA LAS MAMIS. Du­ran­te la se­sión nos acom­pa­ña­ron las mar­cas de Unión, Ca­rey y Doddy, así co­mo Óp­ti­ca Ca­rrón de Ste­lla y Mi­guel Acos­ta Imas. Tam­bién di­jo pre­sen­te La Gio­con­da con L'Oc­ci­ta­ne.

PRE­SEN­TES. Ca­da una des­ta­ca en lo que ha­ce y así tam­bién las cua­tro coin­ci­den en al­go: su prio­ri­dad son sus pe­que­ños. Pa­ra Yota, Ta­na, Pao y Meli, sus pe­que­ños es­tán pri­me­ro.

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