DE­POR­TE

Que los ju­ga­do­res de fút­bol lle­ven en la es­pal­da el ape­lli­do y un nú­me­ro que los iden­ti­fi­que es tan na­tu­ral co­mo ver­los ves­ti­dos con ca­mi­se­tas y pan­ta­lo­nes cor­tos. Pe­ro por mu­chos años las ca­sa­cas no lle­va­ron en el dor­sal los nom­bres ni los dí­gi­tos.

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Ha­ga­mos nú­me­ros

En las Is­las Bri­tá­ni­cas, pio­ne­ras por ser las crea­do­ras del fút­bol mo­derno, los clu­bes ya ha­bían adop­ta­do los nú­me­ros en la es­pal­da en la dé­ca­da del 20, con al­gu­na ex­cep­ción (ya vol­ve­re­mos so­bre es­te pun­to). En el res­to de Eu­ro­pa lo hi­cie­ron a co­mien­zos de los años 40, en el ca­so de Ita­lia, y tras la fi­na­li­za­ción de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial (1939-1945) en los de­más paí­ses.

En la Unión So­vié­ti­ca, los nú­me­ros apa­re­cie­ron en 1946, y en Ale­ma­nia, en 1948, con la sal­ve­dad de que el club más exi­to­so de la épo­ca, el 1. FC Nürn­berg, de Nú­rem­berg, se ne­gó a rom­per la tra­di­ción y es­pe­ró un año más pa­ra ade­cuar­se a las exi­gen­cias de la fe­de­ra­ción ale­ma­na.

El Nürn­berg no es­ta­ba so­lo en eso de res­pe­tar la tra­di­ción, ya que en Es­co­cia el po­de­ro­so Cel­tic de Glas­gow tam­bién se rehu­só a por­tar nú­me­ros, y cuan­do lo obli­ga­ron, op­tó por po­ner­los en los pan­ta­lo­nes, atrás y ade­lan­te. Así ga­na­ron la Co­pa de Clu­bes Cam­peo­nes de Eu­ro­pa (la ac­tual Cham­pions Lea­gue) y así ju­ga­ron la fi­nal de la In­ter­con­ti­nen­tal fren­te al Ra­cing ar­gen­tino en 1967, lo que por su­pues­to re­sul­tó lla­ma­ti­vo en es­tos la­res.

El club más ca­tó­li­co del mun­do, fi­nal­men­te, fue obli­ga­do por la UEFA a ade­cuar­se a sus nor­mas y así fue co­mo en 1975, por pri­me­ra vez en su his­to­ria, el Cel­tic adop­tó la nu­me­ra­ción en sus ca­mi­se­tas. Pe­ro... re­suel­tos a guar­dar la tra­di­ción, en los cam­peo­na­tos do­més­ti­cos el dor­sal de la ca­sa­ca ver­di­blan­ca a ra­yas horizontales se­guía mos­trán­do­se in­ma­cu­la­do.

Pe­ro na­da es pa­ra siem­pre, así que en 1994 (ayer, prác­ti­ca­men­te) el Cel­tic por fin ce­dió y le es­tam­pó nú­me­ros a sus ca­mi­se­tas en la par­te pos­te­rior. Una tra­di­ción cen­te­na­ria lle­ga­ba a su fin y se­gu­ra­men­te la te­le­vi­sión al­go ha­brá te­ni­do que ver en es­te asun­to, en aras de que los te­le­vi­den­tes pu­die­ran iden­ti­fi­car más fá­cil­men­te a los pro­ta­go­nis­tas.

En Amé­ri­ca del Sur, la pio­ne­ra fue la Fe­de­ra­ción Pau­lis­ta de Fút­bol, que in­cor­po­ró la nu­me­ra­ción en 1948. La Aso­cia­ción del Fút­bol Ar­gen­tino (AFA) la se­gui­ría en 1949 y a par­tir de ahí las de­más fe­de­ra­cio­nes y aso­cia­cio­nes imi­ta­rían a las de los dos her­ma­nos ma­yo­res del con­ti­nen­te.

¿Y en Pa­ra­guay? El pri­mer equi­po en por­tar nú­me­ros fue la Se­lec­ción Pa­ra­gua­ya. La Al­bi­rro­ja tu­vo que pe­gar en sus ca­mi­se­tas un par­che blan­co con dí­gi­tos ne­gros cuan­do par­ti­ci­pó en el Mun­dial de Bra­sil en 1950. Sin em­bar­go, los clu­bes re­cién lo ha­rían en 1952, a par­tir de la pri­me­ra fe­cha del cam­peo­na­to ofi­cial anual. En el Tor­neo de Ho­nor, que se dispu­taba pre­via­men­te, las ca­sa­cas to­da­vía per­ma­ne­cían lim­pias.

El 29 de ju­nio de 1952, en la pri­me­ra fe­cha del cam­peo­na­to ofi­cial, por fin, el fút­bol pa­ra­gua­yo se po­nía al día y des­de en­ton­ces los fut­bo­lis­tas pue­den ser iden­ti­fi­ca­dos gra­cias a los nú­me­ros ad­he­ri­dos a la par­te pos­te­rior de las ca­sa­cas.

Ha­bía lle­ga­do la épo­ca en la que los nú­me­ros iden­ti­fi­ca­ban la po­si­ción de ca­da ju­ga­dor, si bien no siem­pre los pues­tos te­nían la mis­ma no­men­cla­tu­ra en to­dos los paí­ses, pe­ro al­gu­nos eran ca­si ina­mo­vi­bles. El 1 siem­pre era el ar­que­ro, el 7 el puntero de­re­cho, el 9 el cen­tro­de­lan­te­ro, el 11 el puntero iz­quier­do y el 10 pa­só a sim­bo­li­zar la ex­ce­len­cia en el jue­go, pues des­de en­ton­ces, y po­de­mos de­cir que has­ta aho­ra, iden­ti­fi­ca al me­jor ju­ga­dor, o al me­nos al más ta­len­to­so del equi­po.

Nom­bres pro­pios

Con la po­si­bi­li­dad de in­tro­du­cir sus­ti­tu­cio­nes, las ci­fras fue­ron más allá del 11. To­da­vía no era tiem­po de que a los fut­bo­lis­tas se les atri­bu­ye­ra un nú­me­ro úni­co pa­ra to­da la tem­po­ra­da, co­mo ya ocu­rría en otros de­por­tes, prin­ci­pal­men­te en Es­ta­dos Uni­dos. La ex­cep­ción ocu­rría cuan­do se tra­ta­ba de tor­neos in­ter­na­cio­na­les a ni­vel de clu­bes y se­lec­cio­nes, en los que ca­da ju­ga­dor lle­va­ba el nú­me­ro que le co­rres­pon­día en la lis­ta de bue­na fe.

Pe­ro eso tam­bién lle­ga­ría a las com­pe­ten­cias de en­tre­ca­sa en los años 90, aun­que an­tes ya ha­bían apa­re­ci­do al­gu­nos pio­ne­ros co­mo el ho­lan­dés Johan Cruyff, quien se ani­mó a lu­cir el 14 en épo­cas de nú­me­ros co­rri­dos del 1 al 11. En Pa­ra­guay, las ci­fras per­so­na­les se por­tan des­de el 13 de fe­bre­ro de 2005 y, pa­ra­le­la­men­te, los clu­bes tam­bién fue­ron au­to­ri­za­dos a po­ner los nom­bres de los ju­ga­do­res en la es­pal­da.

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