Ha­mish Bow­les

Cosas Moda - - Índice - Tex­to Isa­bel Miró Quesada y Ur­su­la Cas­trat fo­to­gra­fía Ja­vier Fal­cón

Con­ver­sa­mos en ex­clu­si­va con el icó­ni­co edi­tor y co­lec­cio­nis­ta

VIN­TA­GE BOW­LES — Con­ver­sa­mos con el icó­ni­co edi­tor de mo­da y co­lec­cio­nis­ta a pro­pó­si­to de su pa­so por Li­ma, don­de asis­tió a la úl­ti­ma ga­la de MA­TE.

Ha­mish con­si­de­ra que lo que ha­ce pa­ra “Vo­gue” es muy am­plio, ya que es­cri­be perfiles pe­ro tam­bién pue­de ser que lo to­que ju­gar bás­quet con los Knicks de Nue­va York. Ade­más, es­cri­be so­bre es­ti­lo, his­to­ria y mo­da. Y aho­ra con Vin­ta­ge Bow­les (una se­rie on­li­ne en el por­tal de vo­gue.com) cuen­ta, de una ma­ne­ra muy ho­nes­ta y a su es­ti­lo, las ex­pe­rien­cias que tie­ne cuan­do via­ja y bus­ca pie­zas im­por­tan­tes pa­ra su co­lec­ción. —Asu­mo que esta no es tu pri­me­ra vi­si­ta a Li­ma... —No lo es. Creo que es mi sex­ta o sé­ti­ma vez aquí. Vi­ne por pri­me­ra vez en los ochen­ta, an­tes de ir­me a “Vo­gue” en 1992. Ya ha­bía si­do edi­tor de la re­vis­ta “Har­pers & Queen”. En 1983 fui asig­na­do a tra­ba­jar con Ma­rio Tes­tino en mi pri­me­ra co­mi­sión, y él fue mi “pre­mio” (ri­sas). En ese en­ton­ces, él tam­bién es­ta­ba co­men­zan­do su ca­rre­ra en Lon­dres co­mo fo­tó­gra­fo. Ese fue el ini­cio de nues­tra re­la­ción de tra­ba­jo, y esa fue mi pri­me­ra se­sión de fo­tos pu­bli­ca­da en to­da mi ca­rre­ra. —Los dos co­men­za­ron al mis­mo tiem­po...

—Sí. Ese fue mi pri­mer shoot, y fui­mos a vi­si­tar mo­nu­men­tos in­cai­cos...

—En­ton­ces via­ja­ron den­tro del país...

—Sí. Y no era el mo­men­to más se­gu­ro pa­ra es­tar via­jan­do por el Pe­rú, pues es­ta­ba el te­rro­ris­mo. Pe­ro fui­mos a un lu­gar in­creí­ble que Ma­rio co­no­cía. To­do lo que hi­ci­mos es­tu­vo mar­ca­do por su sen­si­bi­li­dad. Él tie­ne esa ha­bi­li­dad de po­der lle­var­te a esos lu­ga­res ex­tra­or­di­na­rios y co­nec­tar­se rá­pi­da­men­te en ciu­da­des a tra­vés del ami­go del ami­go del ami­go, así no haya es­ta­do nun­ca en ese lu­gar. Tie­ne una gran red de co­la­bo­ra­do­res y gen­te que le abre las puer­tas a lu­ga­res ma­ra­vi­llo­sos.

—Así que ahí se vol­vie­ron ami­gos...

—Nos vol­vi­mos muy bue­nos ami­gos des­de ese pri­mer shoot, y yo ter­mi­né en la re­vis­ta, así que se­gui­mos tra­ba­jan­do jun­tos. En ese en­ton­ces, yo era un es­tu­dian­te de mo­da de Saint Mar­tins, pri­me­ro de di­se­ño de mo­da y lue­go de pe­rio­dis­mo y co­mu­ni­ca­cio­nes de mo­da. Ter­mi­né sien­do prac­ti­can­te en “Har­pers & Queen”. Hi­ce tres editoriales y lue­go me ofre­cie­ron un tra­ba­jo. Así me con­ver­tí en el edi­tor de mo­da ju­nior que re­em­pla­zó a Amanda Har­lech. —¿En ese mo­men­to, a quie­nes ad­mi­ra­bas?

—En tér­mi­nos de es­cri­tu­ra y pe­rio­dis­mo, ad­mi­ra­ba mu­cho a Mi­chael Ro­berts del “Lon­don Ti­mes”. Te­nía muy bue­nas opi­nio­nes y una ma­ne­ra de es­cri­bir muy di­ver­ti­da. Eso era inusual en el pe­rio­dis­mo de mo­da de aquel en­ton­ces. Tam­bién ad­mi­ra­ba a Susy Men­kez y a Joan Ju­liet Buck cuan­do es­cri­bía pa­ra “Vo­gue” UK. De los edi­to­res de mo­da que veía, me gus­ta­ba lo que Sop­hie Hicks ha­cía en “Tatler”. To­dos ad­mi­rá­ba­mos la am­bi­ción que te­nía.

—Sé que eres un gran co­lec­cio­nis­ta de pie­zas de al­ta cos­tu­ra...

—¡Sí! El mun­do de la mo­da era muy di­fe­ren­te cuan­do yo era un es­tu­dian­te. Era muy di­fí­cil es­tu­diar co­lec­cio­nes. Creo que te­nías que coor­di­nar una ci­ta y te­nías que ser muy es­pe­cí­fi­co acer­ca de lo que que­rías ver. En mi pri­mer via­je a Nue­va York, me lle­va­ron a los ar­chi­vos del FIT y fue in­creí­ble. Me pa­re­cía que era un re­cur­so ex­tra­or­di­na­rio pa­ra que los alum­nos pu­die­ran apren­der so­bre co­lec­cio­nes. Eso me ins­pi­ró a que­rer ser co­lec­cio­nis­ta. Y que los alum­nos pu­die­ran ir y es­tu­diar so­bre la his­to­ria del di­se­ño y la mo­da. Ten­go ami­gos co­mo Dia­ne von Fürs­ten­berg, Nar­ci­so Ro­drí­guez o Fran­cis­co Cos­ta que vi­si­tan mi co­lec­ción. Es muy in­tere­san­te ob­ser­var qué es lo que es­tas per­so­nas quie­ren ver. Ca­da uno mi­ra di­fe­ren­tes ves­ti­dos y épo­cas.

—¿Dónde al­ma­ce­nas tu co­lec­ción?

—Es­ta­ba en­tre Lon­dres, Pa­rís y Nue­va York. Aun­que aho­ra to­da es­tá en Nue­va York. Pe­ro tam­bién es un do­lor de ca­be­za. No es tan ma­ra­vi­llo­sa co­mo la del Met, pe­ro mi ob­je­ti­vo se­ría lle­gar a te­ner al­go así.

—¿Uti­li­zas al­gún ti­po de tec­no­lo­gía pa­ra man­te­ner­la en bue­nas con­di­cio­nes?

—Me en­can­ta­ría uti­li­zar to­das esas tec­no­lo­gías nue­vas pa­ra la con­ser­va­ción de tex­ti­les, pe­ro to­da­vía mi co­lec­ción no es­tá en ese pun­to. Mi plan es pre­pa­rar al­gu­nas ex­po­si­cio­nes. Mu­chas de las pie­zas de la co­lec­ción son muy bio­grá­fi­cas, en el sen­ti­do de que son de di­se­ña­do­res que ad­mi­ré mu­cho cuan­do era jo­ven. —¿De quié­nes por ejem­plo?

—De los di­se­ña­do­res lon­di­nen­ses de los pri­me­ros años de la dé­ca­da de los se­ten­ta: Os­sie Clark, Bill Gibb, John Ba­tes. En Pa­rís veía a Saint Laurent y Gi­venchy. Es sor­pren­den­te que hoy ten­ga esas pie­zas y otras co­mo de La­croix y Ver­sa­ce de los no­ven­ta. —¿Cuá­les son tus pie­zas fa­vo­ri­tas?

—¡Las que aca­bo de en­con­trar! Son de Co­co Cha­nel de los años vein­te, de El­sa Schia­pa­re­lli de los trein­ta, y de Ba­len­cia­ga y Bal­main de los cua­ren­ta y cin­cuen­ta. Pe­ro tam­bién de mu­chos di­se­ña­do­res que son me­nos co­no­ci­dos hoy co­mo Nor­man Hart­nell, en ese en­ton­ces di­se­ña­dor de la reina. To­das esas ca­sas pe­que­ñas po­co co­no­ci­das que fue­ron fa­mo­sas en su mo­men­to. Al fi­nal, creo que ca­da per­so­na que es­tá in­tere­sa­da en ha­cer una co­lec­ción le im­pri­me una iden­ti­dad muy fuer­te so­bre có­mo en­tien­de el mun­do de la mo­da.

—¿Por qué crees que las ca­sas in­gle­sas, en su ma­yo­ría, han aca­ba­do con la muer­te de su di­se­ña­dor en com­pa­ra­ción con las fran­ce­sas?

—Creo que son ca­sos dis­tin­tos. Es de­cir, en Gran Bre­ta­ña tie­nen una gran in­dus­tria tex­til que ha­cía tweed pa­ra Co­co Cha­nel. Pe­ro siem­pre hu­bo una fal­ta to­tal de apo­yo por par­te del go­bierno. Por ello, fue­ron mu­rien­do po­co a po­co. En Ita­lia, por ejem­plo, el go­bierno apo­ya la con­fec­ción de una ma­ne­ra muy agre­si­va. De al­gu­na ma­ne­ra, se re­cu­pe­ra­ron con las gue­rras. Y, en Fran­cia, el tema tex­til es con­si­de­ra­do pa­tri­mo­nio cultural.

—Co­mo tra­ba­jas en mo­da des­de ha­ce tiem­po, su­pon­go que es in­tere­san­te ver lo que ha­cen las nue­vas ge­ne­ra­cio­nes...

—Sí. Creo que se tra­ta de es­tos nue­vos di­se­ña­do­res que di­ri­gen las gran­des ca­sas de mo­da te­nien­do muy en cuen­ta el ADN y la his­to­ria de la com­pa­ñía. Co­mo lo que ha ha­cía He­di Sli­ma­ne en Yves Saint Laurent.

—¿Qué otras co­sas te en­tu­sias­man?

—Creo que en es­tas úl­ti­mas tem­po­ra­das se han po­di­do sen­tir las pla­cas tec­tó­ni­cas mo­vién­do­se. Creo que lo que ha es­ta­do ha­cien­do Alessandro Mi­che­le en Guc­ci es ex­tra­or­di­na­rio. Tie­ne las co­sas muy cla­ras. Cuan­do un di­se­ña­dor de­ci­de en­fo­car­se en una dé­ca­da pa­sa­da y crea al­go con mu­cha fuer­za, es al­go in­creí­ble. De­bo ad­mi­tir que, en su pri­me­ra tem­po­ra­da, no lo en­ten­dí mu­cho. Pe­ro lue­go me di­je­ron que la ha­bía he­cho en cin­co días. Eso es muy des­ta­ca­ble. Pe­ro creo que, des­pués de cua­tro tem­po­ra­das, ha lo­gra­do una mujer Guc­ci muy per­sua­si­va.

agra­de­ci­mien­to es­pe­cial al Mu­seo Tex­til Pre­co­lom­bino AMANO.

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