TRA­GE­DIA HAI­TIA­NA

Diario Expreso (Peru) - - Editorial -

Otra vez la muer­te y de­sola­ción caen so­bre Hai­tí, na­ción que no so­lo ha vi­vi­do a mer­ced de dic­ta­du­ras y vio­len­cia po­lí­ti­ca, sino que tam­bién –a par­tir de su po­bre­za y atra­so- es la más vul­ne­ra­ble a las fuer­zas de la na­tu­ra­le­za, las que ca­da cier­to tiem­po co­bran la vi­da de cen­te­na­res, cuan­do no de mi­les, de per­so­nas. Ha­ce unos días el hu­ra­cán Matt­hew lle­gó a su geo­gra­fía en las An­ti­llas con vien­tos su­pe­rio­res a los 225 ki­ló­me­tros por ho­ra y cau­só la muer­te de al­re­de­dor de 900 se­res hu­ma­nos, una ver­da­de­ra tra­ge­dia por don­de se mi­re, ade­más de los in­cal­cu­la­bles da­ños eco­nó­mi­cos, he­cho que agra­va­rá su con­di­ción de ser el país más po­bre de Amé­ri­ca. Co­mo se re­cuer­da, ha­ce seis años, el 12 de enero de 2010, un te­rre­mo­to aso­ló Hai­tí con una mag­ni­tud de 7 en la es­ca­la de Rich­ter, el más fuer­te en dos­cien­tos años de la his­to­ria de ese país y don­de el epi­cen­tro se ubi­có cer­ca a Puer­to Prín­ci­pe, su ca­pi­tal, es­ti­mán­do­se el nú­me­ro de per­so­nas fa­lle­ci­das en más de 250,000. Des­de en­ton­ces la re­cons­truc­ción nun­ca se con­cre­tó, lo que ha he­cho que con el hu­ra­cán Matt­hew las ca­sas, en su ma­yo­ría frá­gi­les, no pu­die­ran re­sis­tir la fuer­za del fe­nó­meno cli­ma­to­ló­gi­co. A es­to se su­ma su ines­ta­bi­li­dad po­lí­ti­ca que de­ter­mi­nó que la Or­ga­ni­za­ción de Na­cio­nes Uni­das (ONU) en­víe a Hai­tí con­tin­gen­tes per­te­ne­cien­tes a los cas­cos azu­les. El Pe­rú es uno de los paí­ses que ha apor­ta­do cen­te­na­res de sol­da­dos co­mo par­te de la coope­ra­ción in­ter­na­cio­nal que se en­mar­ca en la Car­ta de las Na­cio­nes Uni­das y en los acuer­dos del Con­se­jo de Se­gu­ri­dad del men­cio­na­do or­ga­nis­mo mul­ti­la­te­ral y pues­ta en prác­ti­ca a tra­vés de la de­no­mi­na­da Mi­sión de Es­ta­bi­li­za­ción de las Na­cio­nes Uni­das en Hai­tí. Esa vin­cu­la­ción de nues­tros sol­da­dos y sus fa­mi­lias pa­ra con la reali­dad hai­tia­na ha­ce que nues­tra so­cie­dad se sien­ta más cer­ca­na a su do­lor. Una vez más la po­bre­za de­mues­tra la al­ta vul­ne­ra­bi­li­dad de al­gu­nos pue­blos fren­te a la furia de la na­tu­ra­le­za, pues co­mo con­tra­par­te, cuan­do el hu­ra­cán Matt­hew ha to­ca­do el su­r­es­te de Es­ta­dos Uni­dos só­lo cau­só la muer­te de 10 per­so­nas, enor­me di­fe­ren­cia an­te el nú­me­ro de pér­di­das de vi­das hu­ma­nas ocu­rri­da en Hai­tí. Por otro la­do, la di­fí­cil si­tua­ción eco­nó­mi­ca de es­te país ha im­pe­di­do pre­ve­nir es­te ti­po de tra­ge­dias tal co­mo se­ría acon­se­ja­ble. En esas con­di­cio­nes ni las aler­tas ni las eva­cua­cio­nes ayu­da­ron mu­cho. Fi­nal­men­te, a la luz de los re­por­tes de la ONU, en Hai­tí hay más de un mi­llón y me­dio de dam­ni­fi­ca­dos y más de 350,000 per­so­nas que ne­ce­si­tan asis­ten­cia ur­gen­te, sien­do lo di­fí­cil en­con­trar agua, me­di­ca­men­tos y car­pas. La coope­ra­ción in­ter­na­cio­nal no pue­de es­pe­rar más pa­ra asis­tir hu­ma­ni­ta­ria­men­te a los hai­tia­nos.

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