Un án­gel que me abra­za

Diario Expreso (Peru) - - CULTURAL - RO­NALD ARQUÍÑIGO VIDAL

Un hom­bre sen­si­ble es un ro­ble, con una ter­nu­ra en sus ges­tos co­mo cris­pa­ción en las ra­mas cuan­do se des­cu­bren re­cias des­de sus raí­ces. Su sen­si­bi­li­dad se agi­ta­ba lo mis­mo que las ho­jas de sus bra­zos cuan­do el vien­to las em­bis­te. Así eran las tem­pes­ta­des de su es­pí­ri­tu. Un hom­bre que se es­tre­me­cía an­te las co­di­cias y des­leal­ta­des que le con­sa­gra­ban al­gu­nos cuer­vos cuan­do lo ase­dia­ban. Un hom­bre cu­ya bon­dad y solidaridad lo con­ver­tían en un ni­ño, ri­ñen­do con su apa­rien­cia ma­ci­za y su ex­pre­sión adul­ta. Un hom­bre que na­ció en Hua­ri un 19 de agos­to de 1949 y se for­mó co­mo po­li­cía en la Es­cue­la de Ca­de­tes de la Guardia Re­pu­bli­ca­na del Pe­rú. Un hom­bre que en la dis­cre­ción del si­len­cio le ha­bla­ba al Se­ñor de Po­ma­llu­cay -fue su fiel de­vo­to to­da su vi­da-, y que llo­ra­ba sin tes­ti­gos en la os­cu­ri­dad de su so­le­dad de­bi­do a esa amar­gu­ra que le pro­du­cían los se­res más ne­fas­tos, con­vir­tién­do­lo en un hé­roe por su for­ta­le­za al re­sis­tir­los. Un hom­bre que en sue­ños era tan fe­liz co­mo en sus años de in­fan­cia en Hua­ri y que, a fin de cuen­tas, apren­dió que el do­lor se di­si­mu­la y la son­ri­sa se ex­hi­be, más aún en la ad­ver­si­dad. Un hom­bre de­di­ca­do al pró­ji­mo, y cu­ya voz y sen­ti­mien­tos eran pro­pios de un án­gel; esa voz, pre­ci­sa­men­te, que aho­ra en­vuel­ve a es­te es­cri­ba y me em­bar­ga la pe­na con el so­lo re­cuer­do de su paz y su pro­tec­ción. Es­te hom­bre, que ade­más de ge­ne­ro­so y de una ter­nu­ra in­fi­ni­ta, era ex­tre­ma­da­men­te sen­si­ble. Hoy, a un año del fa­lle­ci­mien­to de mi tía Mag­da, el do­lor nue­va­men­te po­ne a desafío mi tem­plan­za. Pe­ro que­da la re­sig­na­ción del en­cuen­tro de sus al­mas en al­gún lu­gar de es­te mun­do mi­ti­ga­das por el re­cuer­do en­tra­ña­ble de mi ma­dre. Que­ri­do tío Ed­win Asen­cios Es­pi­no­za, te voy a ex­tra­ñar to­da mi vi­da.

Es­te hom­bre, que ade­más de ge­ne­ro­so y de una ter­nu­ra in­fi­ni­ta, era ex­tre­ma­da­men­te sen­si­ble. Hoy, a un año del fa­lle­ci­mien­to de mi tía Mag­da, el do­lor nue­va­men­te po­ne a desafío mi tem­plan­za.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Peru

© PressReader. All rights reserved.