Amor en la ayu­da ajena

ABC (Córdoba) - - Opinión -

El bien que ha­gas pue­de que no seas co­rres­pon­di­do a los ojos de los hom­bres, pe­ro Dios Com­pen­sa­rá tus ac­cio­nes. Au­xi­lia y fa­vo­re­ce al po­bre, no por re­com­pen­sa, sin o por ser hi­jo de dios na­ci­do del amor. El bien bri­lla trans­pa­ren­te cual au­ro­ra to­do el día. La mal­dad os­cu­re­ce y se oxi­da. Las ben­di­cio­nes del se­ñor ha­cen flo­re­cer to­das las es­ta­cio­nes; su luz irra­dia, y se ex­tien­de por to­dos los con­fi­nes de la tie­rra. Cuí­da­te de la li­son­jas y abra­za la ver­dad, por­que a ve­ces, el des­lúm­bra­te de aga­sa­jos, pue­de en­va­ne­cer­te y en­vol­ver tu vi­da, de men­ti­ra. Ve­la por la amis­tad y no te de­jes lle­var de tus pro­pios im­pul­sos y sen­ti­mien­tos, por­que to­do no lu­ce co­mo el sol ni tie­ne apa­rien­cia de ver­dad. Si tus obras son cla­ras y limpias an­te Dios, ha­lla­rás múl­ti­ples ami­gos, la vir­tud no rom­pe ni di­vi­de, si no une en fa­vo­res y di­chas. Sé pru­den­te has­ta en el dar, pues no to­dos me­re­cen es­te don. Ten­drás que em­plear nue­vos mé­to­dos de amis­tad, en mu­chos ca­sos. No nie­gues el pan al que te lo pi­da; abre tu co­ra­zón al in­di­gen­te y se­rás ben­de­ci­do por el Al­tí­si­mo. Pro­te­ge y fa­vo­re­ce al dé­bil. Man­tén con él una es­tre­cha amis­tad, y tu li­mos­na po­drá trans­for­mar su dig­ni­dad per­di­da. JUAN RE­DON­DO MUÑOZ CÓR­DO­BA

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