Pa­tri­cio Pron, el cuen­to in­te­li­gen­te

El es­cri­tor ar­gen­tino, re­si­den­te en Es­pa­ña, com­po­ne un li­bro de re­la­tos en la me­jor tra­di­ción de su país

ABC - Cultural - - Libros | Narrativa - JOSÉ MA­RÍA POZUELO YVANCOS

Pa­tri­cio Pron es un es­cri­tor muy ar­gen­tino, pe­ro tie­ne un sen­ti­do del hu­mor mu­cho más acen­tua­do que la ma­yor par­te de sus com­pa­trio­tas es­cri­to­res, lo que le per­mi­te en­trar y sa­lir de su pro­pia tra­di­ción, que es, por cier­to, la que ha da­do a la len­gua es­pa­ño­la des­de ha­ce un si­glo los me­jo­res cuen­tis­tas. De ma­ne­ra que en al­gu­nos cuentos gus­ta­rá a los bor­gia­nos («Quien te ob­ser­va en el es­pe­jo…») cuan­do en otros («Uno de esos pa­dres») es cor­tar­ziano. Uno de los me­jo­res, que abre el vo­lu­men con el tí­tu­lo de «Sa­lon de re­fu­sés», ha­bría po­di­do ser fir­ma­do por Ricardo Pi­glia. Tres gran­des men­to­res, que tie­nen en co­mún, y en eso se en­cuen­tra pa­ra mí el me­jor cam­po de ac­ción del pro­pio Pa­tri­cio Pron, ha­ber es­cri­to su obra des­de la in­te­li­gen­cia, que por tan­to in­clu­ye el hu­mor, ca­si siem­pre por el pro­ce­di­mien­to de la iro­nía. Tam­bién hay en el es­ti­lo de Pa­tri­cio Pron una cier­ta des­con­fian­za ha­cia caer en lo ob­vio. Es por ello que cuan­do una vez cae, en el ti­tu­la­do «La re­pe­ti­ción», que es ca­si una no­ve­la cor­ta, me ha pa­re­ci­do es­tar a otra al­tu­ra que el res­to. No es ma­la la idea, tampoco es­tá mal re­suel­ta la me­lan­co­lía del per­so­na­je, pe­ro no cua­dra tan­to con la ori­gi­na­li­dad del res­to de los cuentos, qui­zá por ha­ber me­di­do mal la ex­ten­sión y pro­lon­gar en ex­ce­so la idea.

El ad­je­ti­vo ori­gi­nal po­dría ser ex­ce­si­vo cuan­do se tra­ta de un gé­ne­ro en el que no parece po­si­ble. Pe­ro Pa­tri­cio Pron es muy ori­gi­nal. De­cir en qué ra­di­ca esa cua­li­dad es ha­cer­la in­se­pa­ra­ble de un es­pa­cio muy su­yo, que yo po­dría aven­tu­rar­me a de­fi­nir re­si­den­te en el reino de la pa­ra­do­ja. Cuan­do uno cree que una si­tua­ción ( por ejem­plo, la an­gus­tia de un ma­tri­mo­nio por te­ner o no un hi­jo), es­tá bien des­cri­ta, vie­ne Pron y la tras­to­ca, con la prin­ci­pal con­di­ción de su es­ti­lo, que es ver el otro la­do de ca­da cues­tión. Es co­mo si una si­tua­ción, per­so­na­je... pu­die­ra ser útil ver­la del re­vés, y mos­tra­ra al ha­cer­lo una pro­pie­dad en la que no ha­bía­mos pen­sa­do o que de­du­ce su do­ble faz.

Ros­tro de la denuncia

En el cuen­to « Oh in­vierno se be­nigno» ex­trae de las ri­dí­cu­las preguntas de los cues­tio­na­rios del vi­sa­do pa­ra en­trar en EE.UU., no solo hu­mor, sino una crí­ti­ca acer­ba a los es­ta­dos, por la vía de ha­cer que un mi­li­tan­te con­tra la ex­tin­ta RDA (la Ale­ma­nia comunista) no po­dría re­lle­nar ese cues­tio­na­rio y en­trar en un país que parece en las an­tí­po­das de aquél. El lec­tor co­mien­za rien­do (es di­fí­cil no ha­cer­lo a ra­tos cuan­do lees es­tos cuentos), pe­ro con­for­me avan­zan los su­pues­tos que ima­gi­na, el ros­tro de la denuncia emer­ge con­tun­den­te.

Otro cuen­to so­ber­bio ob­tie­ne su luz ma­yor en la re­ve­la­ción au­to­bio­grá­fi­ca del fi­nal. Se ti­tu­la «Un di­vor­cio de 1974» y se une a la lar­ga se­rie de cuentos de los si­glos XX y XXI y en que se denuncia la re­pre­sión mi­li­tar ar­gen­ti­na, pe­ro tam­bién al­go me­nos ob­vio, los sue­ños y vi­ci­si­tu­des de las ju­ven­tu­des pe­ro­nis­tas pre­vias a esa dic­ta­du­ra.

Lo pas­mo­so es que un te­ma co­mo el del do­ble, com­bi­na­do con el ex­ce­len­te sen­ti­do del hu­mor, con­si­ga ex­traer tan­ta en­jun­dia, en el cuen­to «Es­te es el fu­tu­ro que tan­to te­mías en el pa­sa­do». El jue­go de con­tra­tar un so­cias pa­ra que con el nom­bre de Pa­tri­cio Pron ha­ga los bo­los de es­cri­tor en pro­mo­ción, por el pro­ce­di­mien­to de es­tar a la vez den­tro y fue­ra de lo au­to­bio­grá­fi­co, al­can­za a ser re­tra­to de vi­da, pe­ro tam­bién per­mi­te, al lle­var la si­tua­ción al ex­tre­mo del ab­sur­do, una re­fle­xión so­bre la cre­cien­te de­pau­pe­ra­ción del va­lor li­te­ra­rio, y de la iden­ti­dad del au­tor en el mer­ca­do de la ima­gen y de la fir­ma. En es­tos cuentos, hu­mor re­fle­xi­vo e in­te­li­gen­cia se unen a una ima­gi­na­ción muy crea­ti­va

PA­TRI­CIO PRON

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