Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos no ba­ja la guar­dia tras tres lus­tros de lu­cha

LOS PA­LA­CIOS

ABC de la Provincia - - Portada - FER­NAN­DO RO­DRÍ­GUEZ MURUBE LOS PA­LA­CIOS Y VI­LLA­FRAN­CA

Bal­do­me­ro, albañil de Los Pa­la­cios (el nom­bre es real pe­ro nos pi­de que omi­ta­mos su ape­lli­do y ve­le­mos su ca­ra) tie­ne 58 años pe­ro ha­ce 15 to­có fon­do por cul­pa del al­cohol. Lo per­dió to­do: su fa­mi­lia, su tra­ba­jo y su di­ne­ro. Al bor­de del abis­mo, de­ci­dió lu­char y en­tró a for­mar par­te del gru­po «Ma­ris­mas», de Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos. Ha sa­li­do del tú­nel y re­cu­pe­ra­do a su fa­mi­lia no sin es­fuer­zo y su­fri­mien­to. «El me­jor día de an­tes no lo cam­bio por el peor de aho­ra. Soy fe­liz sin al­cohol, pe­ro se­ré al­cohó­li­co to­da mi vi­da», di­ce.

Se que­da el que real­men­te quie­re de­jar de be­ber y es hon­ra­do con­si­go mis­mo. De los ca­si dos­cien­tos que han pa­sa­do por aquí a lo lar­go de es­tos años, mu­chos se­gui­mos asis­tien­do a las se­sio­nes y con­ti­nua­mos fir­mes con nues­tro re­to de se­guir sin be­ber; sin em­bar­go, otros en­fer­mos del pue­blo han re­to­ma­do la ma­la sen­da y otros, in­clu­so, ya es­tán en el ce­men­te­rio: unos han muer­to en un ac­ci­den­te de trá­fi­co, otros han echa­do el hí­ga­do por la bo­ca y otros han apa­re­ci­do muertos en la ab­so­lu­ta so­le­dad y han si­do des­cu­bier­tos días des­pués por el mal olor. Es­te es el ca­mino al que con­du­ce el al­coho­lis­mo».

Quien pro­nun­cia es­tas du­ras pa­la­bras es Bal­do­me­ro, uno de los in­te­gran­tes del gru­po «Ma­ris­mas» de Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos, una co­mu­ni­dad pa­la­cie­ga que el pa­sa­do do­min­go ce­le­bró su de­ci­mo­quin­to aniver­sa­rio y que es una de las que me­jor fun­cio­na de to­da la pro­vin­cia. Han con­se­gui­do ser una gran fa­mi­lia en la que to­dos en­cuen­tran apo­yo y com­pren­sión. Jó­ve­nes de trein­ta años y per­so­nas ma­yo­res de ochen­ta, hom­bres y mu­je­res. To­dos apor­tan. En las dos se­sio­nes se­ma­na­les ex­pe­ri­men­tan la em­pa­tía del que ha pa­sa­do por lo mis­mo que ellos, pro­vo­can­do una ex­tra­or­di­na­ria sim­bio­sis en la que ayu­dan mien­tras les ayu­dan.

Más allá de sus cru­das afir­ma­cio­nes, Bal­do­me­ro (que quie­re per­ma­ne­cer en el ano­ni­ma­to) quie­re trans­mi­tir un men­sa­je de es­pe­ran­za para to­dos los al­cohó­li­cos. Y para ello na­da me­jor que un ejem­plo cla­ri­fi­ca­dor: el su­yo.

Es­te pa­la­cie­go de 58 años co­men­zó a be­ber co­mo tan­tos otros jó­ve­nes con ape­nas 14 para su­pe­rar la timidez a la ho­ra de ha­blar con las chi­cas. Po­co a po­co fue con­vir­tién­do­se en un há­bi­to, y cuan­do qui­so dar­se cuen­ta se ha­bía con­ver­ti­do en un es­cla­vo del al­cohol que be­bía com­pul­si­va­men­te las 24 ho­ras del día y que le lle­vó a la ban­ca­rro­ta emo­cio­nal, fa­mi­liar y eco­nó­mi­ca.

Aun así se­guía sin re­co­no­cer que te­nía un pro­ble­ma con la be­bi­da. Has­ta que un día to­có fon­do. Es­ta es­pi­ral de au­to­des­truc­ción en que se con­vir­tió su día a día pro­vo­có que se se­pa­ra­ra de su mu­jer y sus dos hi­jas y tu­vie­se que vol­ver a ca­sa de sus pa­dres. Fue en la ab­so­lu­ta so­le­dad, en su dor­mi­to­rio de cuan­do ni­ño y con una pier­na es­ca­yo­la­da por un in­ci­den­te pro­vo­ca­do, có­mo no, por el al­cohol, cuan­do Bal­do­me­ro se re­co­no­ció a sí mis­mo que su vi­da se ha­bía vuel­to in­go­ber­na­ble. Ad­mi­tió la de­rro­ta y en­ten­dió que ne­ce­si­ta­ba ayu­da. Fue así co­mo en­tró a for­mar par­te del re­cién crea­do gru­po «Ma­ris­mas».

Re­cu­pe­ra su vi­da

De aque­llo han pa­sa­do ya quin­ce años. Gra­cias al co­lec­ti­vo pa­la­cie­go de Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos, Bal­do­me­ro ha re­to­ma­do las rien­das de su exis­ten­cia. No ha vuel­to a be­ber, tra­ba­ja co­mo pes­ca­dor y albañil y, tras un tiem­po en el que que­da­ban co­mo si fue­ran no­vios, se re­con­ci­lió con su mu­jer y sus hi­jas, sien­do a día de hoy una fa­mi­lia con­so­li­da­da. «Yo no cam­bio el peor día de mi vi­da co­mo al­cohó­li­co, lo que soy aho­ra, por el me­jor de cuan­do yo no lo re­co­no­cía y sí lo era en po­ten­cia. Lo me­jor de an­tes no lo cam­bio por lo peor de aho­ra. Soy fe­liz sin al­cohol, he en­con­tra­do mi ver­da­de­ro yo», di­ce sa­tis­fe­cho, aun­que no or­gu­llo­so. «El or­gu­llo es un pri­vi­le­gio que los que pa­de­ce­mos es­ta en­fer­me­dad no de­be­mos per­mi­tir­nos. No po­de­mos ba­jar la guar­dia».

Y es que a pe­sar de es­tar reha­bi­li­ta­do, Bal­do­me­ro no es­tá dis­pues­to a ti­rar por la bor­da su pa­sa­do y de es­te mo­do des­pro­veer a su vi­da de una bue­na brú­ju­la. «Yo se­ré un al­cohó­li­co to­da mi vi­da aun­que no vuel­va a to­mar una co­pa. El con­cep­to de ex al­cohó­li­co no exis­te. Aun­que lle­vo quin­ce años sin be­ber, a mí lo úni­co que me di­fe­ren­cia del que lle­ga nue­vo a la co­mu­ni­dad es una sim­ple co­pa. Ese tra­go sig­ni­fi­ca­ría mi fin».

Tres lus­tros de lu­cha A lo lar­go de es­te tiem­po ca­si 200 per­so­nas han pa­sa­do por es­te gru­po que se reúne dos ve­ces a la se­ma­na

F.R.M.

Dos miem­bros del gru­po «Ma­ris­mas» de Al­cohó­li­cos Anó­ni­mos, que ce­le­bra su de­ci­mo­quin­to aniver­sa­rio

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.