DIEGO OSO­RIO

VI­VE UN BUEN MO­MEN­TO PERSONAL QUE SE RE­FLE­JA EN SU ROS­TRO. ES­TÁ ENAMO­RA­DO DE JOR­DAN, LA HI­JA DE BONO, CAN­TAN­TE DE U2, Y TAM­BIÉN DE SU NUE­VA PRO­FE­SIÓN. INS­TA­LA­DO EN LA CIU­DAD DE LOS RAS­CA­CIE­LOS, ASE­GU­RA QUE VA A POR TO­DAS.

ABC - Hoy Corazón - - Sumario -

“Soy un ac­tor que ha en­con­tra­do su si­tio”.

Des­de que sa­lió a la luz su re­la­ción con Jor­dan, la hi­ja del lí­der del gru­po U2, la fa­ma de con­quis­ta­dor de Diego Oso­rio no ha he­cho más que au­men­tar. Ins­ta­la­do en Nue­va York aun­que con pro­yec­tos pro­fe­sio­na­les en Ma­drid, el atrac­ti­vo jo­ven, ca­li­fi­ca­do por al­gu­nos co­mo ‘sol­te­ro de oro’, se con­fie­sa un hom­bre fe­liz y enamo­ra­do, pe­ro muy cau­to a la ho­ra de ha­blar de sus mu­je­res. Mi ma­dre me ha pre­gun­ta­do quién es Diego Oso­rio. ¿Qué le di­go? Un ac­tor es­pa­ñol que ha en­con­tra­do su hue­co, que es­tá muy fe­liz y que no tie­ne mu­cho más que aña­dir. Qui­zá ha­ber na­ci­do en una fa­mi­lia aco­mo­da­da, con un mar­que­sa­do, tam­bién le ha­brá mar­ca­do. He te­ni­do la suer­te de ha­ber na­ci­do en una fa­mi­lia don­de me han da­do mu­chas co­mo­di­da­des y me han que­ri­do mu­cho. Per­dí a mi pa­dre cuan­do era muy jo­ven. Soy el pe­que­ño de cin­co her­ma­nos y es ver­dad que en mi ca­sa hay unos va­lo­res y una ma­ne­ra de com­por­tar­se que a mí me gus­tan y que pro­cu­ro man­te­ner en mi vi­da. Al ser el her­mano pe­que­ño, en cier­ta ma­ne­ra pa­re­ce que se ha criado en un ma­triar­ca­do. Eso des­de lue­go. He ma­du­ra­do jun­to a tres her­ma­nas muy fuer­tes y una ma­dre que tam­bién lo es. Es un gus­to por­que co­no­ces me­jor un la­do de la mu­jer que otros hom­bres no tie­nen op­ción. Tu­ve a mi pa­dre has­ta los diez años y des­pués, con su au­sen­cia, fue mi ma­dre quien con­ti­nuó su la­bor. Pe­ro na­die ha su­pli­do a mi pa­dre, por­que ese es un va­cío que que­da y tie­nes que so­por­tar­lo. Yo lo hi­ce apo­yán­do­me en mi fe, que ten­go mu­cha. Re­zo bas­tan­te y sue­lo ha­blar con mi pa­dre y con Dios, por­que sé que es­tán cer­ca. ¿Ha si­do el clá­si­co hi­jo pe­que­ño mi­ma­do?

Di­ga­mos que soy el fa­vo­ri­to de mi ma­dre. Creo que de mis her­ma­nas tam­bién aun­que ahí nos ayu­da­mos en­tre to­dos. Pa­só por va­rios in­ter­na­dos en In­gla­te­rra. ¿Por qué nun­ca ha acla­ra­do si es cier­to que es­tu­dió en Eton? Al pri­mer in­ter­na­do fui con 12 años. Lue­go vol­ví a Es­pa­ña e hi­ce la carrera en Lon­dres. Nun­ca he di­cho que fui a Eton. No quie­ro me­ter­me en esos líos por­que no sue­lo ha­cer­lo. No me gus­ta en­trar en des­men­ti­dos ni di­mes ni di­re­tes. No vi­vo de es­to y me mo­les­tan las con­tra­dic­cio­nes y cier­tas bar­ba­ri­da­des que no se co­rres­pon­den con la reali­dad. Si es­tu­vie­ra pen­dien­te de esos te­mas no ha­ría otra co­sa. Pe­ro vol­vien­do a mi for­ma­ción, te di­ré que des­de ni­ño siem­pre me me­tía en los cur­sos de ar­te dra­má­ti­co. Mi pri­me­ra obra fue en el tea­tro Padilla de Ma­drid y lue­go hi­ce Jue­gos de fa­mi­lia Je­su­cris­to Superstar, Romeo y Ju­lie­ta, Oli­ver Twist... ¿Pe­ro dón­de ha in­ter­pre­ta­do to­dos esos mon­ta­jes? En el co­le­gio y en clu­bes de ar­te dra­má­ti­co. ¿Y qué opi­na­ba su ma­dre de esa ve­na ar­tís­ti­ca? Me de­cía que co­mo hobby es­ta­ba muy bien pe­ro que te­nía que es­tu­diar una carrera. Por eso hi­ce Eco­nó­mi­cas y tra­ba­jé en In­gla­te­rra y Suiza. Has­ta que lle­gó el día que en­ten­dí que no po­día re­nun­ciar a lo que desea­ba y por eso re­gre­sé a Es­pa­ña. Tra­ba­jé en unos te­mas de ges­tión de pa­tri­mo­nios pe­ro em­pe­cé a pre­sen­tar­me a los cas­ting y a vol­car­me en mi pro­fe­sión de ac­tor. Ló­gi­ca­men­te con la muer­te de mi pa­dre ha­bía que ocu­par­se de la ges­tión fa­mi­liar, pe­ro aho­ra es­toy to­tal­men­te de­di­ca­do a mi carrera y a la pro­duc­to­ra que he crea­do. ¿Qué tie­ne us­ted pa­ra que una firma co­mo Land Ro­ver le ha­ya ele­gi­do co­mo em­ba­ja­dor pa­ra la pre­sen­ta­ción mun­dial de Ve­lar, su nue­vo mo­de­lo, que dio a co­no­cer en un ac­to en el Mu­seo de Di­se­ño de Lon­dres? Pri­me­ro por­que me en­can­ta e in­tere­sa el mun­do del mo­tor y, ade­más, yo apren­dí a con­du­cir en un Land Ro­ver, una firma que pre­sen­ta una se­rie de va­lo­res con tra­di­ción pe­ro de ca­ra al fu­tu­ro. Al­go con lo que me iden­ti­fi­co. Bueno tam­bién se ha­brá te­ni­do en cuen­ta su cu­rrícu­lo sen­ti­men­tal. Sal­tó a los me­dios con Ana Bo­yer, des­pués con Eugenia Sil­va y aho­ra con Jor­dan Joy Hew­son, la hi­ja de Bono. No es­tá na­da mal. Mi po­lí­ti­ca siem­pre ha si­do no en­trar a con­tes­tar los ru­mo­res pe­ro tam­po­co en es­con­der­me. Res­pe­to el tra­ba­jo de la pren­sa pe­ro no sue­lo ha­cer ca­so de lo que se di­ce. ¿Qué re­cuer­dos le que­dan de su no­viaz­go con Ana Bo­yer? De esos años in­ten­to que­dar­me siem­pre con los bue­nos re­cuer­dos, pe­ro eso lo ha­go en ge­ne­ral. Pa­re­ce que no es de los que aca­ba mal las re­la­cio­nes. Con las pa­re­jas pa­sa co­mo con los ami­gos. Con al­gu­nos es­tás más cer­ca pe­ro por­que la vi­da te mue­ve por el mis­mo ca­mino. ¿No le de­cía Ana Bo­yer que le re­cor­da­ba mu­cho a su her­mano En­ri­que Igle­sias? Al­gu­na vez me han pa­ra­do por la ca­lle pa­ra de­cir­me que me pa­rez­co pe­ro, va­mos, ya me gus­ta­ría a mí. Es mu­cho más al­to y un ca­ñón del Co­lo­ra­do ( ri­sas).

Du­ran­te su re­la­ción con Bo­yer se les vio en el te­nis, pro­fe­sión de Fer­nan­do Ver­das­co, pa­re­ja ac­tual de su ex. Es cu­rio­so. Me en­can­ta el te­nis y ten­go la suer­te de que me in­vi­tan, por eso voy. Pe­ro a Fer­nan­do no le co­noz­co. No ten­go el gus­to. ¿Y qué tal era Isa­bel Preys­ler? Esos re­cuer­dos que­dan pa­ra mí. Pe­ro te di­ré que Isa­bel era una per­so­na ma­ra­vi­llo­sa. ¿Cree que le to­mó en se­rio o pen­sa­ba que eran dos críos? Creo que las ma­dres co­no­cen per­fec­ta­men­te a sus hi­jas ya que son muy lis­tas y sa­ben muy bien por don­de van los ti­ros. ¿Si se en­con­tra­ra hoy con Preys­ler le da­ría dos besos? Por su­pues­to, guar­do muy buen re­cuer­do de ella. ¿Y a Eugenia Sil­va tam­bién? Di­cen que su rup­tu­ra no fue tan amis­to­sa. In­sis­to en que so­lo me que­do con los bue­nos re­cuer­dos. Mis her­ma­nas tie­nen mu­cho ca­rác­ter y per­so­na­li­dad, y por eso es­toy acos­tum­bra­do. Pa­re­ce que a Eugenia no le gus­ta­ba que le re­cor­da­ran que us­ted era más jo­ven. En su ca­so, ¿le im­por­ta lo que co­men­ten? In­ten­to que no me afec­te. A los que me co­no­cen y sa­ben la ver­dad no ha­ce fal­ta que les ex­pli­que na­da. Ade­más, es­toy ais­la­do de to­do, no ten­go ni una alerta en Goo­gle con mi nom­bre. Me im­por­ta lo que opi­nen de mi tra­ba­jo. A mí no me gus­ta­ría que me com­pa­ra­ran con la ac­triz es­pa­ño­la que se co­la­ba en las al­fom­bras ro­jas de Holly­wood co­mo han he­cho con us­ted. Pre­fie­ro no res­pon­der, co­mo tam­po­co lo ha­go cuan­do me po­nen de sol­te­ro de oro co­mo si fue­ra una per­so­na ma­ra­vi­llo­sa que to­das las mu­je­res que­rrían te­ner. No me creo ni una co­sa ni la otra. Soy una per­so­na nor­mal que in­ten­ta ser fe­liz. Pe­ro las personas nor­ma­les no en­tran en ca­sa de la fa­mi­lia de Bono en Du­blín. Al fi­nal to­das las ca­sas son igua­les. Pue­den ser más gran­des o pe­que­ñas pe­ro den­tro es co­mo la vi­da del res­to de las personas. Su­pon­go que cuan­do co­no­ció a Bono iría un po­co ner­vio­so. Pe­ro no más que cuan­do co­no­ces al pa­dre de tu no­via, sea quien sea. Las co­sas son las que son.

Guar­do muy buen re­cuer­do de Isa­bel Preys­ler

Bueno pe­ro si en­ci­ma es tan fa­mo­so y le sa­le el la­do pro­tec­tor ha­cia su hi­ja... Eso es ver­dad, pe­ro eso siem­pre es así. Su­pon­go que a mí me pa­sa­rá el día de ma­ña­na si ten­go una hi­ja y se me plan­ta un día en ca­sa su pa­re­ja. Es­te fin de año hi­zo pú­bli­ca su re­la­ción con su no­via, con la que lle­va ya mas de un año. No soy de es­con­der­me. He sa­ca­do un par de fotos y al­gún ví­deo pe­ro por­que me sa­le de ma­ne­ra na­tu­ral. Mi vi­da es nor­mal y tal vez eso ha­ga que sea me­nos in­tere­san­te pa­ra los me­dios. Ten­go cla­ro has­ta don­de quie­ro con­tar. ¿A su edad se plan­tea ya otra ma­ne­ra de vi­vir una re­la­ción? Pa­ra mí siem­pre es un va­mos a ver qué pa­sa. Cuan­do las co­sas fun­cio­nan no ha­ce fal­ta más. Si hay que dar pa­sos, se dan. Aho­ra es­toy cen­tra­do en mi tra­ba­jo, me es­tán sur­gien­do opor­tu­ni­da­des que es­pe­ro cua­jen.

Se ha pu­bli­ca­do que es­toy en bus­ca y cap­tu­ra, y no es cier­to

¿Le ha da­do al­gún con­se­jo Bono? Creo que su pre­sen­cia en esa ca­sa es muy nor­mal. Bueno, voy don­de me in­vi­tan y siem­pre con mu­cho res­pe­to. Vi­ve en Nue­va York, sin du­da una ciu­dad apa­sio­nan­te y muy ca­ra. Mu­chos se pre­gun­tan có­mo pue­de sos­te­ner ese rit­mo de vi­da. Lo que es ca­ro es vi­vir, el al­qui­ler so­bre to­do, pe­ro ca­da uno lo ha­ce con los me­dios que pue­de. Allí quie­ro per­ma­ne­cer un tiem­po por­que ten­go mi agen­te y mis ob­je­ti­vos pe­ro tam­bién ven­go más a Es­pa­ña, don­de es­toy pre­pa­ran­do un cor­to­me­tra­je con un guion que he es­cri­to, Car­ta a la

muer­te, y que pro­ta­go­ni­za­ré. Días atrás se ha sa­bi­do que es­tá con­de­na­do al pa­go de unas cos­tas de cer­ca de 15.000 eu­ros por el jui­cio que tu­vo años atrás tras he­rir a un ami­go du­ran­te una ca­ce­ría. ¿Por qué no ha aca­ta­do la sen­ten­cia? Es ver­dad que es­toy con­de­na­do al pa­go de unas cos­tas y así lo ha­ré el día que me lo in­di­quen mis abo­ga­dos. No en­tien­do que se ha­ya pu­bli­ca­do que es­toy en bus­ca y cap­tu­ra por­que no es cier­to. ¿Ha vuel­to a ca­zar? Pre­fie­ro no con­tes­tar. Hay un te­ma do­lo­ro­so y so­lo di­ré que si qui­sie­se ca­zar, po­dría ha­cer­lo. Ten­go fin­ca pa­ra ha­cer­lo y le­gal­men­te no ha­bría pro­ble­ma. ¿Qué le preo­cu­pa? Cuan­do lle­gas a ca­sa y es­tás so­lo tie­nes mu­chas preo­cu­pa­cio­nes, pe­ro se­gu­ra­men­te la mía se­rá ha­cer las co­sas bien y re­gir­me por unas nor­mas mo­ra­les en la vi­da. ¿Pien­sa que de­trás de esa ima­gen de hom­bre se­duc­tor nos es­ta­mos per­dien­do a un hom­bre in­tere­san­te? To­do aca­ba sa­lien­do y cla­ro que hay un mas allá apar­te del ti­tu­lar fá­cil. La suer­te es po­der co­no­cer a personas ma­ra­vi­llo­sas a quie­nes les in­tere­se es­tar a tu la­do. ¿Es de mu­chos ami­gos? Soy de po­cos pe­ro bue­nos. La amis­tad ver­da­de­ra re­quie­re mu­cho tra­ba­jo y no se pue­de dar a mu­chas personas. ¿Le gus­ta­ría crear su pro­pia fa­mi­lia al­gún día en Es­pa­ña? No sé lo que me de­pa­ra­rá la vi­da pe­ro por su­pues­to que ten­go ga­nas de fa­mi­lia y es­toy con­ven­ci­do que co­mo se vi­ve en Es­pa­ña no se ha­ce en nin­gu­na otra par­te del mun­do. Lo que sí ten­go cla­ro es que no me gus­ta­ría te­ner hi­jos en Nue­va York. ¿Y en Du­blín? Es una ciu­dad que me en­can­ta. Sus ami­gos di­cen que nun­ca le han vis­to tan enamo­ra­do y no des­car­tan una bo­da. Eso nun­ca se sa­be, pe­ro soy muy fe­liz y eso se re­fle­ja en to­do. He en­con­tra­do mi lu­gar, ten­go gen­te muy pro­fe­sio­nal la­do... ¿Le va­mos a ver en al­gún pa­pel in­tere­san­te? Es­toy pen­dien­te de prue­bas muy ape­te­ci­bles pe­ro se­gu­ra­men­te a través de mi cor­to­me­tra­je ten­dré mi me­jor lan­za­de­ra. ¿Qué ha­cía en la mar­cha de mu­je­res contra Trump? Hu­bo otra de in­mi­gran­tes que sí se hi­zo en re­cha­zo a la po­lí­ti­ca de in­mi­gra­ción de Trump y tam­bién par­ti­ci­pé. Aho­ra rue­do un do­cu­men­tal so­bre los pro­ble­mas de los in­mi­gran­tes de Mé­xi­co. ¿Por qué lle­vó a su no­via a la Al­ham­bra de Gra­na­da? Es uno de los si­tios más ma­ra­vi­llo­sos del mun­do y en­ci­ma te­nía­mos Sierra Ne­va­da al la­do. La com­bi­na­ción del via­je fue fan­tás­ti­ca. Es un lu­gar per­fec­to pa­ra com­pro­me­ter­se con al­guien. Si vuel­vo y lo ha­go, te lo cuen­to.

“Me en­can­ta el te­nis, pe­ro a Fernando Ver­das­co no le co­noz­co. No ten­go el gus­to”.

“Con las pa­re­jas pa­sa co­mo con los ami­gos. Con al­gu­nos es­tás más cer­ca por­que la vi­da te mue­ve por el mis­mo ca­mino”.

Diego jun­to a Jordan, en las fo­tos col­ga­das en Ins­ta­gram que re­ve­la­ron el ro­man­ce.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.