Pai­sa­jes de co­lo­res

Pai­sa­jes úni­cos, na­tu­ra­le­za y fau­na sal­va­je son al­gu­nas de las es­tam­pas que el vi­si­tan­te pue­de des­cu­brir en es­ta re­gión, que ofre­ce tam­bién ar­te, pa­tri­mo­nio y una ri­ca gastronomía

ABC - Viajar - - Viajar Destinos - POR F. RAMÍREZ

La mez­cla es per­fec­ta: na­tu­ra­le­za bri­llan­te, con pa­ra­jes úni­cos, y pue­blos con en­can­to. Esos son de los atrac­ti­vos que Cas­ti­lla-La Man­cha ofre­ce al vi­si­tan­te, ade­más de su pa­tri­mo­nio cul­tu­ral y ar­tís­ti­co y su ri­ca gastronomía. Son es­pa­cios na­tu­ra­les que con­ser­van una ri­que­za pai­sa­jís­ti­ca en la que ha­bi­tan al­gu­nos ani­ma­les sal­va­jes y es­pe­cies ve­ge­ta­les de gran va­lor.

Si al­go di­fe­ren­cia a es­ta re­gión es que cuen­ta en su te­rri­to­rio con dos par­ques na­cio­na­les: Ca­ba­ñe­ros y las Ta­blas de Daimiel. Ade­más, par­ques na­tu­ra­les co­mo el Al­to Ta­jo, las La­gu­nas de Rui­de­ra, la Se­rra­nía de Cuen­ca, el Ha­ye­do de Te­je­ra Ne­gra o las Ho­ces del Ca­briel, así co­mo re­ser­vas y mi­cro­re­ser­vas que atraen ca­da año a mi­les de vi­si­tan­tes que dis­fru­tan del re­co­rri­do de es­tos pai­sa­jes. En oto­ño, la be­lle­za y el co­lo­ri­do des­ta­ca en es­tos en­tor­nos y se con­vier­ten en el úni­co acom­pa­ñan­te pa­ra quien se aden­tra en es­ta tie­rra.

Ha­ye­do de Te­je­ra Ne­gra

Oto­ño es una de las me­jo­res épocas pa­ra re­co­rrer el Ha­ye­do de Te­je­ra Ne­gra. La puer­ta de en­tra­da a un mun­do pro­pio de cuen­tos de ha­das es­tá en Can­ta­lo­jas, al no­roes­te de la pro­vin­cia de Gua­da­la­ja­ra. El se­cre­to de Te­je­ra Ne­gra es el ex­cep­cio­nal mi­cro­cli­ma que se ge­ne­ra en es­ta par­te del ma­ci­zo de Ayllón. Aquí las zo­nas más um­brías man­tie­nen una al­ta hu­me­dad y las pre­ci­pi­ta­cio­nes son abun­dan­tes in­clu­so en ve­rano, to­do un cal­do de cul­ti­vo pa­ra es­te ti­po de bos­ques. El ha­ye­do se ali­men­ta de los cau­da­les de los ríos Li­llas y Zar­zas, que na­cen en el gla­ciar de La Bui­tre­ra.

El en­torno es es­pec­ta­cu­lar, con dos va­lles por los que se ex­tien­de el bos­que, flan­quea­dos por al­tas y afi­la­das cres­tas ro­co­sas. Jun­to a las ha­yas (al­gu­nas de ellas con 300 años de vi­da) se ex­tien­den ro­bles, pi­nos, cen­te­na­rios te­jos, ace­bos, ol­mos, ser­ba­les o abe­du­les que se ele­van so­bre un ta­piz de ver­des mus­gos, que en oto­ño e in­vierno se al­ter­nan con los ma­rro­nes y ama­ri­llos de las ho­jas caí­das. Pa­ra dor­mir y co­mer lo me­jor es acercarse a Can­ta­lo­jas, un be­llo en­torno se­rrano que con­ser­va una be­lla igle­sia ro­má­ni­ca, a Ma­jael­ra­yo o a Cam­pi­llo de Ranas, am­bos in­clui­dos en el con­jun­to de pue­blos de la Ar­qui­tec­tu­ra Ne­gra.

Sie­rra del Se­gu­ra

La co­mar­ca de la Sie­rra del Se­gu­ra, que de­be su nom­bre al prin­ci­pal río que lo ba­ña, se ex­tien­de al su­r­oes­te de la pro­vin­cia de Al- ba­ce­te. Sus ali­nea­cio­nes mon­ta­ño­sas, cu­ya cum­bre más ele­va­da es la Sie­rra de Las Ca­bras (2.086 me­tros), es­tán se­pa­ra­das por estrechos va­lles y pro­fun­dos ca­ño­nes la­bra­dos por ríos y arro­yos. La Sie­rra del Se­gu­ra, úni­ca por su en­torno na­tu­ral, es una de las zo­nas más sin­gu­la­res de la geo­gra­fía albacetense. Sus pai­sa­jes ha­blan de fron­das, de bos­ques, de va­lles en­ca­jo­na­dos y, so­bre

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