El aco­so

ABC - XL Semanal - - MAGAZINE CARTAS - J.V.G. BURGO4

He co­no­ci­do el aco­so, lo pa­de­cí co­mo dro­ga­dic­to, lue­go en pri­sión y lue­go en mi úl­ti­mo tra­ba­jo has­ta que me hi­ce je­fe. To­dos los ca­gones, si les echas ca­ra (si están so­los ya no va­len pa­ra na­da), se­des­infl an. Me preo­cu­pa mu­cho el abu­so, a ni­ños o a adul­tos, pe­ro más el in­fan­til. En li­ber­tad no per­mi­táis nun­ca que los co­bar­des (sue­len ve­nir siem­pre en ban­da) os ha­gan la vi­da im­po­si­ble. Los ni­ños, que se lo di­gan a sus pa­dres, her­ma­nos, pro­fe­so­res y tu­to­res. Los ma­yo­res no te­néis que so­por­tar que los co­bar­des os tra­ten mal. Hay for­mas de pa­rar­los más en so­cie­dad. Es­tá la jus­ti­cia y, a ni­vel la­bo­ral, tam­bién hay lu­ga­res adon­de po­der ir. Es siem­pre la mis­ma can­ción: los ca­gon­ce­tes quie­ren es­tar por en­ci­ma de per­so­nas va­lien­tes, y los va­lien­tes les tie­nen que de­jar su lu­gar. No. A por ellos y ellas, que son pocos y co­bar­des. Se tra­ta so­lo de va­lor y co­ra­je.

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