ADIC­CIO­NES

di la ver­dad pa­ra que te crean cuan­do mien­tes”, di­jo el es­cri­tor

AD (Spain) - - Abril -

Evi­ta Ca­ño pla­nea su in­cur­sión en nues­tros Pre­mios acom­pa­ña­da de Ma­rio Va­que­ri­zo y Alas­ka, los tres de ti­ros lar­gos.

Ju­les Re­nard . Nor­mal, cual­quier dra­ma­tur­go que se pre­cie in­ven­ta ver­da­des, men­ti­ras e in­tri­gas, pe­ro siem­pre es ho­nes­to. A mí me ocu­rre lo mis­mo, pe­ro a la in­ver­sa. Cuan­do cuen­to mi día a día, la gen­te pien­sa que son em­bus­tes. Un ejem­plo: des­de que cam­bié la bi­ci por el Fiat 500L –su­das me­nos, po­nes la mú­si­ca en plan sa­la de con­cier­tos, siem­pre hay si­tio pa­ra otro ami­go más y, ade­más, el per­fu­me del Flo­wer Bomb de Vik­tor & Rolf se ex­pan­de y lo dis­fru­tas co­mo si to­da tú fue­ras una at­mós­fe­ra arro­lla­do­ra–, mis car­tu­che­ras tam­bién se han ex­pan­di­do. Sí, lo ad­mi­to, la be­lle­za y la per­fec­ción tie­nen un pre­cio: una, por muy ideal que sea de na­ci­mien­to, en oca­sio­nes se ve mar­ti­ri­za­da por la as­tu­cia de la ce­lu­li­tis – ¡va­de re­tro Sa­ta­nás! –,que ata­ca cuan­do me­nos te lo es­pe­ras . Me ocu­rrió con la Fies­ta de AD en cier­nes, cuan­do ya te­nía pen­sa­do y ul­tra­de­ci­di­do mi es­ti­lis­mo de mi­ni­fal­da, top y clutch de Bim­ba y Lo­la . ¿Sa­béis lo que es la an­gus­tia? Sen­tí lo mis­mo que aque­lla vez en ca­sa con Jo­sé Co­ro­na­do y Mi­guel Án­gel Sil­ves­tre de chá­cha­ra, pi­can­do pi­mien­tos de pa­drón y la­cón que ha­bían traí­do des­de Vi­go. To­do iba so­bre rue­das has­ta que des­cu­brí que en mi ne­ve­ra ya no que­da­ba ni una bo­te­lla de Mar de Fra­des . El dra­ma tu­vo fá­cil so­lu­ción: Pe­te Ber­me­jo . Soy ve­ci­na del es­ti­lis­ta de los ri­zos de oro de

EM­BE­LE­SA­DA DE UNA SHOP­PER CON­FE­SIO­NES

POR EVI­TA CA­ÑO

AD , el pi­bo­na­zo que lle­va un Por­tu­gie­ser Ca­len­da­rio Per­pe­tuo de IWC (tan gua­po co­mo él). Pit (co­mo le di­cen los gui­ris ) siem­pre tie­ne bo­te­llas frías de mi al­ba­ri­ño fa­vo­ri­to. En cuan­to a la an­ti­es­té­ti­ca adi­po­si­dad (¡qué fea, Oh mon Dieu! ), tam­bién fue sen­ci­lla de re­sol­ver, y es en es­te pun­to don­de to­dos creen que mien­to: el se­cre­to es la Ce­llus­culpt de Dr. Brandt y cons­tan­cia pa­ra uti­li­zar­la (los re­sul­ta­dos no se ha­cen es­pe­rar). Tam­bién es acon­se­ja­ble, con look de eje­cu­ti­va agre­si­va sin ti­tu­beos, sa­lir a an­dar. Os re­co­mien­do los Bo­wie de Cam­per ; son co­mo bo­tas de las sie­te le­guas, ele­gan­tes y con­si­guen que tus pies pa­rez­can alas. ¿Os sue­na el dios Mer­cu­rio? Con es­ta fór­mu­la las car­tu son his­to­ria en me­nos de lo que Da­niel Craig , co­mo Ja­mes Bond o de él mis­mo, tar­da en po­ner­se y qui­tar­se los ge­me­los de En­ce­la­de-1789 tras una ci­ta ro­mán­ti­ca. Ha­blo del ac­tor, pa­ra no men­cio­nar a Se­gis (que ya no es mío), que va a ser pa­pá ( Oh my God! ). Me lo en­con­tré en Ní­co­li bus­can­do el ajuar pa­ra sus me­lli­zos, de la mano de Ma­ri­ví Di­lla Ago­tan­te , su es­po­sa ( esa bru­ja ). Les di una for­za­da en­ho­ra­bue­na pe­ro sa­lí de la tien­da con la can­ción Te de­jé mar­char de Luz Ca­sal en mi ca­be­za. Mi pe­sar du­ró cin­co mi­nu­tos exac­tos, se­gún el Ren­dez-vous Ce­les­tial de Jae­ger Lecoul­tre (que me tie­ne lo­qui­ta de amor), y la ban­da so­no­ra de mi al­ma se cam­bió por Fies­ta de Raf­fae­lla Ca­rrá al re­ci­bir la lla­ma­da de Ma­rio Va­que­ri­zo pre­gun­tán­do­me si aún que­da­ban pla­zas en mi Fiat 500L pa­ra ir jun­tos, con Alas­ka y Da­vid Del­fín , a la fies­ta de AD . “So­lo si os gus­ta el per­fu­me de Vik­tor & Rolf , o sea yo”, le res­pon­dí rien­do. ( con­ti­nua­rá )

n

Pa­sos lar­gos Son co­mo Da­vid, pe­ro en za­pa­tos (o bo­ti­nes). Los Bo­wie de Cam­per (135€) tam­bién son es­te­la­res: de piel ce­pi­lla­da, di­ver­ti­dos, ur­ba­nos y pas­te­lo­sos (por su co­lo­res, no por­que em­pa­la­guen). Aún me­jor Di­cen que la aña­da de 2013 de Mar de Fra­des

Otro cie­lo No son sim­ples ge­me­los, son au­tén­ti­cas jo­yas de ace­ro bi­se­la­das a mano. Los En­ce­la­de-1789 son ga­la­xias que vi­ven en tus pu­ños y ro­tan 360º co­mo lo ha­cen los pla­ne­tas ro­dea­dos por sus ani­llos. Da­te alas De co­lor be­ren­je­na (y hay más) y con un ág

Me im­por­tas tú Co­mo de­cía la can­ción, “que se que­de el in­fi­ni­to sin es­tre­llas...” El re­loj Ren­dez-vous Ce­les­tial de Jae­ger-lecoul­tre (49.700€) tie­ne su pro­pio cie­lo es­tre­lla­do con dia­man­tes. Sus ho­ras te lle­van ha­cia la Vía Lác­tea.

Soy una flor Es ex­plo­si­vo, di­fe­ren­te... Su bou­quet trans­for­ma tu piel en un jar­dín de aro­mas. Flo­wer­bomb de Vik­tor & Rolf (108€) es tan úni­co y dis­tin­gui­do co­mo tú. Pa­ra lo Bim­ba y Lo­la com­bi­na con ar­te ma­te­ria­les co­mo el cue­ro, co­lo­res irre­con­ci­lia­bles e

El 500 se cre­ce Su look re­tro, esas lí­neas chic y los co­lo­res des­in­hi­bi­dos lo de­fi­nen, pe­ro el Fiat 500L se ha­ce ma­yor y alar­dea de sus cin­co puer­tas. Siem­pre tie­ne si­tio pa­ra to­dos (si tú los in­vi­tas).

Si­gue a la lu­na

Con el Por­tu­gie­ser

Ca­len­da­rio Per­pe­tuo de IWC (39.100€) te de­lei­ta­rás con un re­loj be­llí­si­mo con

una do­ble lu­na, que te in­di­ca los ci­clos lu­na­res... Ya

sa­bes, mue­ven océa­nos.

¿Yo? Di­vi­na El Ce­llus­culpt (59,90€) de Dr. Brandt (so­lo en Sep­ho­ra ), con sus cin­co bo­las de ace­ro, es­cul­pe, re­afir­ma y te ayu­da en tus cru­za­das con­tra la ce­lu­li­tis. No es mi­la­gro­sa, es real.

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