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Evi­ta Caño se pos­tu­la co­mo can­di­da­ta a pie­za es­pe­cial de la ex­po­si­ción Vi­vir con un icono co­mi­sa­ria­da por AD con la co­ber­tu­ra de HTC.

AD (Spain) - - Mayo - Por evi­ta caño

no ha­ber si­do ellos los que tu­vie­ron esa idea”, es­cri­bió el designer Frank Chi­me­ro que, de ha­ber vi­si­ta­do Vi­vir con un Icono, la ex­po­si­ción co­mi­sa­ria­da por es­ta Ado­ra­ble re­vis­ta en com­pli­ci­dad de los co­di­cia­dos te­lé­fo­nos HTC, se sen­ti­ría el más me­mo del mun­do. Así co­mo el amor, se­gún la mí­ti­ca can­ción, el di­se­ño tam­bién es­tá en el ai­re. ¿Aca­so el tren­za­do del bol­so de la nue­va co­lec­ción li­mi­ta­da The 689 5th Ave­nue de Mas­si­mo Dut­ti no es una idea gran­dio­sa (y enor­me por­que en es­ta ma­ra­vi­lla pue­do lle­var to­do y más)? Cuán­tas ve­ces te ha­brás sen­ta­do en una­was­sily sin sa­ber que en 1925 sus tu­bos de ace­ro de­ja­ron bo­quia­bier­tos a los in­cau­tos que, ago­ta­dos, bus­ca­ron re­po­so en aque­lla ra­re­za es­truc­tu­ral y, lo me­jor, des­cu­brie­ron ano­na­da­dos que ade­más de be­lla la si­lla era co­mo­dí­si­ma. Hoy por hoy, for exam­ple, cuan­do es­toy ex­haus­ta, des­can­so dos mi­nu­tos en mi Opel Adam Rocks mien­tras le pi­do al co­che que le en­vie un mail a mi ma­sa­jis­ta pi­dién­do­le una ci­ta pa­ra ya mis­mo. An­tes de arran­car mi por­ten­to­sa má­qui­na rum­bo al pa­raí­so de su ca­mi­lla, mi­mo mis ojos con unas go­ti­tas del

sé­rum Gé­ni­fi­que Yeux Light-pearl de Lan­cô­me, y en so­lo un pes­ta­ñeo re­cu­pe­ro el po­ten­cial fe­lino de mi mi­ra­da. Es­to vie­ne a cuen­to, por­que tras de­vo­rar los mue­bles y ob­je­tos de la ex­po de AD me he en­vi­cia­do: aho­ra dis­fru­to del con­te­ni­do de mis te­so­ros, co­mo el eli­xir pa­ra mis oja­zos, y tam­bién ad­mi­ro los con­te­ne­do­res, co­mo el en­va­se de Lan­cô­me, una mo­ne­ría. El HTC One M9, por su par­te, ha pa­sa­do de la ca­te­go­ría de ar­te­fac­to im­pres­cin­di­ble co­mo el ai­re pa­ra la vi­da a la de evi­den­cia cla­ra de que la al­ta tec­no­lo­gía hoy es si­nó­ni­mo de be­lle­za. Os lo pro­me­to, cual­quier día de es­tos me pon­go el te­lé­fono co­mo col­gan­te, a jue­go con mi ani­llo de oro rosa y dia­man­tes de la co­lec­ción Pos­ses­sion de Pia­get. “¿Quién di­jo que el pla­cer no pue­de ser fun­cio­na­li­dad?”, pre­gun­ta­ba Mr. Ea­mes. Yo, Char­les, no. Si pa­ra sa­ber la ho­ra la mi­ras en un Ra­do True Cuar­zo, des­cu­bri­rás que el pa­seo del se­gun­de­ro en­tre los bri­llan­tes de su es­fe­ra es un de­lei­te, y que es­tás lle­gan­do 32 mi­nu­tos tar­de a la ci­ta que te­nías con tu pa­dre que vi­ve en Ke­nia y ha ve­ni­do a verte dos días. Pe­ro yo sé có­mo do­mes­ti­car a la fie­ra (le co­noz­co des­de que na­cí): una bo­te­lla de Ron Bar­ce­ló Im­pe­rial, con su eclip­san­te néc­tar ám­bar, y el león se trans­for­ma en ga­ti­to. Pe­ro pa­pi, tam­po­co es tan di­fí­cil, la Bom­bay Sapp­hi­re, una se­ño­ra ginebra –con una bo­te­lla azul me­di­te­rrá­neo que la ha­ce aún más ape­te­ci­ble– va bien con to­do. In­clu­so a él le ha­ce ronronear. Y ha­blan­do de co­lo­res, cuan­do nos pin­ta­mos los ojos, ¿no es­ta­mos di­se­ñan­do un mo­do de mi­rar? Pre­ci­sa­men­te pa­ra la inauguración de Vi­vir con un Icono es­tre­né la pa­le­ta de som­bras L’in­tem­po­rel de Cha­nel, una edi­ción efí­me­ra que no hay que de­jar es­ca­par. Re­ma­tan­do el look y si­guien­do con las lí­neas bien tra­za­das, tam­bién lu­cí las san­da­lias Kei­ra de Her­mès, al­tí­si­mas y con unos ai­res an­da­lu­ces que sa­can la Ri­ta Hay­worth de San­gre y Are­na que to­das lle­va­mos den­tro. En fin, que es­te di­se­ño úni­co que soy yo mis­ma, os aban­do­na, me voy a Ve­ne­cia. ¿Nos ve­mos en la Bie­nal? (con­ti­nua­rá)

n

Un mi­ni gi­gan­te ¡Qué tiem­ble tu se­cre­ta­ria! Al Opel Adam Rocks, el pri­mer mi­ni cros­so­ver

des­ca­po­ta­ble, le pue­des dic­tar tus mails y en un pis­pás te los en­vía... Pe­ro so­lo es un detalle. Mas­cu­lino, ur­bano y di­ná­mi­co, es tam­bién su­per­tec­no­ló­gi­co.

El abra­zo De oro rosa y dia­man­tes, el ani­llo de la co­lec­ción Pos­ses­sion de Pia­get (5.200€) es un au­tén­ti­co ob­je­to de de­seo. Tu de­do, cuan­do lo luz­ca, no lo que­rrá sol­tar nun­ca (y tú tam­po­co, cla­ro).

Vie­ja y jo­ven Bom­bay Sapp­hi­re (21€/ aprox.) fue la pri­me­ra pre­mium del mer­ca­do, y hoy si­gue sien­do un icono en­tre las gi­ne­bras. ¿La has pro­ba­do ya con ro­me­ro, to­mi­llo o flo­res?

La mi­ra­da El Gé­ni­fi­que Yeux Light­pearl de Lan­cô­me (66€) es un gel tan úni­co co­mo su apli­ca­dor pa­ra los ojos: ali­sa e ilu­mi­na el con­torno, re­du­ce las bol­sas y, so­bre to­do, te ha­ce fe­liz cuan­do te ves.

So­lo pa­ra la­dies Esas lí­neas, esas cur­vas. El Ra­do True Cuar­zo (so­lo pa­ra no­so­tras), con su ca­ja de ce­rá­mi­ca y cris­tal de za­fi­ro cur­va­do; el ná­car y sus 12 dia­man­tes, ade­más del lo­go en oro rosa, es otra ma­ne­ra de en­ten­der el tiem­po... Y su pa­so.

Pa­sión an­da­lu­za Es co­mo si en ca­da pi­sa­da de­ja­ras el ras­tro de la flor de azahar. Las Kei­ra (850€) de Her­mès, con su cue­ro bri­llan­te, un ta­cón digno del me­jor ta­blao , y el don de es­ti­li­zar aún más tus di­vi­nas pier­nas, son de co­lec­ción.

Icono mó­vil Es una oda al di­se­ño, una jo­ya: su pan­ta­lla pa­re­ce un

dia­man­te en­cas­tra­do en pla­ta y oro. Al HTC One M9 (849€/li­bre) le pue­des pe­dir

más de lo que te da un mó­vil, nun­ca te de­frau­da­rá.

Va­ya mix Son cin­co co­lo­res que com­bi­na­dos in­ten­si­fi­can, dan bri­llo a la mi­ra­da, con una to­na­li­dad más fría o más cá­li­da. Es la pa­le­ta de som­bras L’in­tem­po­rel de Cha­nel (58€), una co­lec­ción efí­me­ra. No te la pier­das.

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