ÁGA­TA RO­QUET­TE

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“Hi­ce va­rias die­tas, pe­ro no me fun­cio­na­ron”

Es­ta nu­tri­cio­nis­ta por­tu­gue­sa se ha con­ver­ti­do en la nue­va gu­rú de los re­gí­me­nes pa­ra adel­ga­zar. Tras años de so­bre­pe­so y can­sa­da de se­guir va­rias die­tas sin éxi­to, ana­li­zó las más fa­mo­sas pa­ra des­pués crear la su­ya pro­pia: la die­ta de los 31 días. ¿El re­sul­ta­do? 20 ki­los me­nos y dos li­bros en los que ex­pli­ca su mé­to­do, ba­sa­do en las cos­tum­bres me­di­te­rrá­neas. Du­ra un mes y fi­na­li­za con la pér­di­da de an­sie­dad, de vo­lu­men ab­do­mi­nal y unos cin­co ki­los me­nos. Al prin­ci­pio se eli­mi­nan to­dos los hi­dra­tos, me­nos el pan del desa­yuno, pa­ra lue­go ir in­tro­du­cién­do­los gra­dual­men­te. En es­tos 31 días se pier­de la an­sie­dad y son el pun­to de par­ti­da pa­ra ir per­dien­do más pe­so a lar­go pla­zo.

Eres el me­jor ejem­plo del éxi­to de tu die­ta: adel­ga­zas­te 20 ki­los. ¿Có­mo fue la ex­pe­rien­cia?

Em­pe­cé en enero y en ma­yo ya ha­bía per­di­do la ma­yo­ría del pe­so. Es­ta­ba muy mo­ti­va­da ya que me ca­sa­ba en unos me­ses y que­ría es­tar gua­pa el día de mi bo­da. Mi die­ta in­clu­ye un día li­bre a la se­ma­na, lo que me da­ba la opor­tu­ni­dad de ha­cer co­sas: sa­lir con mis ami­gas, con mi pro­me­ti­do, via­jar...

¿Có­mo era tu vi­da an­tes de es­ta die­ta?

De pe­que­ña ha­cía de­por­te de al­ta com­pe­ti­ción. Lue­go lo de­jé y en­gor­dé 17 ki­los rá­pi­da­men­te. No me gus­ta­ba a mí mis­ma, y te­nía una re­la­ción ex­tra­ña con la co­mi­da: ha­bía días que no co­mía y otros que lo ha­cía de for­ma abun­dan­te y a es­con­di­das. Lue­go me arre­pen­tía y vo­mi­ta­ba. Fue­ron cin­co años com­pli­ca­dos. Des­pués, mi re­la­ción con la co­mi­da cam­bió y em­pe­cé es­ta die­ta.

¿Por qué crees que otras die­tas no te fun­cio­na­ron?

A mí no co­mer me pro­vo­ca­ba an­sie­dad. Por eso, aun­que la ba­se de mi die­ta son la South Beach o la At­kins, no tie­ne tan­tas res­tric­cio­nes. Es una mez­cla en la que hay fru­ta o pan y creo que eso es lo que fun­cio­na.

¿Cuá­les son las cla­ves de la die­ta de los 31 días?

El ob­je­ti­vo es que no pa­rez­ca una die­ta. Creo que es­ta es la cla­ve del éxi­to. Ade­más, no tie­ne can­ti­da­des y las re­ce­tas que pro­pon­go son sen­ci­llas. Así, nun­ca se pa­sa ham­bre. El día li­bre tam­bién es un pun­to po­si­ti­vo, ya que pro­por­cio­na ins­tan­tes de re­la­ja­ción. Otra de las cla­ves es que al per­der una bue­na can­ti­dad de pe­so en un mes, hay mo­ti­va­ción pa­ra se­guir.

¿Cuál es el ma­yor enemigo de una die­ta?

Los azú­ca­res. co­mo las ga­lle­tas o los cho­co­la­tes: crean vi­cio, y una vez em­pie­zas no pue­des pa­rar.

Des­pués de to­do es­te tiem­po, ¿có­mo con­si­gues man­te­ner­te en tu pe­so?

Du­ran­te la se­ma­na me cui­do y co­mo de for­ma sa­lu­da­ble. En mi día a día so­lo co­mo pan en el desa­yuno y nun­ca re­pi­to. Pe­ro es por la no­che cuan­do más cui­do mi ali­men­ta­ción: mis ce­nas se ba­san en pro­teí­nas al cien por cien. Du­ran­te el fin de se­ma­na aña­do pro­duc­tos que nor­mal­men­te no pue­do to­mar, co­mo dul­ces o al­cohol.

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