‘Víc­tor Ros’, un Sher­lock a la ma­dri­le­ña

AR - - ENTREVISTA -

Car­les Fran­cino se con­vier­te en un cas­ti­zo Sher­lock Hol­mes y Esmeralda Mo­ya en su amor im­po­si­ble en Víc­tor Ros, una se­rie po­li­cia­ca am­bien­ta­da en la Es­pa­ña de Cá­no­vas y el Ma­drid de fi­na­les del si­glo XIX, de las ter­tu­lias li­te­ra­rias y los pri­me­ros pa­sos a la mo­der­ni­dad, don­de tam­bién par­ti­ci­pan Ti­to Val­ver­de y Me­gan Mon­ta­ner. La fic­ción, pro­du­ci­da por New Atlan­tis (Gru­po Se­cuo­ya) pa­ra TVE y Mo­vis­tar TV, lle­ga­rá la pró­xi­ma tem­po­ra­da a la ca­de­na pú­bli­ca.

¿Qué echáis de me­nos cuan­do es­táis fue­ra de ca­sa?

C: Yo echo de me­nos el con­tac­to con la na­tu­ra­le­za. Pe­ro cuan­do ten­go ga­nas de ella me acer­co has­ta Se­go­via, que es­tá muy cer­ca de Ma­drid y me en­can­ta.

E: Los ami­gos, la fa­mi­lia, el am­bien­te que se vi­ve aquí y... ¡el co­ci­do y la tor­ti­lla de pa­ta­tas! No hay nin­gún si­tio don­de se co­man es­tos pla­tos me­jor que en Ma­drid.

La ciu­dad os ha atra­pa­do a los dos...

C: Ma­drid, ade­más de ser una ciu­dad que te ofre­ce to­do y te fa­ci­li­ta las co­sas, tam­bién es una ur­be con un rit­mo tre­pi­dan­te, que te obli­ga a man­te­ner­te ac­ti­vo, vi­vo, siem­pre en mo­vi­mien­to, y eso es muy bueno. Es una ciu­dad muy vi­bran­te: da igual cuál sea tu es­ti­lo de vi­da, tu ho­ra­rio de tra­ba­jo... siem­pre hay co­sas in­tere­san­tes que ha­cer.

E: A mí, en reali­dad, lo que me apa­sio­na de Ma­drid es un com­pen­dio de co­sas y sen­sa­cio­nes: el am­bien­te, la co­mi­da, las ca­lles ro­mán­ti­cas y to­dos esos rin­co­nes es­con­di­dos que hay por do­quier.

Com­par­te al­guno con no­so­tras, por fa­vor.

E: Es­tán ca­si to­dos en la La­ti­na, mi ba­rrio fa­vo­ri­to. Ado­ro ir allí los do­min­gos con mis ami­gas, pa­sear por sus ca­lles, to­mar algo... Creo que es un si­tio con un to­que ro­mán­ti­co muy mar­ca­do y con tien­das y lo­ca­les muy es­pe­cia­les, es­con­di­dos y to­da­vía sin ex­plo­tar.

C: A mí me gus­ta don­de vi­vo, la zo­na cen­tro de Ma­drid. Ten­go mu­chos ami­gos cer­ca de mí, gen­te que he ido su­man­do a mi vi­da a tra­vés de dis­tin­tos tra­ba­jos en la te­le y en el tea­tro, y me en­can­ta que­dar con ellos por allí. Tam­bién me gus­ta mu­cho el par­que de Ma­drid Río: te­ner

zo­nas ver­des en una ciu­dad así es una gran suer­te.

Pre­ci­sa­men­te es­ta zo­na que bor­dea el río Man­za­na­res es don­de nos he­mos ci­ta­do pa­ra ha­cer la se­sión de fo­tos.

C: Yo ven­go mu­cho: me que­da cer­ca de ca­sa y me pa­re­ce un si­tio bas­tan­te agra­da­ble pa­ra pa­sear con mi pe­rra.

E: La ubi­ca­ción es ge­nial. Ma­drid es una ciu­dad pa­ra pa­sear, yo soy muy an­da­ri­na y creo que aun­que nos cues­te pres­cin­dir del co­che, hay ca­lles y lu­ga­res a los que hay que lle­gar y dis­fru­tar a pie, co­mo es­te. Aquí es don­de he­mos gra­ba­do la se­rie, de he­cho.

La se­rie es­tá am­bien­ta­da en el Ma­drid de 1890. ¿Có­mo ha si­do ese via­je al pa­sa­do?

C: He­mos gra­ba­do bas­tan­te en ex­te­rio­res, pe­ro el gran acier­to de la se­rie es la re­crea­ción di­gi­tal de una Es­pa­ña que to­dos te­ne­mos en la me­mo­ria. La ver­dad es que a mí me en­can­tan las se­ries de épo­ca, que aho­ra es­tán muy de mo­da. Y ca­sual­men­te me han con­tra­ta­do pa­ra dos pro­duc­cio­nes de es­te ti­po, ya que ade­más me aca­bo de in­cor­po­rar al equi­po de Águi­la Ro­ja [eso ex­pli­ca su bar­ba tan po­bla­da].

¿Exi­ge ma­yor pre­pa­ra­ción del per­so­na­je me­ter­se en la piel de una per­so­na que vi­vió ha­ce tan­to tiem­po?

C: Bueno, lle­va aca­rrea­do un tra­ba­jo de do­cu­men­ta­ción, de adap­tar­te a los mo­dos y al len­gua­je, pe­ro no es mu­cho más tra­ba­jo que pre­pa­rar­te cual­quier otro per­so­na­je. Al fi­nal, ca­da pa­pel tie­ne sus pe­cu­lia­ri­da­des y co­mo ac­tor tie­nes que me­ter­te en la piel de quien quie­ras in­ter­pre­tar.

E: In­ter­pre­tar a un per­so­na­je de épo­ca no es so­lo me­ter­te en un bo­ni­to ves­ti­do del si­glo XIX... En mi ca­so, mi

per­so­na­je me ha en­se­ña­do có­mo eran las mu­je­res en esa épo­ca, las di­fi­cul­ta­des a las que se te­nían que en­fren­tar y, tam­bién, me ha ayu­da­do a ad­mi­rar a aque­llas se­ño­ras que lo­gra­ron cam­biar el mun­do, por lo me­nos su mun­do, en con­tra de una so­cie­dad muy ma­chis­ta.

¿Siem­pre su­pis­teis que vues­tro fu­tu­ro es­ta­ba en la in­ter­pre­ta­ción?

E: Yo siem­pre qui­se ser ac­triz, des­de muy ni­ña, pe­ro em­pe­cé tra­ba­jan­do co­mo mo­de­lo en la ado­les­cen­cia. Via­jé por me­dio mun­do y tra­ba­jé con las me­jo­res edi­to­ria­les y cam­pa­ñas mun­dia­les. Sin em­bar­go, a los vein­te años no po­día, ni que­ría, alar­gar más mi sue­ño de triun­far en el mun­do de la in­ter­pre­ta­ción y me ins­ta­lé en Ma­drid pa­ra es­tu­diar Ar­te Dra­má­ti­co.

C: Yo la ver­dad es que lo tu­ve cla­ro des­de bien jo­ven­ci­to. Es­to es algo muy vo­ca­cio­nal.

Con tus ge­nes y la tra­di­ción ra­dio­fó­ni­ca que hay en tu ca­sa... ¿nun­ca pen­sas­te de­di­car­te al pe­rio­dis­mo, Car­les?

C: ¡No, en ab­so­lu­to! Mi­ra, ya hay un Car­les Fran­cino que se de­di­ca al pe­rio­dis­mo ra­dio­fó­ni­co y lo ha­ce fe­no­me­nal. Aun­que, bueno, sí que te di­ré que hu­bo un mo­men­to, en mi muy tem­pra­na ju­ven­tud, en el que pen­sé que el pe­rio­dis­mo es­ta­ba en mi ca­mino, pe­ro es que en ese mo­men­to es­ta­ba muy, muy per­di­do.

Hoy día es fá­cil en­con­tra­ros a los dos en las re­des so­cia­les, don­de sois muy ac­ti­vos. ¿Las usáis co­mo una he­rra­mien­ta de tra­ba­jo o es algo más per­so­nal?

E: Yo em­pe­cé en plan pro­fe­sio­nal, pe­ro me gus­ta tan­to que com­par­to mu­chas co­sas: si­tios fa­vo­ri­tos, mo­men­tos es­pe­cia­les, ci­tas, can­cio­nes y co­sas que me en­can­ta que vean aque­llos que me si­guen. Hay días que de­di­co más de cin­co ho­ras a las re­des so­cia­les: ¡soy adic­ta! De he­cho, in­clu­so he que­da­do al­gu­na vez con mis se­gui­do­ras. La ver­dad es que es­toy muy in­te­gra­da en el mun­do de las re­des so­cia­les, ¡me en­can­tan! Y me chi­fla, so­bre to­do, Ins­ta­gram.

C: En mi ca­so sí es algo pro­fe­sio­nal. Pa­ra mí las re­des so­cia­les son un alia­do in­dis­pen­sa­ble pa­ra dar a co­no­cer mi tra­ba­jo y es­tar en con­tac­to... Lo que pa­sa es que al fi­nal eres tú mis­mo de­lan­te de un or­de­na­dor y es muy nor­mal que se mez­cle la vi­sión per­so­nal con la la­bo­ral. La con­clu­sión es que aca­bo col­gan­do mu­chos as­pec­tos de mi vi­da per­so­nal, pe­ro to­do des­de un pun­to de vis­ta muy sano e in­ten­tan­do que la co­sa no se me va­ya de las ma­nos.

E: Las re­des so­cia­les son otra for­ma de co­mu­ni­car­te, mu­cho más ri­ca y con más po­si­bi­li­da­des. Mi­ra, te di­ré que, por ejem­plo, en­tre las chi­cas del ro­da­je de Víc­tor Ros ha­bía tan buen ro­llo y te­nía­mos tan­ta com­pli­ci­dad en­tre no­so­tras que hi­ci­mos un gru­po de What­sapp que se­gui­mos man­te­nien­do. A ve­ces que­da­mos pa­ra ver­nos pe­ro, al mar­gen del tiem­po que ten­ga­mos o los com­pro­mi­sos pro­fe­sio­na­les, ¡el gru­po si­gue echan­do hu­mo!

¿Los chi­cos tam­bién creas­teis un gru­po, Car­les?

C: No, no­so­tros no. So­mos mu­cho más so­sos... Pe­ro, aun­que no ten­ga esa re­la­ción tan di­rec­ta que tie­nen las chi­cas con el gru­po de What­sapp, yo guar­do muy buen re­cuer­do y ten­go una ex­ce­len­te re­la­ción con Me­gan Mon­ta­ner y con mu­chos miem­bros del equi­po.

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