Los ca­pri­chos

DEL DES­TINO

AR - - EN NUESTRO BUZÓN - Te­re­sa Se­gui Al­mu­de­na Prie­to Vir­gi­nia Mar­tín

Cuan­do he leído el re­por­ta­je mi ima­gi­na­ción ha vo­la­do 18 años atrás, a cuan­do vi­vía en Ma­llor­ca. Siem­pre ha­bía di­cho que ja­más me iría de allí, pe­ro un ca­pri­cho del des­tino hi­zo que en unas va­ca­cio­nes por An­da­lu­cía y por una ave­ría en el co­che tu­vié­ra­mos que pa­rar unos días en un pre­cio­so pue­blo, Mon­to­ro. No sé qué me pa­só, pe­ro me enamo­ré de ese pue­blo, y tu­ve la sen­sa­ción de que per­te­ne­cía allí. Tres años des­pués, ya éra­mos pro­pie­ta­rios de un pi­so al que nos mu­da­mos con nues­tros hi­jos y don­de si­go sien­do muy fe­liz... y to­do por una ave­ría. TO­DO UN DES­CU­BRI­MIEN­TO He de re­co­no­cer que he com­pra­do por pri­me­ra vez la re­vis­ta AR por­que me ha gus­ta­do el bol­so de mano que ve­nía de re­ga­lo op­cio­nal. No pen­sa­ba en­con­trar na­da fue­ra de lo ha­bi­tual en una re­vis­ta pa­ra mu­je­res y, sin em­bar­go, al ho­jear­la, ha ha­bi­do dos co­sas que me han cau­ti­va­do. La pri­me­ra ha si­do una ano­ta­ción en el re­por­ta­je

“Sin ho­ra de vuel­ta”. No pue­do pa­rar de pen­sar en esa ex­pre­sión, por­que ya he per­di­do la cuen­ta de los años que ha­ce que no dis­fru­to de mo­men­tos sin ho­ra. Si no es por el tra­ba­jo, es por mis hi­jas, así que me he pro­pues­to em­pe­zar a ano­tar en mi agenda ac­ti­vi­da­des ‘sin ho­ra de vuel­ta’. La se­gun­da ha si­do el anun­cio del nue­vo nú­me­ro de AR, don­de apa­re­ce una mo­de­lo con unos za­pa­tos si­mi­la­res a los que la rei­na lu­ció el día de la co­mu­nión de su hi­ja. ¡Es­táis en to­do! Os se­gui­ré la pis­ta. MI MO­MEN­TO DE PAZ Ten­go 25 años, tra­ba­jo (y lu­cho por po­der se­guir ha­cién­do­lo) y es­tu­dio un más­ter al mis­mo tiem­po. Me pa­so de trans­por­te pú­bli­co en trans­por­te ES­CRÍ­BE­NOS A: CO­RREO: Re­vis­ta AR. Av­da. Car­de­nal He­rre­ra Oria, 3.

28034 Ma­drid EMAIL: co­rreoAR@hearst.es WEB: ar-re­vis­ta.com TWITTER: @re­vis­taAR FA­CE­BOOK: fa­ce­book.com/re­vis­taar pú­bli­co unas dos ho­ras al día. Mi jor­na­da co­mien­za a las 7 y no aca­ba has­ta las 23:30... Co­mo po­dréis ima­gi­nar, mi tiem­po li­bre bri­lla por su au­sen­cia, pe­ro en­tre tan­to me­tro, au­to­bús, re­ca­dos y caos en ge­ne­ral, he en­con­tra­do lo que me ayu­da a des­co­nec­tar y a so­ñar por ra­ti­tos: AR. Vie­ne con­mi­go a to­dos la­dos, y aun­que po­dría ‘be­bér­me­la’ en me­nos tiem­po, la voy do­si­fi­can­do pa­ra que no se me es­ca­pe na­da y po­der ame­ni­zar esos ra­tos li­bres du­ran­te la se­ma­na. Hoy, do­min­go, he pre­fe­ri­do ha­cer­le ca­so al edi­to­rial de Ana Ro­sa y me he re­ga­la­do uno de esos mo­men­tos con mil po­tin­gues que en­tre se­ma­na no me dan tiem­po ni a ver pa­ra es­tar per­fec­ta... pa­ra lo que quie­ra ve­nir ma­ña­na.

Y pa­ra el pró­xi­mo mes...

PRO­TEC­CIÓN SO­LAR Quie­ro da­ros las gra­cias por pu­bli­car con­se­jos so­bre pro­tec­ción con­tra el sol co­mo los del ar­tícu­lo

del nú­me­ro de ju­nio. Es ver­dad que el co­lor em­be­lle­ce y to­das que­re­mos es­tar ra­dian­tes en ve­rano, pe­ro los on­có­lo­gos no nos can­sa­mos de dar año tras año las mis­mas re­co­men­da­cio­nes: fac­to­res

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