Su pri­me­ra pu­bli­ca­ción

AR - - BIENESTAR -

A ve­ces la vi­da no nos lo po­ne fá­cil.

Des­de que es­toy más co­nec­ta­da con mi in­te­rior ten­go más cla­ro que hay que su­pe­rar esa creen­cia del ‘yo no pue­do ha­cer na­da’. Siem­pre pue­des cam­biar al­go: tu pun­to de vis­ta. Hay si­tua­cio­nes ex­tre­mas en las que lo pa­sa­re­mos muy mal, pe­ro tam­bién hay que sa­ber ocu­par­se en esos es­ce­na­rios, y con más ra­zón que nun­ca, de uno mis­mo. Es bueno re­co­no­cer que tie­nes mie­do, pe­ro al mis­mo tiem­po pue­des de­ci­dir con­fiar en ti. Al final se tra­ta de eso: de to­mar una decisión. La gen­te que con­fía en sí mis­ma es por­que de­ci­de con­fiar en ella. Y con el arrojo de esa cer­te­za, de esa decisión, va ha­cia de­lan­te.

En tu li­bro ha­blas mu­cho de las olas, del surf...

Sí, me gus­ta co­mo me­tá­fo­ra. El ser pa­ra mí es la ta­bla, ahí don­de te sos­tie­nes a pe­sar de las tem­pes­ta­des. Es con­ti­go mis­ma con quien tie­nes que es­tar to­tal­men­te con­cen­tra­da pa­ra que cuan­do ven­ga la ola te subas a la ta­bla. Cuan­do desa­rro­llas tu esen­cia y eres más cons­cien­te de ese es­pa­cio in­terno que te per­te­ne­ce, ahí es­tás crean­do tu pro­pia ta­bla de sal­va­ción.

Di­cen que a ve­ces el ego nos jue­ga ma­las pa­sa­das...

Sí, es la más­ca­ra que ele­gi­mos pa­ra mos­trar­nos al mun­do por­que con ella cree­mos que nos va­mos a re­la­cio­nar me­jor. Y jus­to es la que nos per­ju­di­ca. Pue­des uti­li­zar­la, pe­ro hay que sa­ber con qué se jue­ga. La me­di­ta­ción te ayu­da a no en­ga­ñar­te, a re­co­no­cer con qué más­ca­ra te es­tás mo­vien­do, y re­cor­dar­te dia­ria­men­te que el ego que has crea­do no eres real­men­te tú.

El ayu­da a co­nec­tar con uno mis­mo. ¿Có­mo afec­ta a nues­tra re­la­ción con los de­más?

Fun­cio­na­mos co­mo un pro­yec­tor: lo que no­so­tros crea­mos, se crea fue­ra. Así que si ten­go unas creen­cias que res­pe­tan la ver­ti­ca­li­dad de la que ha­blá­ba­mos an­tes, es­ta­ré crean­do reali­da­des, tam­bién fue­ra, acor­des con lo que pien­so, sien­to y ha­go. Ahí es cuan­do es­tás to­man­do las rien­das de tu vi­da.

Me lla­ma la aten­ción el tí­tu­lo que has ele­gi­do pa­ra tu li­bro:

Por­que me he da­do cuen­ta de que to­do es sen­ci­llo si yo lo sim­pli­fi­co. La vi­da es be­lla si la veo des­de un pun­to de vis­ta po­si­ti­vo, si pon­go la aten­ción en aque­llo que me da ale­gría. So­lo son cua­tro co­si­tas las que ne­ce­si­tas sa­ber pa­ra que te fa­ci­li­ten el ca­mino: dar­te cuen­ta de que tu es­pa­cio in­te­rior exis­te, te­ner la cer­te­za de que te tie­nes a ti mis­ma, res­pon­sa­bi­li­zar­te de tu vi­da y, des­pués, crear la úni­ca reali­dad que tú deseas. En de­fi­ni­ti­va, ha­cer la paz en tu pro­pia ca­sa.

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