CÓ­MO ME­DI­TAR

AR - - BIENESTAR -

Pe­rio­dis­ta, es­cri­tor y pro­fe­sor, es­te ar­gen­tino re­si­den­te en Bar­ce­lo­na, es­pe­cia­li­za­do en la cul­tu­ra in­dia, cree en la me­di­ta­ción co­mo vía pa­ra po­ner la men­te en si­len­cio y per­ci­bir así nues­tro ver­da­de­ro ser, “que nun­ca fa­lla, por­que es al­go di­cho­so y siem­pre es­tá ahí”, ex­pli­ca. El pri­mer pa­so pa­ra lle­gar ahí es de­jar la men­te en blan­co y “acer­car­te a esa paz que exis­te tras el vai­vén de pen­sa­mien­tos”. Al prin­ci­pio, bas­ta con exi­gir te es­tar con­cen­tra­da du­ran­te uno o dos mi­nu­tos sin dis­trac­cio­nes. Res­pi­ra­ción. Es al­go que siem­pre es­tá con no­so­tros, así que, si tu ca­be­za vue­la, haz que vuel­va con el so­ni­do de tu ex­ha­la­ción. Una ve­la. Fi­ja tu mi­ra­da en ella y cie­rra los ojos. Si te des­pis­tas, ábre­los y vuel­ve a mi­rar la ve­la. Se tra­ta de bus­car al­go ex­terno que te lle­ve a lo in­terno. Vi­sua­li­za­ción. Unas flo­res, un atar­de­cer... Ima­gi­na al­go que te ins­pi­re y po­si­ció­na­lo en el cen­tro de tu pe­cho o el en­tre­ce­jo. Fun­cio­na. hi­jo­de­ve­cino.net

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