HOLLY­WOOD y sus mi­se­rias

Son mu­chas las lá­gri­mas que han he­cho des­te­ñir la ru­ti­lan­te al­fom­bra ro­ja de la me­ca del ci­ne. La pre­sión por man­te­ner­se en el rán­king de las más sexys y lu­char con­tra la do­ble mo­ral de la in­dus­tria se ha lle­va­do por de­lan­te mu­chas ca­rre­ras.

AR - - PERSONAJES - Tex­to: ANA­BEL VÁZ­QUEZ

Los sue­ños se trans­for­man a ve­ces en pe­sa­di­llas. Y Holly­wood, esa bien o mal lla­ma­da ‘fá­bri­ca de sue­ños’, lo sa­be. Par­te de su gran­de­za con­sis­te en que las re­co­no­ce; has­ta in­ten­ta, en una cu­rio­sa pi­rue­ta, con­ver­tir­se en la pro­pia te­ra­peu­ta de sus es­tre­llas. Por eso exis­te un gé­ne­ro ci­ne­ma­to­grá­fi­co en el que Holly­wood se mi­ra a sí mis­ma y des­ve­la su la­do más os­cu­ro. El pú­bli­co, es de­cir, to­dos no­so­tros, sien­te una es­pe­cial em­pa­tía cuan­do ve­mos en la pan­ta­lla di­vas en ho­ras ba­jas o des­cen­sos a los in­fier­nos. Re­co­no­ce­mos su la­do más hu­mano y, du­ran­te unas ho­ras, sen­ti­mos que nues­tras vi­das son me­jo­res de lo que cree­mos, que qui­zás no sea ne­ce­sa­rio sa­lir de com­pras por Ro­deo Dri­ve ro­dea­dos de guar­daes­pal­das ni te­ner una ca­sa de ai­re neo­co­lo­nial jun­to al mar con sa­la de pro­yec­cio­nes, pis­ci­nas y un ser­vi­cio del que ni co­no­ce­mos el nom­bre.

Es­te gé­ne­ro de ci­ne, que abar­ca pe­lí­cu­las que van des­de el clá­si­co (Billy Wil­der, 1960) a (So­fía Cop­po­la, 2013), nun­ca de­cae: siem­pre sur­ge un di­rec­tor in­tere­sa­do en es­car­bar la cruz de la ca­ra. El úl­ti­mo fue Da­vid Cro­nen­berg con su y es­te ve­rano se es­tre­na en EE.UU. un do­cu­men­tal so­bre la pe­dofi­lia y su re­la­ción con Holly­wood. De nue­vo, el es­cán­da­lo se sir­ve ca­lien­te a los más ávi­dos con­su­mi­do­res de mor­bo.

El cre­púscu­lo de los dio­ses The Bling Ring Maps to the Stars,

An Open Se­cret,

Mi­les de eu­ros al día

¿Cuá­les son esas som­bras tan bus­ca­das por el es­pec­ta­dor? ¿Exis­ten unas mi­se­rias es­pe­cí­fi­cas de Holly­wood o to­dos so­mos igua­les? Ma­las (o bue­nas no­ti­cias): no, no so­mos igua­les. La ti­po­lo­gía de mi­se­rias del mun­do del ci­ne de más al­to ni­vel tie­ne que ver con su ca­pa­ci­dad

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