Una dé­ca­da lu­chan­do con­tra la tra­ta

La ci­neas­ta re­gre­sa con un nue­vo pro­yec­to con­tra la tra­ta de mu­je­res y ni­ñas:‘Chi­cas nue­vas 24 ho­ras’, mu­cho más que un es­plén­di­do do­cu­men­tal.

AR - - CINE - Ma­bel Lo­zano

AMa­bel Lo­zano la re­cor­da­mos de sus tiem­pos co­mo pre­sen­ta­do­ra y ac­triz, pe­ro ha­ce más de diez años que es­ta mu­jer va­lien­te de­ci­dió po­ner­se tras la cá­ma­ra pa­ra con­tar­nos his­to­rias so­bre mu­je­res. Nos ha­bló del cán­cer de ma­ma en Y to­da­vía hay tiem­po pa­ra ver­be­nas, de la ma­ter­ni­dad en Ma­dre, de la dis­ca­pa­ci­dad en La teo­ría del es­pi­ra­lis­mo, un do­cu­men­tal so­bre de­por­tis­tas pa­ra­lím­pi­cas... Pe­ro, sin du­da al­gu­na, don­de de ver­dad la ci­neas­ta de To­le­do es to­do un re­fe­ren­te y, an­te to­do, una ac­ti­vis­ta y una gran ba­ta­lla­do­ra, es en la lu­cha con­tra la tra­ta de mu­je­res y ni­ñas, ám­bi­to en el que ha si­do reconocida con la Cruz al Mé­ri­to de la Po­li­cía Na­cio­nal y galardonada con mu­chos pre­mios. El úl­ti­mo es­te año: el Avan­za­do­ras de Ox­fam In­ter­mon.

En an­te­rio­res do­cu­men­ta­les so­bre la tra­ta cen­tra­bas el fo­co en las víc­ti­mas (Voces) y en los clien­tes (Es­cú­cha­me). Y ¿en Chi­cas nue­vas 24 ho­ras...? El do­cu­men­tal es­ta vez tie­ne el fo­co pues­to en la tra­ta co­mo el ter­cer ne­go­cio ilí­ci­to que más di­ne­ro ge­ne­ra en el mun­do, tras el nar­co­trá­fi­co y el trá­fi­co de ar­mas. Un ne­go­cio muy lu­cra­ti­vo en el que to­dos sa­can ta­ja­da de una co­sa: el cuer­po de la mu­jer y la ni­ña.

Ima­gino que no es fá­cil acer­car­se a es­tas mu­je­res y que cuen­ten su his­to­ria... Así es, y lo­grar­lo tie­ne mu­cho que ver con mis diez años de tra­yec­to­ria, en los que ja­más he he­cho por­no­gra­fía de su su­fri­mien­to. Son mu­je­res des­nu­das de de­re­chos en un mun­do muy es­tig­ma­ti­za­do en el que ni si­quie­ra en su entorno más cer­cano pue­den de­cir que han si­do víc­ti­mas de la tra­ta, por­que se­rían re­cha­za­das. Es el ca­so de Yandy, una ni­ña de 15 años es­ca­pa­da de una zo­na de pros­ti­ba­res que de­sea vol­ver con su ma­dre, pe­ro a la que su fa­mi­lia ya no quie­re. Hay muy po­cos que ven de­trás de es­to una vio­la­ción de los de­re­chos hu­ma­nos.

¿Re­cuer­das la pri­me­ra vez que ha­blas­te con una víc­ti­ma de la tra­ta? Sí. Era ru­sa y se lla­ma­ba Iri­na y, ¿sa­bes?, an­te mí te­nía a una mu­jer co­mo yo, con los mis­mos de­seos que yo te­nía pa­ra mis hi­jos. La di­fe­ren­cia es que ella ha­bía na­ci­do en un lu­gar don­de nun­ca tu­vo una po­si­bi­li­dad. ¿Có­mo po­de­mos po­ner­le freno? En­du­re­cien­do las le­yes, sen­si­bi­li­zan­do al clien­te y con­tán­do­le la his­to­ria que hay tras es­tas mu­je­res, por­que es en paí­ses co­mo Es­pa­ña don­de son ex­plo­ta­das y don­de se de­man­dan ni­ñas. Y tam­bién dan­do a las mu­je­res una opor­tu­ni­dad en sus paí­ses de ori­gen... por­que allí la de­sigual­dad es enor­me: de­trás de un cam­pe­sino po­bre hay una cam­pe­si­na in­fi­ni­ta­men­te más po­bre. Es la fe­mi­ni­za­ción de la po­bre­za y eso, y la ju­ven­tud, las ha­ce más vul­ne­ra­bles. Más en pro­yec­to­chi­cas­nue­vas24ho­ras.com

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