El Ti­ta­nic atra­ca en Ma­drid

Re­co­rre un pa­si­llo de pri­me­ra cla­se, to­ca una pla­ca de hie­lo, sien­te có­mo fue vi­vir por unos días a bor­do del lu­jo­so trasatlántico.

AR - - CINE -

Des­de que Ja­mes Ca­me­ron ro­dó Ti­ta­nic es im­po­si­ble pen­sar en es­te lu­jo­so bar­co sin re­cor­dar aque­llos días fe­li­ces en los que vi­vie­ron su amor Jack (Leo­nar­do DiCa­prio) y Ro­se (Ka­te Wins­let). Una his­to­ria que, por cier­to, le fue ins­pi­ra­da por una de las jo­yas que po­drás ver en la ex­po­si­ción Ti­ta­nic. The Ex­hi­bi­tion, y a la que el ci­neas­ta lla­mó ‘Co­ra­zón del mar’.

La ver­dad es que re­co­rrer es­ta mues­tra con la au­dio­guía es­pe­cial, que in­clu­ye tes­ti­mo­nios ori­gi­na­les de pa­sa­je­ros, te ha­ce sen­tir una ex­tra­ña emo­ción que mez­cla lo ma­ra­vi­llo­so que de­bió de ser po­der em­bar­car­se en tan des­lum­bran­te via­je inau­gu­ral en 1912 y la tris­te­za por la tra­ge­dia que acon­te­ció a los cua­tro días de tra­ve­sía. Con to­do, re­sul­ta una ex­pe­rien­cia en­ri­que­ce­do­ra po­der re­co­rrer re­crea­cio­nes de los in­te­rio­res del bu­que, co­mo un pa­si­llo de pri­me­ra cla­se o un ca­ma­ro­te de ter­ce­ra. In­clu­so se­rá po­si­ble to­car una pla­ca de hie­lo.

Ade­más, la ex­po­si­ción, de 1.500 me­tros cua­dra­dos, ex­hi­be ob­je­tos ori­gi­na­les co­mo los re­lo­jes pa­ra­dos en la ho­ra exac­ta del hundimiento, las car­tas es­cri­tas por Wi­lliam Mur­doch, el oficial al man­do la no­che que co­li­sio­na­ron con el ice­berg, y el fa­mo­so ani­llo de bo­da de Ger­da Lin­del, aquel que que­dó en la mano de un pa­sa­je­ro que tra­tó de sal­var­la.

Des­de fi­na­les de sep­tiem­bre has­ta mar­zo en el Fer­nán Gó­mez Cen­tro Cul­tu­ral de la Vi­lla (Ma­drid).

Re­crea­ción de uno de los in­te­rio­res del bar­co.

Ob­je­tos reales de los pa­sa­je­ros.

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