VER­SIÓN CA­NA­LLA

Su pri­me­ra pe­lí­cu­la jun­tos,‘La no­via’, ha si­do el pre­lu­dio de la bo­ni­ta amis­tad que los une. Se be­ben el día a día, tie­nen ma­de­ra de ga­na­do­res y son irre­sis­ti­ble­men­te sen­si­bles. Im­po­si­ble no de­jar­se con­quis­tar por es­te par de vi­vi­do­res.

AR - - PERSONAJES - Tex­to: AMA­YA LA­CA­RRA Fo­tos: JUAN JOSÉ MO­LI­NA

Asier, en­vuel­to en va­rias ca­mi­sas pa­ra dar con la que más le gus­te pa­ra rea­li­zar es­ta se­sión de fo­tos, ve apa­re­cer a su ami­go mien­tras sube por las es­ca­le­ras, y lo de­ja to­do: se aba­lan­zan el uno so­bre el otro, se fun­den en un abrazo, no pa­ran de reír­se, lan­zan ala­ban­zas a nues­tra re­vis­ta por ha­ber­los jun­ta­do en una ma­ña­na de tra­ba­jo, y sus con­ti­nuas con­fi­den­cias al oí­do de­jan cla­ro que aquí, efec­ti­va­men­te, hay amis­tad. Se te­nían ga­nas. Con­si­de­ra­do por mu­chos co­mo el me­jor que hay ac­tual­men­te en nues­tro país, Asier Et­xean­dia com­par­te pe­lí­cu­la una adap­ta­ción de de Fe­de­ri­co Gar­cía Lor­ca) con Álex Gar­cía, uno de los ac­to­res que más fuer­te vie­nen pi­san­do en los úl­ti­mos años en los es­ce­na­rios es­pa­ño­les. Des­pués de ter­mi­nar la se­sión y de con­ta­giar­nos con la ener­gía (ca­si in­sul­tan­te) que ema­nan des­de las diez de la ma­ña­na, me sien­to fren­te a ellos, pi­do que nos sa­quen unas cer­ve­zas y una tor­ti­lla de pa­ta­tas pa­ra ali­men­tar eso tan na­tu­ral y má­gi­co que me ha gus­ta­do ver en­tre ellos. Cual in­tru­sa, in­ten­to co­lar­me en ese re­duc­to, dis­pues­ta a es­cu­char to­das ‘sus’ ver­da­des. Adiós pa­pe­les y guio­nes: lo de hoy es una con­ver­sa­ción re­la­ja­da.

Con­tad­me de­ta­lles. ¿Có­mo y dón­de os co­no­cis­teis?

Pues no lo re­cuer­do muy bien. Te­nía­mos mu­chos ami­gos en co­mún. ¡Álex! ¡Áaa­lex! [ex­cla­ma re­cla­man­do la aten­ción de su ami­go, que jus­to es­ta­ba con el fo­tó­gra­fo]. ¿Dón­de nos co­no­ci­mos tú y yo? ¡De fiesta! Ah, sí. [Asier vuel­ve a la con­ver­sa­ción mien­tras ríe sin pa­rar] Pues eso, creo que en un bar, ha­cien­do el mal, se­gu­ro.

[Ya de vuel­ta]. Ha­bía­mos coin­ci­di­do bas­tan­tes ve­ces y siem­pre con muy bue­na on­da. Ha ha­bi­do mu­cha co­ne­xión. Yo creo que nos co­nec­ta la lo­cu­ra.

Es­to va a du­rar. La pri­me­ra im­pre­sión al ve­ros se acer­ca a la de dos chi­cos ‘ma­lo­tes’. Tam­bién sois vi­vi­do­res con­fe­sos. ¿Las re­glas es­tán pa­ra sal­tár­se­las? ¿Sois unos re­bel­des an­te lo es­ta­ble­ci­do?

Cla­ro, y tú tam­bién, su­pon­go [ri­sas]. Yo, de he­cho, ten­go adic­ción a lo con­tra­rio. To­do lo que sea rom­per con lo que de­be­ría ocu­rrir me ha­ce sen­tir mu­cho más vi­vo y me co­nec­ta mu­cho más que lo que te­ne­mos que ha­cer.

Por su­pues­to que soy un re­bel­de. Las nor­mas so­lo es­tán

show­man (La no­via,

Bo­das de san­gre,

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