Eu­ge­nia Sil­va

La mo­de­lo, de 39, años nos da todos los de­ta­lles de su nue­va vi­da.

AR - - SUMARIO - Tex­to: TE­RE­SA OLA­ZÁ­BAL Y ES­PE­RAN­ZA JIMÉNEZ

POR­TA­DA

La vi­da de Eu­ge­nia Sil­va ha ex­pe­ri­men­ta­do en los úl­ti­mos tiem­pos un gi­ro ra­di­cal. El fre­na­zo ha si­do no­ta­ble: ha pa­sa­do de co­ti­za­da mo­de­lo in­ter­na­cio­nal a ma­dre de fa­mi­lia y em­pre­sa­ria de éxi­to. Tie­ne su pro­pio blog, una pá­gi­na web de venta de mo­da y com­ple­men­tos (eusty­le.com), es ima­gen de la fra­gan­cia

de Adolfo Do­mín­guez (quien cum­ple tam­bién dos dé­ca­das en el uni­ver­so de los per­fu­mes) y es­tá vin­cu­la­da a los úl­ti­mos pro­yec­tos de los ho­te­les NH Co­llec­tion: “Son mar­cas con unos va­lo­res y una ima­gen de Es­pa­ña que a mí me gus­ta, por­que soy bas­tan­te ex­qui­si­ta pa­ra de­ci­dir dón­de pongo mi ca­ra”, pun­tua­li­za.

Y es que Eu­ge­nia vi­ve una eta­pa de ple­ni­tud pro­fe­sio­nal y per­so­nal. En 2013 vol­vió con un an­ti­guo amor, Alfonso de Bor­bón, con el que tie­ne un hi­jo, Alfonso Leó­ni­das, que en abril cum­pli­rá dos años. Es­tán es­ta­ble­ci­dos en Ma­drid y tie­nen su re­fu­gio en For­men­te­ra, don­de pasan los ve­ra­nos. Una vi­da in­ten­sa pe­ro más se­re­na des­pués de mu­chos años des­flan­do por las me­jo­res pa­sa­re­las del mundo. Pe­se a ello, Eu­ge­nia nun­ca ha ol­vi­da­do su ori­gen, su in­fan­cia, “los via­jes a la fnca fa­mi­liar de Ex­tre­ma­du­ra, la ca­sa de cam­po con chi­me­nea, el aro­ma de mi ma­dre al per­fu­mar­se cuan­do sa­lía a ce­nar... El otro día un tío mío me de­cía que ha­bía una par­te de la fa­mi­lia que nos que­dá­ba­mos en el re­cuer­do de otros tiem­pos, que nos gus­ta­ba re­crear­nos en ellos, y es así”, co­mien­za di­cien­do la mo­de­lo.

¿Eres una per­so­na nos­tál­gi­ca?

Sí, pe­ro no por­que pien­se que aque­llos eran tiem­pos me­jo­res: eran dis­tin­tos. Pe­ro sí me pa­so mu­cho tiem­po pen­san­do en los mo­men­tos que vi­vía en­ton­ces.

Di­cen que eso te im­pi­de vi­vir con ple­ni­tud el pre­sen­te.

Creo que no es mi ca­so. Al re­vés, lo en­tre­mez­clas y es una for­ma de en­con­trar­le sen­ti­do al pre­sen­te.

¿A qué hue­le tu ca­sa?

A des­or­den, a ju­gue­tes ti­ra­dos por el sue­lo, a ám­bar cuan­do pongo ve­las, a biz­co­cho re­cién hor­nea­do...

¿Co­ci­nas tú?

Sí. Los biz­co­chos son una de las tres co­sas que sé ha­cer, jun­to con un po­llo al muy ri­co y unos arro­ces que me sa­len muy bue­nos. Co­cino so­lo lo que me gus­ta.

ro­sas,

Agua fres­ca de

“Me gus­ta re­crear­me en los re­cuer­dos del pa­sa­do, pe­ro eso no me im­pi­de vi­vir con to­tal ple­ni­tud el

pre­sen­te”

Foie

curry

Di­me un pla­to de in­vierno que siem­pre te ape­te­ce to­mar.

Una bue­na cre­ma de ca­la­ba­za con pi­pas de ca­la­ba­za y pi­ca­tos­tes.

Y una co­pa

No sue­lo be­ber al­cohol, sal­vo vino, que me gus­ta mu­cho más.

¿Qué re­la­ción man­tie­nes con la bás­cu­la?

Nun­ca he te­ni­do bás­cu­la en ca­sa.

¿Qué ca­pri­cho cu­li­na­rio te per­mi­tes?

y un buen vino. Me en­can­ta el que ha­ce Cris­ti­na Oria, una chi­ca de Ma­drid que tie­ne un ma­ra­vi­llo­so (cris­ti­nao­ria.com).

ca­te­ri­ng

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