“Uno apren­de lo que es amar cuan­do tie­ne un hi­jo”

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Aunque todos le co­no­ce­mos por su fa­ce­ta de can­tan­te, Da­vid Bustamante de­mues­tra siem­pre que pue­de, como así lo ates­ti­gua en sus re­des so­cia­les, que an­tes de na­da es pa­dre y es­po­so. Pa­dre de Da­nie­la que des­de que na­ció, ha­ce sie­te años, le ro­bó el co­ra­zón, y es­po­so de Paula Eche­va­rría, la mu­jer con la que ha con­se­gui­do for­mar un ho­gar en el que se res­pi­ra ale­gría, ca­ri­ño y mu­cho amor. Ha­bla­mos con él en ple­na pro­mo­ción de su nue­vo per­fu­me, su sex­ta fra­gan­cia en cin­co años. Con la na­tu­ra­li­dad que le ca­rac­te­ri­za y le­jos de po­ner úni­ca­men­te su nom­bre, Da­vid se ha im­pli­ca­do de lleno en es­ta nue­va crea­ción: “Que­ría un aro­ma más va­ro­nil, más ma­du­ro, más de no­che, pe­ro que tu­vie­ra al­go di­fe­ren­te que rom­pie­ra con lo que ha­bía”. Crea­do a su ima­gen y se­me­jan­za, es el aro­ma de un Bustamante más adul­to. A pe­sar de que es­tá a pun­to de em­bar­car­se en un nue­vo pro­yec­to pro­fe­sio­nal que le lle­va­rá a Los Án­ge­les y Mé­xi­co, es pre­ci­sa­men­te de su fa­ce­ta me­nos co­no­ci­da, la de pa­dre, la que hoy po­ne al des­cu­bier­to.

Aho­ra vas a via­jar fue­ra de Es­pa­ña pa­ra gra­bar tu pró­xi­mo dis­co. ¿Tu fa­mi­lia va con­ti­go?

No, por­que Da­nie­la tie­ne que ir al co­le­gio y Paula em­pie­za a ro­dar. De to­das for­mas, ha­ce sie­te años de­ci­dí no via­jar tan­to y no for­ta­le­cer mi ca­rre­ra en el ex­tran­je­ro, por­que no que­ría per­der­me mo­men­tos de mi hi­ja. Soy un ar­tis­ta in­ter­na­cio­nal, pe­ro pa­sar cua­tro me­ses ale­ja­do de Da­nie­la en sus pri­me­ros años me pa­re­cía ex­ce­si­va­men­te du­ro. Me acuer­do de un dis­co que me fui a gra­bar fue­ra y de­jé a mi ni­ña ga­tean­do... y cuan­do vol­ví me es­pe­ró de pie. Eso me ma­tó. Mi prio­ri­dad es mi ho­gar y si eso no es­tá bien no soy ca­paz de em­pren­der nin­gún pro­yec­to. Aho­ra me no­to fuer­te pa­ra ir unos días y mi mu­jer y mi hi­ja me ani­man a que va­ya a Los Án­ge­les a gra­bar. En un fu­tu­ro, qui­zá sea po­si­ti­vo es­ta­ble­cer­nos en EE.UU. y que Da­nie­la es­tu­die en un co­le­gio de allí,…

Por lo que cuen­tas, veo que eres un pa­dre com­pro­me­ti­do…

Por su­pues­to. Da­nie­la es lo más gran­de y lo más bo­ni­to de mi vi­da. Yo no he si­do pa­dre por­que sí, lo soy por­que me gus­ta vi­vir­la, dis­fru­tar­la ca­da día y, a ve­ces, su­frir­la, como cuan­do tie­nes que co­rre­gir­la o ayu­dar­la. Ade­más, pue­do apro­ve­char que mi tra­ba­jo tam­bién me per­mi­te te­ner tiem­po li­bre pa­ra po­der dis­fru­tar de ella y en­se­ñar­le mu­chas co­sas.

¿Có­mo or­ga­ni­záis el día a día?

Esen­cia in Black,

¡Ben­di­tos abue­los! Des­de aquí quie­ro ho­me­na­jear­los, que aho­ra en las puer­tas de los co­le­gios hay

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