La chi­ca de los Go­ya

Con dos es­ta­tui­llas ador­nan­do ya su cor­ta ca­rre­ra, Na­ta­lia se ha con­ver­ti­do en la ac­triz de mo­da.

AR - - CINE -

Ha­ce dos años, una jo­ven jie­nen­se re­co­gía el Go­ya a me­jor ac­triz re­ve­la­ción por su pa­pel en Vi­vir es fá­cil con los ojos ce­rra­dos. En­ton­ces le hablaron de la mal­di­ción –di­cen que a mu­chos de los ga­lar­do­na­dos les cues­ta des­pués unos años le­van­tar ca­be­za, pe­ro ella no te­nía mie­do: sa­bía que en su pro­fe­sión hoy es­tás arri­ba y ma­ña­na no se sa­be, y si­guió tra­ba­jan­do. Se di­vir­tió jun­to a su her­ma­na Ce­lia en la alo­ca­da Có­mo so­bre­vi­vir a una des­pe­di­da, fil­me en el que su ma­dre ha­ce un cameo, y des­pués vol­vió a sor­pren­der­nos con Te­cho y co­mi­da, don­de es una ma­dre sol­te­ra, sin tra­ba­jo y desahu­cia­da en un pa­pe­lón que ha tras­cen­di­do fron­te­ras. De he­cho, The Holly­wood Re­por­ter di­jo que era “po­si­ble­men­te, la me­jor ac­tua­ción del año”. Lo mis­mo de­bie­ron de pen­sar en la Aca­de­mia de los Go­ya al pre­miar­la como la me­jor ac­triz de 2015, por de­lan­te de la fa­vo­ri­ta, In­ma Cues­ta, y de las os­ca­ri­za­das Pe­né­lo­pe Cruz y Ju­liet­te Bi­no­che.

Aho­ra, el se­gun­do Go­ya des­can­sa en ca­sa de su ma­dre, quien siem­pre la ha ani­ma­do a per­se­guir sus sue­ños. Mien­tras Na­ta­lia, tí­mi­da y ob­ser­va­do­ra, si­gue su ca­rre­ra. Es­te mes la ve­re­mos en Ki­ki, el amor se ha­ce.

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