Mi pues­ta a pun­to

AR - - EDITORIAL -

Nos que­dan como mu­cho un par de me­ses pa­ra el im­pac­tan­te mo­men­to de en­fren­tar­nos con los es­tra­gos del in­vierno, y un año más com­pro­bar que no he­mos cum­pli­do nin­guno de los bue­nos pro­pó­si­tos del año nue­vo. Die­ta sa­na, vi­da ac­ti­va, gim­na­sio... Las de vo­lun­tad fé­rrea lo han lle­va­do al pie de la le­tra, y otras, en­tre las que me en­cuen­tro, lo han in­ten­ta­do.

Es­te año he cam­bia­do de dé­ca­da y por pri­me­ra vez me he so­bre­sal­ta­do. Es ver­dad que mi tar­día ma­ter­ni­dad me hi­zo sen­tir como una vein­tea­ñe­ra, y por pri­me­ra vez he mi­ra­do mi car­net, des­pués al es­pe­jo, y al­go no me ha cua­dra­do. No pue­de ser: el DNI de­be de es­tar equi­vo­ca­do por­que, sin­ce­ra­men­te, ni por ca­rác­ter, ni por ac­ti­vi­dad, ilu­sión, vi­da o fí­si­co creo que apa­ren­to lo que di­ce. Tam­bién es ver­dad que a to­dos nos de­be pa­sar lo mis­mo, así que me he pues­to ma­nos a la obra.

Creo que a par­tir de los cin­cuen­ta es im­por­tan­tí­si­mo in­ten­tar no aban­do­nar­se por­que es mu­cho más di­fí­cil re­cu­pe­rar la piel, las for­mas y la gra­ve­dad. El tiem­po y las hor­mo­nas ha­cen que, si no se es­tá aler­ta, de re­pen­te, un día em­pie­ces a pre­gun­tar­te dón­de es­tá tu cin­tu­ra, por qué au­men­ta tu ta­lla de su­je­ta­dor o qué es eso que te sa­le por ahí de­trás, en­ci­ma del va­que­ro. Sí, se lla­man ‘mi­che­li­nes’ y se ins­ta­lan en tu es­pal­da si­gi­lo­sa­men­te.

Ya no va­le de­jar­lo pa­ra ma­ña­na, por­que como te man­ten­gas en es­tos años se­rá como es­ta­rás siem­pre: más ma­yor, pe­ro tú. Si te de­jas lle­var, un día no te re­co­no­ce­rás y a lo me­jor es de­ma­sia­do tar­de.

El día de mi cum­plea­ños de­ci­dí qui­tar­me de en­ci­ma los sie­te ki­li­tos que uno a uno y sin que apa­ren­te­men­te se me no­ta­ra de­ma­sia­do ha­bía ido acu­mu­lan­do. Se ha­bían he­cho fuer­tes en lu­ga­res que no eran los ha­bi­tua­les. Em­pe­cé a sen­tir­me más in­có­mo­da con la ro­pa y a po­ner al­gu­nas pren­das al fon­do del ar­ma­rio: va­mos, que no me abro­cha­ban. Lue­go pa­sé a com­prar una ta­lla más... pe­ro no era cues­tión de ta­lla, sino que sen­tía que mi cuer­po em­pe­za­ba a ser di­fe­ren­te.

Lo me­jor que he he­cho es vi­si­tar a una doc­to­ra es­pe­cia­lis­ta en nu­tri­ción, y em­pe­zar a to­mar co­lá­geno y ome­ga 3. Y no de vez en cuan­do, sino se­ria­men­te. Y yo, que siem­pre me he cui­da­do la ca­ra y he si­do muy cons­tan­te con mis cre­mas y tra­ta­mien­tos, aho­ra lo soy mu­cho más: in­ten­to vi­si­tar a mis mé­di­cos y a la es­te­ti­cis­ta con más fre­cuen­cia, pe­ro con me­su­ra, y lo que es más im­por­tan­te, in­ten­to se­guir sus con­se­jos. Ade­más, ca­mino to­dos

“Lo me­jor que he he­cho es vi­si­tar a una doc­to­ra es­pe­cia­lis­ta en nu­tri­ción”

los días a pa­so rá­pi­do e in­ten­to ir al gim­na­sio (mi asig­na­tu­ra pen­dien­te, no por gus­to sino por fal­ta de tiem­po). Si te lo plan­teas como una nue­va ru­ti­na, al fi­nal des­cu­bres que no es tan com­pli­ca­do, sino cues­tión de pla­ni­fi­car­se.

No pien­so ser es­cla­va de una die­ta, ni vi­vir ob­se­sio­na­da con una arru­ga o el pa­so del tiem­po. Quie­ro en­ve­je­cer de for­ma sa­na, te­ner una piel lu­mi­no­sa, un cuer­po ágil y to­ni­fi­ca­do, que no es lo mis­mo que delgado. Quie­ro se­guir dis­fru­tan­do de un buen vino y una bue­na me­sa y de los días de pe­re­za y sies­ta. Tam­po­co quie­ro mi­rar­me al es­pe­jo y ver a otra per­so­na, no re­co­no­cer­me, por­que en el afán de con­ser­var eter­na­men­te la ju­ven­tud tu ca­ra ya no es tu­ya, ni tu son­ri­sa, ni tu mi­ra­da.

En de­fi­ni­ti­va: men­te sa­na en un cuer­po sano, y sa­ber asu­mir el pa­so del tiem­po sin que los años te des­tru­yan.

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