Rock stars por un día

AR - - ENTREVISTA -

Gra­bar unas can­cio­nes y des­apa­re­cer: ser roc­ke­ros por un día. Con esa idea co­men­zó a fra­guar­se el gru­po Nancys Ru­bias (dcha.), com­pues­to por Ma­rio (Nancy Anoré­xi­ca), su her­ma­na Mar­ta (Nancy O), Mi­guel Ba­lan­za­te­gui (Nancy Rea­gan) y Juan Pe­dro del Mo­ral (Nancy Travesti). Su­sie Pop, la ver­da­de­ra Nancy Ru­bia, mu­rió en 2008. Tras su pri­mer con­cier­to en la sa­la Mo­roc­co el 30 de mayo de 2004, el sue­ño de ser roc­ke­ros por un día se des­va­ne­ció al ser fi­cha­dos por una dis­co­grá­fi­ca. Hoy, con cua­tro ál­bu­mes gra­ba­dos has­ta la fe­cha, son, se­gún Ma­rio, “el me­jor gru­po del mun­do y la cons­ta­ta­ción de una gran y ver­da­de­ra amis­tad de cua­tro me­jo­res ami­gos”. ca­sa... ¡No ves que re­cor­to to­do lo que pue­do so­bre la gen­te que me gus­ta! Y me apa­sio­nan las bi­blio­te­cas: ¿tú sa­bes la de co­sas que he des­cu­bier­to en ellas? Una bi­blio­te­ca mues­tra mu­cho acer­ca de la per­so­na­li­dad de quien la ha reuni­do [Alaska y él com­par­ten una de 4.000 tí­tu­los], tan­to como su for­ma de ves­tir o su dis­co­te­ca.

Ima­gino que vues­tra co­lec­ción de dis­cos tam­po­co se que­da­rá cor­ta. ¿Có­mo la te­néis or­de­na­da?

Aun­que te­ne­mos más li­bros que dis­cos, aquí la clasificación es sen­ci­lla: por or­den al­fa­bé­ti­co. Y hay de to­do, por­que por ejem­plo a mí me gus­tan des­de los Mötley Crüe a Me­cano, Lui­sa Fer­nan­da o la ver­sión de Eloi­se de

No te voy a pre­gun­tar quién manda en ca­sa, pe­ro sí quién po­ne la mú­si­ca...

Yo. Lo que pa­sa es que como soy muy pe­sa­do y cuan­do me gus­ta un te­ma lo pue­do po­ner cua­ren­ta ve­ces, como ha­cía Andy War­hol, he­mos lle­ga­do a un acuer­do: yo pon­go un te­ma y ella otro. Aun­que es­to es al­go que so­lo ha­ce­mos cuan­do es­ta­mos más re­la­ja­dos en ca­sa, sin pro­mo­cio­nes y tran­qui­los. La ver­dad es que es lo más bo­ni­to, que­dar­te en ca­sa con tu chi­ca, dor­mir­te la sies­ta en el so­fá ta­pa­dos con una man­ta, ver jun­tos una pe­li o una se­rie en la te­le­vi­sión... Al fi­nal, aun­que la gen­te vea tu otra vi­da, en lo esen­cial es como la de los de­más: lo más sen­ci­llo y lo más nor­mal es lo que más nos gus­ta, y es que, en el fon­do, to­dos que­re­mos lo mis­mo: pro­tec­ción, amor, com­pa­ñía y po­co más. Bie­nes­tar.

Edu­ca­ción, res­pe­to y nun­ca ser an­ti­pá­ti­co son par­te de tu pa­sa­por­te. ¿Hay me­jor tar­je­ta de vi­si­ta pa­ra an­dar por el mun­do?

Y ser pun­tual, aun­que eso en­tra den­tro del res­pe­to. La edu­ca­ción y el res­pe­to son bá­si­cos. Con lo de ser sim­pá­ti­co, el pro­ble­ma es que no to­do el mun­do lo con­si­gue. Yo ten­go ami­gos a los que quie­ro mu­chí­si­mo, pe­ro tie­nen un ges­to que ge­ne­ra re­cha­zo. Pa­ra mí, sin em­bar­go, ser an­ti­pá­ti­co su­po­ne un es­fuer­zo. Me gus­ta te­ner siem­pre una son­ri­sa en la bo­ca. Eso sí, si ten­go que po­ner­me bor­de lo ha­go, que no soy Hei­di en las mon­ta­ñas [ri­sas].

The Dam­ned.

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